Con presencia en 14 países y unos 36 mil colaboradores,  la Corporación Multinversiones (CMI), se originó en 1936, cuando Juan Bautista Gutiérrez fundó un molino en Quetzaltenango. La más conocida de las empresas que integran la CMI es Pollo Campero, cuya historia narra Francisco Pérez de Antón en el libro Memorial de Cocinas y Batallas.

Equipo editorial Perspectiva

Sería muy extraño un guatemalteco de edad mediana que no tenga las visitas a Pollo Campero entre sus recuerdos infantiles. O alguien que no conozca los centros comerciales La Pradera. Ambos son solamente dos de los proyectos que forman parte de la CMI.

El sitio web de esa corporación narra que sus raíces datan de 1920, en una pequeña tienda situada en San Cristóbal Totonicapán. Es a mitad de los años 30 cuando se funda el molino Excelsior y a partir de ese momento, el negocio familiar se expandió a diferentes campos, como ilustra la siguiente línea de tiempo.

El crecimiento de la Corporación Multinversiones. Una línea de tiempo

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Fuente: Elaboración propia, con datos de la página Web de la CMI.

Es difícil enumerar la totalidad de los negocios que forman parte de la CMI. Como su nombre indica, es una corporación de múltiples inversiones que abarca desde molinos de trigo hasta la sofisticada producción de energía solar y eólica, así como la telefonía.

Sin embargo, es posible afirmar que Pollo Campero es su marca más emblemática y según Francisco Pérez de Antón, leer su historia resulta gozoso, “porque gozoso es leer la historia de toda aventura empresarial que partiendo prácticamente de la nada alcanza alturas que nadie hubiera esperado. Pollo Campero es una de esas empresas”.

Con sede en Guatemala, “la multinacional opera en países de América Latina, Europa, Asia, y Medio Oriente. En total, unos 340 establecimientos llevan la marca de Pollo Campero a nivel mundial”, informa la web de la CMI.

Entre 2002 y 2017, Pollo Campero inauguró 75 restaurantes en Estados Unidos, donde Business Insider y Restaurante Business, importante medio de comunicación especializado en gastronomía, lo ubicaron entre los 25 mejores restaurantes de comida rápida en ese país, en 2016.

Actualmente, tiene más de 300 restaurantes en el mundo y atiende a más de 180 millones de personas. Una de las mejores referencias para conocer la historia de esta empresa es el libro Memorial de cocinas y batallas. La singular historia del nacimiento y desarrollo de Pollo Campero, de Francisco Pérez de Antón, Premio Nacional de Literatura 2011.

Memorial de cocinas y batallas

En 2013, el libro que narra la génesis y desarrollo de Pollo Campero llegó a su tercera edición. El texto está agotado en todas las librerías prestigiosas y puede encontrarse una versión electrónica o eBook en Artemis&Edinter. Quien desee leerlo impreso, puede acudir a diferentes bibliotecas, entre estas la Von Misses de la Universidad Francisco Marroquín.

Por una casualidad afortunada, el equipo de Perspectiva encontró un ejemplar en un local de libros usados. Además de la demanda que el texto tuvo desde su primera edición, ha sido texto en varios campos: nutrición, comercio, antropología, historia y economía son algunas de las facultades de diferentes universidades que recomiendan leerlo a sus estudiantes.

En el capítulo inicial, titulado El mito fundacional y un artículo de Vargas Llosa, Pérez de Antón corrige y esclarece el mito fundacional de la cadena de pollo frito y recuerda: “No nació como un cuchitril urbano, ni mi esposa ni yo atendíamos a la clientela. No porque haya demérito en ello sino porque no es la verdad. Tampoco hubo de por medio otras parejas fundadoras al estilo de Adán y Eva”, afirma. Y agrega que el proyecto nació con la ambición de convertirse en una cadena semejante a las que en esa época “habían alzado ya el vuelo en los Estados Unidos”.

Según el autor, el texto tiene como principal finalidad esclarecer el verdadero origen de esos restaurantes, pero además, es una historia fascinante que puede ser usada como un caso de estudio para jóvenes empresarios, estudiosos y especialistas en empresas familiares. “La historia de Pollo Campero no es más que el relato de las batallas que fue necesario liberar para evitar que, a pesar de su éxito, se desmoronara, y de lo que costó construir sus primeras veinticinco cocinas”.

El pollo tierno, en primer lugar

Entre los exiliados cubanos que llegaron a Guatemala en los años sesenta, venía Domingo Moreira, quien además de ser pionero de la avicultura, que en aquel tiempo no existía en el país, comenzó con la venta de pollo frito, con la marca de Caporal.

