Por: Marco Vinicio Mejía

La historia no es definida por la voluntad individual. Es resultado de la autodeterminación de los pueblos. Es manifestación de acuerdos sobre las necesidades de las mayorías, representadas por minorías que interpretan sus intereses. Los hitos históricos son grandes momentos de rupturas.


El ahora de Guatemala es la sensación de agotamiento del sistema. Hay descrédito de las instituciones, públicas y privadas. Ninguna persona puede pregonar que está exenta de la crisis del sistema en su conjunto. Exigimos que otros solucionen los problemas, sin involucrarnos. Con facilidad atribuimos los males a los demás, pero no aceptamos que cada uno forma parte de la culpa colectiva, con mayor o menor grado de responsabilidad individual. Reclamamos nuestros derechos, pero no anteponemos nuestros deberes.


Hace 32 años se proclamó «la transición hacia la democracia». Durante tres décadas, los gobiernos civiles se anegaron de corrupción, la cual no consiste solo en los enormes desvíos de los recursos presupuestarios. Sus principales manifestaciones son la escasez de talento de quienes han dirigido los poderes del Estado, la mercantilización de las organizaciones políticas, la miopía de la oligarquía, la distorsión de las misiones universitarias y la falta de medios de genuina participación ciudadana.

Se requiere el fortalecimiento del modelo republicano, de unidad política dentro de la diversidad cultural. El Congreso actual no modificará los mecanismos de participación y representación en las organizaciones políticas. La mejor manera de superar la partidocracia, es con la renovación política. Los diputados constituyentes serán distintos a los del Congreso. Necesitamos una nueva Constitución Política, para recuperar la seguridad en nosotros mismos; consolidar la diversidad cultural; fomentar la producción; incrementar el ahorro nacional al disminuir el afán consumista; promover personas emprendedoras; erradicar rencores sin renunciar a la justicia. La solución no es el paliativo de las reformas constitucionales, que solo abarcan al sector justicia.

Urgen los cambios del sistema en su conjunto, en equidad étnica y de género; replantear contrataciones y concesiones de propiedades públicas y recursos naturales; fortalecer los bancos del Estado; considerar una Guardia Nacional ante el fracaso de la Policía Nacional Civil; coordinar policías municipales y empresas privadas de seguridad, entre varias prioridades constitucionales.

Nos encontramos en una genuina etapa de transición, a la cual son aplicables las palabras panorámicas del dramaturgo y poeta alemán Bertolt Brecht: «la crisis se produce cuando lo viejo no termina de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer.»

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