Columnistas

Actualmente hemos sido testigos, en varios medios de comunicación escritos, de la cantidad de campos pagados que han sido publicados por diversas instituciones, nacionales e internacionales, manifestando su preocupación en torno a la suspensión de proyectos hidroeléctricos y los impactos que esto genera para el país.  En el marco de este tema surge dos aspectos de suma importancia, uno que ha quedado en el olvido y el otro, que ha generado una amplia discusión y polarización en la sociedad guatemalteca. Me refiero al artículo 118 de la Constitución Política de la República y a la Consulta a Pueblos Indígenas de acuerdo a lo establecido en el Convenio 169 de la OIT.

El artículo 118 de la Constitución establece los principios del régimen económico y social del país. Siendo muy claro, entre lo que menciona, que es obligación del Estado orientar la economía nacional para lograr la utilización de los recursos naturales y el potencial humano, para incrementar la riqueza y tratar de lograr el pleno empleo… Dicho artículo parece que ha quedado en el olvido, empezando por el propio Organismo Judicial.

En relación al Convenio 169, es importante destacar que dicho Convenio fue ratificado por Guatemala en el año 1996 y entró en vigencia en el año 1997, con el fin de cambiar la forma de abordar la situación de los Pueblos Indígenas. Dicho instrumento lleva vigente dos décadas en nuestro país, durante las cuales el gobierno ha sido incapaz de tomar la responsabilidad que le corresponde para reglamentarlo y llevarlo a cabo de acuerdo a su espíritu y objetivo. Esto ha provocado que actualmente estemos viviendo en un ambiente de conflictividad e incertidumbre derivado de la existencia de un gran vacío legal, el cual ha permitido que grupos con intereses particulares y que viven de la conflictividad, hagan uso de éste como medio para frenar la inversión en nuestro país.


Recientemente se tuvo en Guatemala la visita de la Doctora Carmen Moreno, Directora de la OIT para Centroamérica, Panamá y Haití, en el marco de un foro internacional de intercambio de experiencias entre Colombia, Perú, Chile y Guatemala respecto a la situación del derecho de Consulta establecido en el Convenio 169. Recordemos que este Convenio fue creado por la OIT, por lo que si alguien sabe de su aplicación es la misma OIT.


Uno de los aspectos más importantes mencionados en este foro fue destacar que la intención del Convenio es ser una herramienta para la resolución de conflictos y reconciliación de distintos intereses, intención que no ha sido respetada en Guatemala. Asimismo, se destacó que la consulta debe ser realizada únicamente a las instituciones representativas de los pueblos indígenas determinadas por los mismos pueblos indígenas, situación que tampoco ha sido respetada, ya que en diversas ocasiones las comunidades aledañas a los proyectos hidroeléctricos han manifestado su apoyo y han indicado que no se sienten representados por quienes se oponen a la inversión. Finalmente, se hizo énfasis en que la consulta no es un plebiscito, ni un referéndum, es decir, la consulta no se trata de un sí o un no a la inversión, sino que es un instrumento de diálogo.

Es necesario que nuestras autoridades tomen la responsabilidad que les corresponde y no olviden lo estipulado en nuestra Constitución, con el fin de aplicar dicho Convenio conforme a su espíritu. Es imperante que las instituciones que tienen bajo su responsabilidad la decisión respecto a los proyectos de inversión comprendan a cabalidad el objeto y finalidad de dicho Convenio, ya que de esto depende la certeza jurídica de nuestro país, lo cual es necesario para logar mayor desarrollo, creando más y mejores oportunidades de empleo, y mejorando la calidad de vida de todos los guatemaltecos.

¿Será que los guatemaltecos estamos aprovechando lo que ha pasado en el mundo durante la última década?, yo tengo mis dudas, definitivamente podemos hacer más…

En nuestro país se ha incrementado la crisis social como consecuencia de la falta de empleo, se han bloqueado pequeñas y medianas empresas, las cuales representarían importantes y además necesarias inversiones productivas para el país. Vemos también la huida de talentos jóvenes en todos los estratos de la sociedad y en prácticamente todo el territorio nacional; jóvenes que ya no encuentran futuro en Guatemala.

