¿Qué hay detrás de un nombre? | PERSPECTIVA

¿Qué hay detrás de un nombre?

jorge-alexander-guzman-castillo

Demos paso a lo nuevo, para salir de lo tradicional. Los seres humanos por naturaleza, dentro del proceso de socialización, somos propensos a asignarle un nombre a las cosas, personas, fenómenos, en fin, a todo aquello con lo que interactuamos.

Pero cuando ese algo ya forma parte de nuestra vida, de nuestra imagen mental, le asignamos un “nombre” que responda a la forma cómo entendemos el mundo y nos desenvolvemos en él.

He aquí la importancia de pensar un buen nombre para nuestra empresa, iniciativa, proyecto, producto o servicio que represente algo importante para la vida de las personas a las que va dirigido nuestro accionar corporativo.

Por lo regular elegimos el nombre que más nos gusta, el que se oye más bonito, sin pensar en las ideas con las que lo asocian las personas que lo escuchan, siendo este la carta de presentación, la marca, la idea del producto o servicio a posicionar.


En imagen pública, y específicamente en imagen corporativa, el nombre de la empresa, producto o servicio se entiende como el estímulo principal que provocará la asociación de emociones o sentimientos, mismas que serán las responsables de permitir el acceso a la satisfacción de intereses, necesidades y deseos.


Así como muchos de nuestros nombres son producto de un cantante, músico, un líder, un abuelo, etc., así también la mente de las personas o los clientes, al escuchar un nombre,  procederá inmediatamente a recordar las ideas, emociones o evocaciones con las que asocie la marca o nombre escuchado o visto.

Y precisamente de ese recuerdo dependerá, si el mismo es positivo o negativo, la reacción que el cliente tenga hacia el nombre en cuestión.

Pongamos un ejemplo, imagínese que usted está tratando de encontrar un nombre para su producto o servicio vinculado a la industria de lácteos y usted resulta intolerante a la lactosa, todo nombre que lleve el prefijo “lac” será rechazado de inmediato pues su experiencia y su vida actual vinculada a la leche está vedada por su condición médica.

Entonces, si usted quiere ampliar su mercado necesitará de un nombre o marca que disminuya el nivel de rechazo de los intolerantes a la lactosa y que además contenga las letras necesarias para que su producto sea fácilmente asociado a una emoción y experiencia positiva.

Es lógico pensar que en la actualidad la medición de la aprobación del nombre o marca está controlada por las empresas, pero lo que todavía no sucede es la medición de la percepción que tienen los clientes respecto de las marcas, productos o servicios.


Me refiero específicamente a medir si los nombres son de fácil aceptación por el mercado tras haber estudiado la imagen sonora, visual, táctil con la que se asocia la marca, con base en la experiencia con nombres, productos o servicios similares anteriores.


Al final, detrás de un nombre se encuentran recuerdos, emociones, vivencias, éxitos, frustraciones, traumas, alegrías, etc., que la imagen pública invita a conocer pues constituyen la imagen global que se tiene del mundo y que al enfrentarse con ese nuevo nombre solo conducirá a uno de dos caminos: Ya sea a reforzar la negación o rechazo de las personas hacia algo o alguien, o a abrir una nueva ventana de oportunidad para una nueva y mejorada vivencia con un producto, servicio, marca o empresa que ahora sí el cliente acepte para que satisfaga a nivel emocional mis necesidades, deseos y aspiraciones.

De la empresa, empresarios, líderes o directores dependerá si quieren ver esta realidad y se concentren más en ‘qué me representa ese producto o servicio para que lo considere lo suficientemente importante y trascendental como para que forme parte de mi vida’.

De eso se encarga la imagen corporativa.  Es el tiempo de darle la oportunidad a esta nueva disciplina corporativa.