José Martí en Guatemala

José Martí en Guatemala

Por: Marco Vinicio Mejía

Hace 123 años murió José Martí, en el combate en Dos Ríos, el 19 de mayo de 1895. Si su vida toda fue una enseñanza, su muerte constituye el magisterio supremo. Quiso enseñar con el ejemplo al ponerse al frente de los insurgentes. Para Armando Hart Dávalos, «su virtud educativa consistía en que no siendo militar, creyó necesario ejemplificar con su conducta». El prócer cubano había dicho: «Hacer es la mejor forma de decir», por lo que la lección más fecunda es «la correspondencia entre lo que se dice y lo que se hace; entre lo que se piensa y se lleva a vías de hecho». Martí empezó a conformar su concepción sobre la identidad americana en Guatemala, donde experimentó lo que Roberto Fernández Retamar llamó «revelación de Nuestra América».


Durante su etapa guatemalteca empezó a utilizar con frecuencia la expresión «Nuestra América», la síntesis entre independencia, identidad y unidad latinoamericanas.


El prócer arribó a nuestro país, después de que el Gobierno de Justo Rufino Barrios reconoció a la República cubana como «libre, soberana e independiente», el 6 de abril de 1875. Esa declaración diplomática propició la llegada de cubanos eminentes como el educador José María Izaguirre, fundador de la Escuela Normal el 19 de febrero de 1875. En ese centro educativo también trabajó el cubano Juan García Purón. Después arribaron el poeta José Joaquín Palma, autor del poema del Himno Nacional, y el pedagogo Hildebrando Martí, quien estableció el Instituto Nacional Central para Varones, el 4 de agosto de 1875. En 1877, se unió José Martí, quien no pudo continuar su estadía en México, debido a la falta de garantías que afrontó tras la crisis político-militar iniciada en noviembre de 1876, que condujo a la caída del presidente Lerdo de Tejada y el inicio del porfirismo.

Guatemala era tierra propicia. La gobernaban sus «hermanos» masones. A esto se agregaron dos relaciones. La primera con el citado José María Izaguirre, nombrado «Comisionado Diplomático de Cuba» en Guatemala, el 9 de junio de 1876 por la Legación de la República de Cuba en Estados Unidos. Este hecho desconocido lo sitúa como el primer representante diplomático de Cuba en nuestro país, antes de que el poeta José Joaquín Palma fuera nombrado delegado del gobierno revolucionario cubano en 1896 y, después, Cónsul General de Cuba en Guatemala, el 1 de octubre de 1902. A principios de 1877, Izaguirre fue designado director de la Escuela Normal, en donde Martí trabajó por primera vez como maestro.

Otro vínculo que introdujo a Martí en las esferas oficiales fue Miguel García Granados, a quien la Historia General de Guatemala reconoce como masón. Martí vivió en la casa situada en la actual cuarta avenida 14-80 zona 1. Su residencia se encontraba a una «cuadra larga» de la casa de Miguel García Granados, ahora identificada como 12 calle 4-17 de la misma zona. La fraternidad masónica y la cercanía urbana condujeron a una estrecha amistad con el ex presidente y su familia, en especial con María García Granados, la legendaria «Niña de Guatemala».

En el primer libro de su extensa bibliografía, titulado Guatemala, testimonió: “Yo llegué meses hace, a un pueblo hermoso: llegué pobre, desconocido, fiero y triste. Sin perturbar mi decoro, sin doblegar mi fiereza el pueblo aquél, sincero y generoso, ha dado abrigo al peregrino humilde. Lo hizo maestro, que es hacerlo creador. Me ha tendido la mano y yo la estrecho. / Guatemala es una tierra hospitalaria, rica y franca: he de decirlo. / Me da trabajo —que es fortaleza,— casa para mi esposa, cuna para mis hijos, campo vasto a mi inmensa impaciencia americana.”

Martí aspira a la formación integral del hombre íntegro. Este propósito se alcanzaría en la unidad dinámica entre los conocimientos útiles, el desarrollo de la creatividad, la responsabilidad en la transformación del ambiente natural y social, y la formación de personas virtuosas que cumplan con sus deberes y actúen en concordancia con sus valores. La educación como proceso integral, es una conjugación y complementación entre el conocer, el pensar, el actuar y la conciencia moral. La manifestación de los sentimientos y las emociones permiten el surgimiento del interés cognoscitivo y se ilumina el despliegue pleno de la razón. La formación de sentimientos es primordial en el proceso de enseñanza-aprendizaje, los cuales están vinculados con la ética y la estética.

Los alcances de la educación los expresó en su citada obra Guatemala: «La educación es como un árbol, se siembra una semilla y se abre en muchas ramas. Sea la gratitud del pueblo que se educa árbol protector, en las tempestades y las lluvias, de los hombres que hoy les hacen tanto bien! Hombres recogerá quien siembre escuelas.»