Pronto vendió sus dos restaurantes y siguió su camino hacia Estados Unidos, pero dejó sembrada la industria del pollo tierno, que desempeñaría el papel decisivo en la historia narrada en el libro. Antes de que en Guatemala hubiera avicultura, el pollo que se consumía era el llamado “de patio”, generalmente en recetas como jocón, pepián y guisados, cuenta Pérez de Antón.

En 1964, el autor era un joven ingeniero que operaba la Granja Villalobos en nombre de los socios capitalistas. “Nos las veíamos y nos las buscábamos para vender cinco mil pollos cada semana”, recuerda.

En un par de años llegaron a producir cerca de treinta mil pollos semanalmente y según cuenta: “empecé a plantearme la posibilidad de vender pollo en otras formas que no fuera crudo. Yo era solo un ingeniero y de cocina sabía muy poco. Mejor dicho, era un ignorante absoluto”. Sin embargo, el jefe del matadero en la granja era un cubano, llamado Servando Benavides, quien le comentó al ingeniero que conocía la receta de un pollo “parecido al Caporal”.

“Me encantó y animado por la prueba, mandé construir una caseta metálica con ruedas, instalamos un freidor de gas y la aparcamos frente al cine Trébol”, narra Pérez de Antón. Y agrega: “La verdad es así de miserable”.

En una semana “aquel chiringuito vendió setecientos pollos y, cuando tal cosa ocurre, uno se pone a multiplicar”, dice Pérez de Antón. Pronto alquilaron un local e inauguraron el primer restaurante, llamado Los Pollos y cuyos socios fundadores fueron Servando Benavides y Alfonso Bosch.

Pérez de Antón siguió dedicándose de lleno a la producción y venta de aves crudas, pero en uno de sus viajes al sureste estadounidense, durante una convención avícola, descubrió un pollo frito hecho al estilo sureño estadounidense.

El hallazgo “me pareció el producto idóneo para reproducir en un mercado que, según yo, pedía a gritos algo parecido”, dice el autor, quien añade que uno de los principales factores de éxito fue la oferta a precios muy accesibles y el que desde el inicio, los restaurantes reunieron a personas de todas las clases sociales.

Tal como dice el autor, el Campero se convirtió en uno de los sabores emblemáticos de los guatemaltecos y parte de su éxito en Estados Unidos es que se trata de uno de los platillos más añorados por los residentes en ese país.

A partir del primer capítulo, el texto aborda diferentes aspectos, que van de la gastronomía y su historia hasta la organización empresarial, así como las diversas dificultades por las que atravesaron los fundadores de la que ahora es una de las principales cadenas de comida rápida pero de calidad en la región.

Máximas y consejos para empresarios jóvenes

En el transcurso del libro se encuentran muchos párrafos que pueden servir de inspiración para quienes se inician en el mundo del emprendimiento. Algunos de estos son:

  • Un empresario no es más que ese personaje capaz de reunir recursos humanos, financieros y tecnológicos y de crear con ellos un producto nuevo que luego tratará de vender en el mercado.
  • Lo que hizo Campero en su primera etapa fue sorprender al público con nuevos registros en su sentido del gusto. Fuimos los primeros en hacerlo y creamos una experiencia gustativa que nuestros mercadólogos han llamado “sabor Campero”.
  • Lograr que el Campero tuviera el sabor “tierno, jugoso y crujiente” que todos conocemos fue el resultado de un proceso que implicó viajes, investigaciones y muchas pruebas.
  • La clave del desarrollo del grupo Campero fue “La centralización en las previsiones, la coordinación y el control, por un lado, y la descentralización en la ejecución de los planes, por el otro”.
  • Tener un producto y un método de producción es solo una de las muchas piezas del puzzle.
  • Los empleados de Campero rechazaron siempre sindicalizarse por la simple y sencilla razón de que la empresa les daba unas prestaciones que ni siquiera se les habían ocurrido a los líderes sindicales.
  • El secreto de Campero estaba en su personal y su organización. Y esa habría de ser siempre la verdadera fuerza de la empresa.
  • Pollo Campero actúa bajo un decálogo de normas éticas redactado por Pérez de Antón. Resumidas son:
  1. La decencia y la honradez como virtudes para desempeñar las tareas;
  2. Mantener la imagen de honestidad y altura en las relaciones con terceros;
  3. rfeccionar la organización;
  4. El uso de la verdad para resolver los problemas;
  5. aceptación de la iniciativa personal y la crítica constructiva;
  6. Darle las mejores oportunidades a los subalternos, quienes son la causa de los éxitos personales;
  7. Espíritu de equipo;
  8. Que el sentido común prevalezca sobre el amor propio;
  9. Siempre habrá nuevas ideas para seguir superándonos y
  10. Antes de tomar cualquier decisión importante, es bueno releer estos principios.
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