 Todo eso sucede, mientras el mundo sigue avanzando. Ahora se habla de la cuarta revolución industrial, de fábricas inteligentes, de la introducción masiva de robots en procesos productivos, y estas son sólo algunas de las pistas que describen un futuro inmediato.

Según el Foro Económico Mundial, la también llamada Revolución 4.0, permitirá agregar US$ 14.2 billones a la economía mundial en los próximos 15 años y cambiará por completo los empleos como hasta ahora los conocimos, afectando a las industrias de todo el planeta. ¿Evolucionamos o permanecemos estáticos ante inminente cambio?

Guatemala corre el riesgo de quedar rezagada en esta nueva revolución como consecuencia de su bajo nivel de digitalización industrial. Para estar en las primeras posiciones de un mercado global, es necesario trabajar en una profunda transformación, especialmente en el sector de servicios.

Ahora hablamos de la digitalización de la sociedad y de una industria que trae grandes retos, pero también genera oportunidades. Los desafíos para las empresas guatemaltecas son enormes, se requiere trabajar en una transformación que genere un impacto transversal provocando un cambio de mentalidad y del modelo de liderazgo, debilidades que ahora mismo nos mantienen rezagados.

En AGEXPORT creemos que podemos generar más y mejores empleos. Hay que pensar en soluciones y no olvidar que las personas podemos seguir manteniendo el control, al fin y al cabo, estas nuevas tecnologías son herramientas, ante todo, hechas por la gente y para la gente, y juntos dar forma a un futuro que funcione para todos.

Para muchos, ser felices se ha convertido en una meta, más que en un camino. La cultura, la educación o la sociedad han implantado valores o creencias en torno a lo que nos hace verdaderamente felices. Para algunos, el dinero y los bienes materiales son fundamentales, mientras que, para otros, la felicidad se relaciona con la estabilidad.

Un estudio, realizado recientemente por la compañía Booking, asegura que viajar es lo que nos hace más felices. El resultado no me sorprende, ya que siempre he insistido en que el turismo aporta herramientas ilimitadas de desarrollo personal. Cuando viajamos, conocemos nuevas culturas, aprendemos de personas diferentes, degustamos sabores exóticos y nos preguntamos quiénes somos y cuál es nuestra verdadera meta en la vida.

Viajar es un placer para mí. Sobre todo, cuando reúno varias veces al año a decenas de personas, de diferentes lugares del mundo, y les muestro lo que ya viví en países y culturas tan distintas como India, México, Honduras, Perú o Israel. También aprovecho los vuelos para leer, meditar o escuchar audiolibros, para seguir aprendiendo. La búsqueda de la excelencia, que no la perfección, también me hace feliz.

El científico Robert Waldinger, de la Universidad de Harvard, analizó a 724 personas, desde 1938 hasta ahora, para comprender los factores que las hacían felices. Waldinger asegura que ni el dinero ni la fama nos garantiza la felicidad. La clave está en las relaciones sociales, basadas en la confianza y el respeto. El materialismo queda abatido por las emociones personales. Y viajar será siempre una poderosa emoción.


Como decía Benjamin Franklin, “la felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días”.


Para alcanzar la felicidad, tan solo debemos buscar la abundancia espiritual; promover la prosperidad en nuestra vida —y en la de los demás— y afianzar las relaciones con las personas de nuestro entorno.

Por: Dr. Virgilio A. Cordón


“El coaching profesional posee metodologías específicas de trabajo para cada una de las necesidades de la organización, ya que entiende que cada una es diferente”.

