Por: Pedro Trujillo


El deceso del general Ríos Montt coincidió con la fecha en que mis alumnos de Derecho debían entregar un trabajo: la lectura y comentarios de la tesis de graduación “El problema social del indio (1923)”, del abogado Miguel Ángel Asturias. El Nobel y el general no tenían nada en común, salvo ser guatemaltecos, y no pretendo hacer una comparación entre ellos, porque caería en el mismo error que deseo evidenciar.

Ambos personajes vivieron momentos históricos distintos. Uno, influido en su juventud por una corriente darwinista retomada por aquellos años, de ahí la orientación de su trabajo de graduación. Otro, actor en un momento político en que la guerra ideología entre las grandes potencias incidía directa y contundentemente en la región. Los dos actuaron, como no podía ser de otra forma, encuadrados en su tiempo. Asturias no podría haber escrito hoy su tesis, porque hubiera sido enjuiciado por discriminación y Ríos Montt tampoco sería un jefe de estado que llega al poder por la fuerza de las armas, porque hubiese sido juzgado por golpista.

Cuando pregunté a los alumnos sobre su impresión de la lectura del trabajo de Asturias, todos dijeron haberse sorprendido por la forma en la cual se refería a los indígenas [a los indios]. “Racista”, fue el señalamiento más empleado. Les hice ver -parte de eso es la razón del curso- si al juzgarlo habían intentado comprender el contexto general de aquella época. A partir de ahí, se fomentó una sana discusión sobre lo necesario -imprescindible- que es analizar las cosas en el marco temporal en que ocurren, de lo contrario se corre el riesgo de concluir equivocadamente por ignorar, precisamente, las particularidades del momento.

La muerte de Ríos Montt desató una serie de mensajes en redes, muy distintos entre si. Algunos hablaron del héroe y otros del villano. Muchos de ellos, porque los conozco o tienen foto y fecha de nacimiento en el perfil, no habían nacido en los años ochenta aunque fueron capaces de opinar con un grado de contundencia y hasta visceralidad que sorprendía al más atrevido. Juzgaban aquella época con una ligereza propia de quien no la vivió pero de quien tampoco se preocupó por entenderla, algo necesario para el análisis serio.

Acostumbramos a analizar usando el filtro de valores y principios actuales, aunque los eventos hayan ocurrido decenas o cientos de años atrás, sin advertir, que la inmensa mayoría de los habitantes de la época vivieron, toleraron y practicaron las costumbres del momento. Hoy, muchas de aquellas prácticas no son correctas ni legales, pero no se puede entender acciones del pasado si desde el siglo XXI juzgamos el XVI o el XX porque el atrevimiento induce al error y desdibuja el escenario adecuado para el análisis.

Hay más contenido punible en expresiones utilizadas por Asturias en su tesis: “acabar con el mal” o “degeneración del grupo social” -referido a los indígenas- que en los planes de campaña del general. Miguel Ángel Asturias, sin embargo, no hizo apología del genocidio, a pesar de todo aquello que escribo sobre los “indios” y las cosas que con ellos había que hacer y Ríos Montt tampoco cometió ese delito al ordenar operaciones militares en el marco de un conflicto armado. Ambos casos pueden analizarse, si se desea, desde otros ángulos, el judicial incluido, pero sin obviar que fueron hijos de su época, de su momento y de un entorno determinado del que no pudieron -o supieron- abstraerse ni escapar, como la mayoría de sus coetáneos. Antes que héroes o villanos, fueron hombres de su tiempo. Y es que el tiempo, que todo lo cura, se materializa en olvido e impide el análisis sereno, sosegado, equilibrado, certero.

www.miradorprensa.blogspot.com

Total
116
Shares

¡Suscríbete a nuestro newsletter!

Información importante para ti

Al marcar esta casilla, confirma que ha leído y está de acuerdo con nuestros términos de uso con respecto al almacenamiento de los datos enviados a través de este formulario.