Una bomba de tiempo… aun sin desactivar

NINOSHKA LINDE

Los datos demográficos por sí solos nos indican que no podemos abordar los desafíos y oportunidades del futuro sin la inclusión de los jóvenes, los cuales representan un alto porcentaje de la población actual y seguirán marcando la tendencia en los próximos 10 años.

Según la Organización Internacional del Trabajo -OIT-, en 2016 el número de jóvenes desempleados, a nivel mundial, alcanzó casi 75 millones.  Además, de los casi 156 millones de jóvenes que trabajan, 37,7% vive en pobreza extrema o moderada, especialmente en los países emergentes o en desarrollo.

Una cifra alarmante es la cantidad de empleos necesarios a generarse en el mundo en los próximos 10 años, la cual según información del Global Youth Economic Opportunities Summit 2016, asciende a 600 millones.

Las repercusiones económicas y sociales de esta realidad son muchas, especialmente en un mundo laboral cambiante en el que la especialización, el multilingüismo y el conocimiento de tecnologías avanzadas, marca una tendencia en la oferta laboral.  Asunto que está presentando un gran reto para gobiernos, organizaciones internacionales y empresas privadas.


La importancia de tomar acciones puntuales para superar los retos se hace evidente a través de los múltiples foros y esfuerzos internacionales.


En el mes pasado durante el Foro Económico Mundial realizado en Suiza, el CEO de Coca-Cola, Muhtar Kent, calificó como terrible que 75 millones de jóvenes están listos para ingresar a la fuerza laboral, pero no pueden encontrar trabajo y oportunidades para crear valor.   Kent sugiere que la única forma de abordarlo y superarlo es a través de la formación de un “triángulo de oro” en el que participen empresas, gobierno y sociedad civil.

Un enfoque similar ha dado Global Youth Economic Opportunities, el cual, en su reciente capítulo contó con la participación de 55 países y más de 235 organizaciones, desde la Fundación Rockefeller hasta Microsoft, todos en búsqueda de las mejores prácticas y oportunidades para mitigar la amenaza de desempleo en los jóvenes y sus posibles consecuencias para el mundo.

De igual manera en la XXV Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno realizada a fines de 2016, 22 países firmaron el Pacto Iberoamericano de la Juventud, en el que se reconoce la importancia de definir un marco de coordinación entre los gobiernos, la sociedad civil, el sector privado, la academia y la cooperación internacional para el desarrollo de políticas, programas, proyectos e iniciativas que incidan en las realidades de las juventudes.  Buscando trabajar en 6 ejes estratégicos que van desde el fortalecimiento de las políticas públicas, con el objetivo de aumentar las capacidades, hasta la capacitación para el empleo y emprendimiento.

Guatemala es uno de los países firmantes y será en el 2018 la sede de la XXVI Cumbre Iberoamericana, lo cual es muy importante, ya que obliga a que desde ahora se realicen esfuerzos integrados para poder mitigar los grandes retos locales como son: la disminución de la informalidad, de la tasa de subempleo y el desempleo.

Siendo una de las principales limitaciones del país el bajo nivel de escolaridad, adicional a que el sistema educativo actual no cuenta con un currículo en la educación vocacional orientado a brindar capacidades para aumentar las oportunidades de empleo.

La voz se sigue levantando y el problema a solucionar cada vez es más evidente.  Los legisladores, las líderes y las personas trabajamos en el ámbito sabemos que, si esto no se resuelve integralmente y como una prioridad, es una bomba de tiempo.

No habría forma de mitigar las consecuencias si no se prevé desde ahora una solución, somos un país con un alto bono demográfico, el más grande de la región. Un país en el que la población en edad de trabajar crece a mayor velocidad que aquella en edad de dependencia.

El gran reto queda ahora a los actuales ministros y miembros del congreso, para que en los próximos meses de gobierno se tomen las acciones necesarias para encaminarlo hacia un buen final, con objetivos claros y sostenidos en la política pública.

Esperamos que el Ministerio de Trabajo lidere este camino con la Política Nacional de Empleo, la cual deberá ser integral y contundente para llegar a atacar de raíz el problema. Debiendo llegar a aspectos básicos como la revisión y modificación del CNB (Currículo Nacional Base), la creación y potenciación de la capacitación técnica para el trabajo, la tecnificación en la educación y por qué no; a la creación de un nuevo currículo, adicional al existente, enfocado a la preparación al trabajo en aquellas zonas rurales en donde se ha comprobado que el estudiante llegará a 3-4 años de estudio máximo. Es lo que muchos países desarrollados han puesto en marcha.

Coincido al 100 por 100 con lo que expresó Ronald Reagan hace unos años “El mejor programa social, es un trabajo” y para que exista la oportunidad de un trabajo, deben crease las condiciones de competitividad para la inversión y las capacidades de la mano de obra. Un reto de todos.