Cuando empecé a trabajar el Business Coaching en el año 2009, muy poca gente conocía el concepto y casi nadie lo entendía.   A pesar de ser el segmento de servicios profesionales con más alto crecimiento en países más desarrollados, casi diez años después pareciera que aún es difícil de entender sus beneficios.   Usualmente la primer reunión de trabajo la dedico a explicarles que “no se trata de motivación y mucho menos de terapia para los colaboradores”… o bien “que no se trata solamente de hacer una consultoría y dejar un archivo con recomendaciones para su empresa”.  El Business Coaching  es mucho más que eso.


Es importante  que el lector entienda la diferencia entre Business Coach y el Consultor.  El consultor da respuesta a los retos que la empresa está enfrentando en un área específica, mientras que el Business Coach tienen una visión integral y en lugar de dar respuestas, ayudan a sus clientes  con herramientas efectivas que les permite que ellos mismos puedan encontrar las mejores soluciones para desarrollar su organización, ya que consideran que el experto en el negocio son ellos mismos y entienden que “cada negocio es diferente” y cada una tiene una solución diferente.


“El primer paso de un proceso de Coaching es realizar un diagnóstico.  Hacer una propuesta sin entender el problema… es  poco profesional”.

Recientemente fue realizado un estudio para evaluar el valor real del Business Coaching a dueños de 305 empresas  medianas y pequeñas, hecho por The Alternative Board (TAB) en USA, Canadá, Inglaterra, Nueva Zelandia e Irlanda.

Perfil de los entrevistados:

80% han utilizado los servicios de business coaching y tienen por lo menos 8 años de tener su negocio.  La mitad de los entrevistados reportan utilidades de US$ 1MM o más.

Principales resultados:

  • Los dueños de empresas cuando buscan consejo lo hacen primero con una persona que tiene un negocio similar (31%) y luego a un Coach (24%)
  • El 71% de los que han utilizado los servicios de Business Coaching reportan un ROI de 7 o más alto.
  • El principal uso que han hecho del coaching es en planeación estratégica (31%), procesos de sucesión y cambio (17%),  productividad y rentabilidad (15%), marketing (14%) y liderazgo (11%).
  • Los segmentos que utilizan más los servicios de Coaching son: Industria, Servicios profesionales y Construcción.
  • Los principales factores que evalúan al contratar a un coach fueron: Estilo de coaching y filosofía 35%, experiencia demostrada (27%), carácter e integridad (25%).
  • Los principales beneficios recibidos fueron: a) Seguimiento  31% (tengo  a alguien que me ayuda a hacer que las cosas pasen), b) Utilidades  30% (genero ganancias ya sea aumentando ingresos o reduciendo costos), y c) Acompañamiento 26% (tengo a alguien que me ayuda a debatir ideas y desarrollar nuevas perspectivas.

Así pues, cuando piense en contratar Business Coaching considere que es  más que cursos, conferencias motivacionales o diagnóstico de los colaboradores.  Es un método sistémico e integral que bien desarrollado puede hacer crecer sustancialmente a su organización.  Éxitos.

Demos paso a lo nuevo, para salir de lo tradicional. Los seres humanos por naturaleza, dentro del proceso de socialización, somos propensos a asignarle un nombre a las cosas, personas, fenómenos, en fin, a todo aquello con lo que interactuamos.

Pero cuando ese algo ya forma parte de nuestra vida, de nuestra imagen mental, le asignamos un “nombre” que responda a la forma cómo entendemos el mundo y nos desenvolvemos en él.

He aquí la importancia de pensar un buen nombre para nuestra empresa, iniciativa, proyecto, producto o servicio que represente algo importante para la vida de las personas a las que va dirigido nuestro accionar corporativo.

Por lo regular elegimos el nombre que más nos gusta, el que se oye más bonito, sin pensar en las ideas con las que lo asocian las personas que lo escuchan, siendo este la carta de presentación, la marca, la idea del producto o servicio a posicionar.


En imagen pública, y específicamente en imagen corporativa, el nombre de la empresa, producto o servicio se entiende como el estímulo principal que provocará la asociación de emociones o sentimientos, mismas que serán las responsables de permitir el acceso a la satisfacción de intereses, necesidades y deseos.


