Guatemala necesita… de ti

Guatemala necesita… de ti

Por: Ninoshka Linde

Se ha vuelto muy común escuchar en una reunión o leer en las redes sociales, quejas y opiniones de personas lamentarse de la situación actual del país, de la falta de esto o de lo otro, de las malas decisiones de los líderes, del gobierno, de las instituciones, del caos que hay y se está generando en la competitividad y la economía, de los altos índices de desempleo, de la violencia y de la incompetencia; de la desaceleración de la inversión extranjera directa y de la inestabilidad que causa la falta de certeza jurídica.


Sin embargo, me parece muy curioso que aquellos que rezan diariamente el rosario de lamentos poco hacen para procurar un cambio, como que, si el repetir la plegaría quejumbrosa fuera a aliviar la situación o cambiarla, y van como ingenuos creyentes de una fe sin acciones esperando que el cambio venga como consecuencia de un milagro. Tal vez alguien más, otro gobierno, la cooperación internacional, nuevos líderes o futuras generaciones puedan hacer algo por nuestro país, clamando que por acción espontánea surjan nuevos héroes que nos salven… ¿MARVEL?


Yo creo que esto es lamentable y realmente NO podemos esperar más. Nada sucederá espontáneamente y, aunque creo en los milagros, considero que el milagro que necesitamos es el de estar conscientes y despertar a la realidad de que solo en nosotros cae la responsabilidad de procurar un cambio para nuestro país, que solo nosotros con acciones concretas podremos ser los héroes que cambien el curso de nuestra nación y el futuro de las próximas generaciones.

Guatemala tiene grandes retos que superar, y podría ser muy difícil priorizar por dónde empezar.  Sin embargo, desde mi punto de vista URGE iniciar con capacitación para el trabajo. Cada año generamos mayor cantidad de desempleados, potenciando la violencia, la pobreza y todas las consecuencias que las acompañan.

Anualmente, graduamos cerca de 180 mil jóvenes de colegios e institutos públicos, de los cuales alrededor de 20 mil tendrán ingreso a una educación superior (únicamente el 7% de la población adulta en nuestro país tiene educación universitaria), además, solamente 20 mil tendrán acceso a un empleo.

Situación que llama a plantear soluciones de capacitación técnica, más corta, más barata y más efectiva, que esté alineada a las necesidades del nuevo milenio, tanto para la demanda local, como para la demanda internacional.  Guatemala no tiene capacidad para absorber toda la mano de obra que se necesita, por lo que debemos enfocarnos en capacitaciones que nos harán más competitivos como país. Debemos de convertirnos en exportadores de mano de obra en la industria de servicios, y a través de este nuevo recurso humano capacitado ser capaces de atraer nueva inversión extranjera directa, que tanta falta nos hace.

Mi propuesta, convertir la educación vocacional en una educación técnica para el trabajo y alinear los proyectos y los fondos que están llegando al país a una agenda nacional de educación. El gran reto es unirnos/ unirlos/ enfocarlos, ya que este capital de inversión para la educación, que podría generar un cambio potencial, se encuentra atomizado, en micro-proyectos, en los que cada entidad plantea su propia agenda y áreas de impacto. Sin que exista una alineación real a la demanda de competencias y tendencias mundiales que se multiplicarían en atracción de capital, desarrollo e innovación.

Si los planes y los fondos no se alinean a un propósito claro y se convierten en parte de una estrategia integrada, dejarán nuevamente al país relegado, potenciado la falta de competitividad y de oportunidades.

Desde mi experiencia les puedo contar los resultados de un programa de capacitación intensiva que inició hace 30 meses, el cual ha formado más de 2500 jóvenes con una alto ratio de empleabilidad (70%).  Hemos transformado vidas al duplicar los ingresos familiares, potenciando su desarrollo individual y profesional, esto sostenido por resultados del estudio de Índice Social realizado del grupo meta.

Increíble pensar que 400 horas de capacitación intensiva puedan transformar la vida de una persona, y la de las generaciones que les preceden. Pero es una realidad de la que soy testigo día a día.

Este programa existe gracias a un grupo de visionarios de los que, en silencio en lugar de quejarse, hacen, apuestan y creen en nuestro país y en nuestra gente.  Empresarios que tras bambalinas se esfuerzan no solo por hacer crecer sus empresas, sino también en impactar socialmente al país.

El objetivo fue crear un modelo de capacitación con impactos cuantificables para que luego fuera convertido en un proyecto país que nos ayudaría a romper la brecha en capacidades, atrayendo inversión y trabajo de calidad a los guatemaltecos. A pesar de los resultados cada día es un reto y no hemos logrado aún que se convierta en un plan país.  Pero seguimos creyendo en que encontraremos la forma para escalarlo y que beneficie a miles de personas de muchas industrias.

Se que lo lograremos porque este programa tiene al frente un grupo de “soldados” que pelean en la batalla para que otros puedan sobrevivir, para que otros puedan tener acceso a sueños, puedan proveer para el hogar, puedan salir de la miseria. Tal vez para muchos esto suene como una exageración, pero desde mi punto de vista no lo es. Algunos en este planeta están peleando guerras por territorios y por poder, con armas.  Pero la nuestra es una guerra que se pelea con el arma de la pasión y la convicción de que podemos tener un mejor mundo y que podemos contribuir uno a uno a transformar nuestra realidad.

Mi ejército, cada día, está luchando la guerra contra la pobreza, contra la falta educación, contra la escasez y contra la falta de oportunidades. Cada persona que, a través de este programa, tiene la oportunidad de acceso a una mejor vida es una persona salvada del desierto de la indiferencia, del dolor de no poder proveer y de la desesperanza de una vida mejor. Cada joven que tiene acceso a alcanzar sus sueños a través de un trabajo digno está siendo transformado y así potenciamos un mejor futuro para él, su familia y para sus próximas generaciones.

Por eso hoy quiero motivarlos a que se unan al cambio, a que peleamos esta buena batalla, a que pongamos lo mejor de nosotros en transformar nuestro país.  Que retomemos la esperanza y accionemos pensando que podemos tener una solución y que nos unamos transformando lo que está alrededor.