Así como muchos de nuestros nombres son producto de un cantante, músico, un líder, un abuelo, etc., así también la mente de las personas o los clientes, al escuchar un nombre,  procederá inmediatamente a recordar las ideas, emociones o evocaciones con las que asocie la marca o nombre escuchado o visto.

Y precisamente de ese recuerdo dependerá, si el mismo es positivo o negativo, la reacción que el cliente tenga hacia el nombre en cuestión.

Pongamos un ejemplo, imagínese que usted está tratando de encontrar un nombre para su producto o servicio vinculado a la industria de lácteos y usted resulta intolerante a la lactosa, todo nombre que lleve el prefijo “lac” será rechazado de inmediato pues su experiencia y su vida actual vinculada a la leche está vedada por su condición médica.

Entonces, si usted quiere ampliar su mercado necesitará de un nombre o marca que disminuya el nivel de rechazo de los intolerantes a la lactosa y que además contenga las letras necesarias para que su producto sea fácilmente asociado a una emoción y experiencia positiva.

Es lógico pensar que en la actualidad la medición de la aprobación del nombre o marca está controlada por las empresas, pero lo que todavía no sucede es la medición de la percepción que tienen los clientes respecto de las marcas, productos o servicios.


Me refiero específicamente a medir si los nombres son de fácil aceptación por el mercado tras haber estudiado la imagen sonora, visual, táctil con la que se asocia la marca, con base en la experiencia con nombres, productos o servicios similares anteriores.


Al final, detrás de un nombre se encuentran recuerdos, emociones, vivencias, éxitos, frustraciones, traumas, alegrías, etc., que la imagen pública invita a conocer pues constituyen la imagen global que se tiene del mundo y que al enfrentarse con ese nuevo nombre solo conducirá a uno de dos caminos: Ya sea a reforzar la negación o rechazo de las personas hacia algo o alguien, o a abrir una nueva ventana de oportunidad para una nueva y mejorada vivencia con un producto, servicio, marca o empresa que ahora sí el cliente acepte para que satisfaga a nivel emocional mis necesidades, deseos y aspiraciones.

De la empresa, empresarios, líderes o directores dependerá si quieren ver esta realidad y se concentren más en ‘qué me representa ese producto o servicio para que lo considere lo suficientemente importante y trascendental como para que forme parte de mi vida’.

De eso se encarga la imagen corporativa.  Es el tiempo de darle la oportunidad a esta nueva disciplina corporativa.

 

La Responsabilidad Social Empresarial (RSE) sin duda alguna es una estrategia de competitividad en el siglo XXI, la cual se basa en crear valor -tanto agregado como compartido-  a los productos y/o servicios que presta, así como genera empatía hacia la imagen de una empresa creando un vínculo más fuerte entre sus clientes, proveedores y colaboradores que resulta en ventajas comparativas y competitivas de cara al mercado.

Toda empresa que se considere exitosa debe de llegar a sus objetivos y metas para generar riqueza para sus accionistas, para sus proveedores y sus colaboradores. Esto es aplicable a todo sector (privado, público y organizaciones sin fines de lucro) y es una máxima inapelable, socialmente responsable y al final, con un fuerte impacto en el desarrollo de una sociedad. La diferencia entre las metas que buscan los diferentes sectores la podemos puntualizar en que la riqueza puede ser social, cultural, material y  en la que al final todos los esfuerzos redundan: la riqueza  económica, que facilita la libertad de poder contar con opciones a la sociedad para satisfacer las mismas necesidades que Maslow definió 75 años atrás, siendo en su orden: las fisiológicas, de seguridad, sociales, de afiliación, de reconocimiento y autorealización.

En el siglo pasado las empresas se enfocaron en el ¿Qué hacemos? Pasando desde Henry Ford y su famosa cita Un cliente puede tener su automóvil del color que desee, siempre y cuando desee que sea negro, hasta la incursión de la mercadotecnia donde con base científica se determina cuáles son las necesidades de los clientes, realizando investigaciones cuantitativas y cualitativas,  adaptando los productos y estrategias con base a la aplicación de las 4 P´s. (Precio, Producto, Plaza y Promoción).

En consecuencia a que legítimamente las empresas buscaron la generación de riqueza a toda costa, algunas antepusieron los intereses económicos a los sociales, buscando estrategias para reducir costos y aumentar sus utilidades aumentando también su participación en un mercado regularmente saturado; por ello olvidaron el ¿Cómo lo hacemos? buscando lagunas legales que permitieran generar utilidades, sin tomar en cuenta aspectos fundamentales tales como el cuidado del Medio Ambiente, Derechos de los Animales, Derechos Humanos de sus colaboradores y de las personas pertenecientes a las comunidades vecinas a su operación entre muchos aspectos más.

Esta situación ha derivado en que algunas industrias hayan caído en ilegalidades, las cuales han sido repudiadas tanto por sus propios consumidores, así como por los Estados y organizaciones en general. Como ejemplos se pueden citar las industrias manufactureras de calzado, poseedoras de  grandes marcas de reconocimiento mundial que han “esclavizado” a menores de edad en sus empresas, a las industrias de bebidas carbonatadas que han sido demandas por el uso irracional del agua, compañías financieras que han falseado sus reportes y han dejado sin patrimonio económico a miles de personas, empresas petroleras y mineras que no han respetado la legislación de los países y han contaminado fuentes de vida humana y silvestre hasta llegar a empresas de comida rápida, que ponen en riesgo a su colaboradores y a personas que se conducen en la calle con el fin que pueda llegar un pedido antes de 30 minutos. Ejemplos así existen miles, sin importar el tamaño ni el giro de negocio de la empresa.

Hazte fama y échate a dormir. No hay que dejar por un lado que existen muchas empresas responsables que brindan desarrollo a su público interno, grupos de interés y un país en general. Muchas de estas empresas tienen un desafío extra, ya que por la “fama” e irresponsabilidad de unos cuantos, la industria entera está satanizada. Hay industrias satanizadas que cuentan con  empresas altamente calificadas en sus estándares de calidad y reputación social, pero navegar con el lastre que otras empresas les han dejado, les hace muy difícil su operación continua. Por ejemplo, empresas que pertenecen al sector extractivo, las cuales específicamente en Latinoamérica han encontrado una fuerte oposición (algunas veces financiada por países que su principal fuente de ingresos, es la misma industria extractiva), al punto que sus propios legisladores han actuado en contra de su existencia, limitando a sus países a tener oportunidades de desarrollo comprobables. Ejemplo de ello podemos ver que  Colombia, El Salvador y Costa Rica han dado pasos en dirección a la prohibición legal de este tipo de industrias.

En el Siglo XXI, cuando las redes sociales convierten a cada persona y consumidor en un reportero, ambientalista, analista político y experto empresarial  en plena acción 24 horas al día, toda empresa debe de saber que el “simple” ¿Qué hacemos? no es suficiente. Se debe ser transparente y responsable en el “¿cómo lo hacemos?”. El mayor riesgo de las redes sociales y su rapidez con alto nivel de penetración es principalmente que cualquier persona puede opinar positiva o negativamente sobre un acontecimiento, dando juicios de valor cuando no siempre (de hecho, generalmente nunca) tiene toda la información y carece de experiencia y por ende propiedad en un tema específico.

Hoy en día, debido a la alta competencia, tanto los clientes como el mejor capital humano (potenciales colaboradores) se vuelven cada vez más exigentes, y lo que buscan ya no es solo el precio y la calidad, sino también, una buena atención, un trato personalizado (La 5ta P de la mercadotecnia del Siglo XXI), un ambiente agradable y sobre todo, un producto con reputación  social y producido bajo estándares de cuidado al Medio Ambiente

La RSE es la herramienta perfecta para que una empresa, sin importar su tamaño y giro de negocio, pueda ser transparente hacia sus stakeholders y competitiva al mismo tiempo. En términos de imagen, una empresa responsable es “sexy” para capital humano, proveedores y por supuesto, para sus clientes. La RSE y sus estrategias facilitan la relación con los grupos de interés y atención a su materialidad, respeta la legislación nacional e internacional, excede los estándares de seguridad en la operación y sobre todo, aporta a la cultura empresarial para que las empresas posean una actitud de respeto a las personas, comunidades y al Medio Ambiente, mientras simultáneamente y de manera consciente y voluntaria contribuyen a crear y mantener un mundo mejor en los diversos órdenes en los que se desempeña, como lo humano, lo social, lo económico y lo ambiental.

Así pues, es un hecho que la realidad actual es que aquellas empresas que trabajen su “¿Cómo lo hacemos?”  integrando adecuadamente la RSE en su estrategia y posteriormente en el nivel operativo, tienen grandes posibilidades de conseguir ventajas competitivas que les facilite un mejor posicionamiento estratégico, un factor clave para el éxito.

La economía digital avanza a pasos a agigantados, pudiéndose no adaptarse a las leyes actuales, pero eso no significa que sean emprendimientos “ilegales”, más bien son de carácter disruptivo que equilibran la competencia per se. Sin embargo, el error de muchas personas y en especial de las instituciones o autoridades, es caer en reflexiones viciadas por la incertidumbre, y del muy famoso término “concesión”. La concesión es un concepto utilizado para ser aplicado en la antigua forma de hacer negocios, empresa privada para ejercer servicios públicos que una institución pública no puede realizar, regular, o ejecutar. No obstante, se les olvida que Uber no es un servicio público y mucho menos un taxi. Guatemala no está en guerra contra Uber, el servicio goza de una gran aceptación en la sociedad, agilizando la movilidad con tan solo tocar un botón desde la comodidad del celular.

.En la coyuntura de este servicio, hacen su aparición visible dos movimientos de taxis, uno liderado por Leonel Natareno, y el otro por César Barrientos, quién este último  entregó una petición al Congreso luego de una manifestación confusa, al diputado Jairo Flores de la bancada UNE para prohibir la aplicación a nivel nacional. En una agitada coyuntura política para el Congreso, en especial para los diputados y el sabor de jarabe de tos que dejó de la Asamblea General de esa bancada, sería para el diputado dispararse al pie tratar en darle viabilidad a la petición de los taxistas, sobre todo cuando es un diputado por el distrito de Guatemala, y la mayoría de la población que utiliza el app para su movilidad es del área metropolitana, debería al menos pensarlo dos veces. Sin embargo, los taxistas por su forma de actuar se sienten empoderados, hacen alarde de “controlar” a la institucionalidad a su favor y lo peor a su antojo a consta de la zozobra y amenazas hacia la autoridad, inclusive al extremo publicar documentos a modo de demostrar superioridad a la autoridad a la que se deben.

Por ahora, este grupo está siendo reformado en su reglamento de taxis interno, y a pesar que tienen más beneficios en su cancha, aún piden la prohibición o que en las reformas de regulación se incluya a las empresas de movilidad colaborativa, por supuesto quieren que sean incluidos en el bolsón de taxis.  Guatemala ha sido golpeada últimamente en este nicho de mercado, la inversión, el país no pinta muy bien, y con prohibir o regular de forma no adecuada estas empresas atenta a la imagen de “doing business” del país, y el coletazo sería aplicado para AIRBNB, NETFLIX y otros servicios que son otorgados a través de un app o página de internet.

A este punto de la reflexión, nadie metería las manos al fuego para ser la persona, institución o autoridad que sea el responsable y señalado de prohibir este tipo de tecnologías, sobre todo cuando está reconocido en la Constitución la libertad de empresa y protección de la tecnología y desarrollo, y además son una atractiva forma de traer desarrollo y empleos al país.  Bienvenidas las empresas disruptivas al país, a pesar que no se cuenta con una Ley de Competencia, que mejor manera de equilibrar el mercado a favor del usuario.

Actualmente muchas personas hablan sobre las nuevas generaciones y sus costumbres “sociales” pero se discute muy poco sobre el gran desafío que tienen las empresas para enamorar a los millennials, los nuevos consumidores que se hicieron adultos con el cambio de milenio.


Es increíble que compañías icónicas como Macy’s, Sears y JC Penney, hayan cerrado en conjunto aproximadamente 350 tiendas durante el año pasado solo en Estados Unidos y que Sears presente pérdidas acumuladas por $8,200 millones, ¿Cómo empresas de ese tamaño caen tan profundo?.


Al mismo tiempo, del otro lado de la moneda se encuentre Amazon, la cual en el Prime Day de 2016 vendió 570,000 productos, luego en el Black Friday 940,000 y en Navidad más de 1,000,000 de productos en tan solo 24 HORAS, casi 12 artículos por segundo, con ventas de 136,000 millones de dólares y un beneficio neto del 297.8% que equivale a $2,371 millones en 2016 (cuatro veces más que en 2015).


Leí un artículo que decía que hoy en día ya no se trata de empresas grandes o pequeñas, se trata de empresas rápidas o lentas y bajo ese argumento me pongo a cuestionar ¿será que ellos no pensaron que las costumbres de compra del consumidor iban a cambiar?, ¿será que no se dieron cuenta que las generaciones venían cambiando?, ¿será que no fueron lo suficientemente rápidos?, ¿será que confiaron que el renombre de su marca iba a ser suficiente?.


Tenemos que estar claros que la tendencia de consumo está cambiando rápidamente. Tenemos que estar listos para entender qué quieren nuestros clientes y cómo quieren que nos comuniquemos con ellos, el cual considero que es un reto enorme y de algo tenemos que estar seguros, ellos tienen nuevas características, costumbres, demandas y necesidades. Yo no soy millennial, pero he desarrollado muchas de las características de esta generación, las reglas del juego me han llevado prácticamente a ser un millennial más, he tenido que manejarme sobre estas nuevas reglas de ser multidispositivo, de no poder vivir sin la tecnología, de tener perfiles en todas las redes sociales, ser crítico y exigente, etc.
La población millennial (nacidos entre 1982-1994) es actualmente el 30% de la población latinoamericana y en el 2025 serán el 75% de la población mundial y en el 2015 inició su década de nivel de gasto más alta, significa que son un mercado enorme.

Criticamos que se mantienen conectados en el celular, en la laptop y en la Tablet (son multidispositivos) entonces, como empresa tenemos que crear contenido y publicidad que se pueda ver de una forma adecuada en todos los dispositivos, aplicaciones y redes sociales que ellos acceden y ese contenido no tiene que ser invasivo.
Sabemos que ahora hay miles de opciones para todo, restaurantes, marcas de vehículos, talleres, centros comerciales y demás. Se nos ha dado tanta oferta que es muy fácil ser desleal, y a la vez ser más críticos y exigentes, así que enfoquémonos en dar una experiencia de compra y que ésta sea el pilar de tu empresa porque, así como pueden criticar también pueden hacer viral una buena experiencia.

Los millennials están comprometidos con el medio ambiente y prefieren empresas que contribuyan a la sociedad, entonces unámonos a la Responsabilidad Social Empresarial y apoyemos el medio ambiente. La tienda de ropa H&M es una empresa que viene reportando un crecimiento constante en los últimos años y entendiendo el cambio generacional presentó una colección de ropa llamada Conscious Exclusive, hecha de seda, algodón orgánico, cáñamo, lino y lona reciclada, en contraparte está Abercrombie&Fitch que cerrará 60 tiendas en Estados Unidos, probablemente por no haber evolucionado.

Empresas están quebrando todos los días en todo el mundo por no entender que el consumidor cambió, y que las reglas para comunicarnos ya no son las mismas y el reto está en entender el perfil de las nuevas generaciones y utilizar esos conocimientos para liderar nuestros negocios.