El presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, logró cerca del 56 por ciento de los votos. Para comprender los elementos del contexto que llevaron a este triunfo electoral, Perspectiva consultó al analista independiente Nicholas Virzi y al catedrático universitario Edmundo Urrutia, quienes desde sus puntos de vista, comentan este triunfo electoral que alarma a la izquierda y es aplaudido por la derecha.

Roxana Orantes Córdova

Bolsonaro es un nombre inseparable de la polémica. Homofóbico, machista y racista son de los calificativos más constantes para referirse a su discurso y despierta tantas pasiones, que el 6 de septiembre recién pasado, un día antes de la primera vuelta, fue apuñalado por un individuo llamado Adelio Bispo de Oliveira, presentado ante la opinión pública como un fanático religioso y que resultó ser un ex militante de un partido izquierdista.

Entre las reacciones de la izquierda al triunfo de Bolsonaro, una columna del filósofo izquierdista estadounidense Noam Chomski, expresa lo que gran parte de la izquierda mundial piensa.

“Es una amenaza para el mundo, no solo para la joven democracia brasileña”, dice Chomsky, quien agrega que “mujeres, activistas LGBT, defensores de derechos humanos, ecologistas y pueblos indígenas, están en riesgo por la candidatura de la extrema derecha”. Para Chomski, Brasil afronta la “peor crisis de su historia desde el golpe cívico militar que inició la dictadura en 1964” y la presidencia de Bolsonaro representará la “institucionalización del odio y la violencia desencadenada”.

Similar reacción expresó en Guatemala el secretario general del Movimiento Semilla, Samuel Pérez, quien aseguró en su cuenta de Twitter que la elección del ultraderechista pone en riesgo la continuidad de la democracia brasileña.

En contraposición, unos 57 millones de brasileños dieron su voto de confianza a este líder polémico que ha sido diputado durante casi tres décadas y cuyas declaraciones controversiales lastiman el discurso “políticamente correcto” al punto de calificarlo como un portavoz del oscurantismo fascista.

El pueblo Treze de Maio, donde el Partido Social Liberal (PSL), obtuvo más del 80% de los votos, considera al triunfador como una esperanza de salvación, en un país donde los sucesivos gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT), dirigido por Inazio Lula da Silva (actualmente preso por señalamientos de corrupción), defraudó a un alto porcentaje de la población.

Bolsonaro pertenece a una familia de políticos. Su hijo Eduardo fue reelecto diputado federal, mientras su hermano es diputado distrital y su hijo Carlos participó en la coordinación de la campaña.

Entre sus promesas electorales, están: sepultar al Foro de Sao Paulo, sacar a Brasil de la Organización de Naciones Unidas (ONU) y eliminar los contenidos relacionados con la agenda de género del sistema educativo. El catedrático universitario Edmundo Urrutia, señaló que el foro es una instancia latinoamericana que no depende del gobierno de Brasil.

Sin embargo, en su primer discurso al conocer el triunfo electoral, el presidente electo de Brasil afirmó que lo primero que hará será “quitarle todo el financiamiento de mi gobierno al nefasto Foro de Sao Paulo, pues este foro es una guarida de puros delincuentes”. Y evidentemente, el financiamiento brasileño que recibe esa instancia es vital para su supervivencia.

Internet, la mejor arma en la campaña de Bolsonaro

Entre los elementos novedosos de la campaña implementada por el presidente electo en Brasil está que desdeñó a los medios y privilegió las redes sociales. Grupos de WatsApp fueron el arma efectiva del candidato, cuyo discurso polémico y desmitificador de la corrección política fue ampliamente difundido en redes, grupos y sobre todo, en “memes”.

Puede decirse que una parte importante del peso de la campaña la tuvieron los propios ciudadanos a través de las redes. Luego de ser apuñalado, el candidato de la derecha se excusó de asistir por motivos de salud, a todos los debates que tenía programados con su contendiente, Fernando Haddad (PT). Según la izquierda brasileña, esto fue parte de su estrategia.

Nicholas Virzi afirmó: “muchos dicen que ganó la derecha y fracasó la izquierda. Sin embargo, en política democrática, la alternabilidad se maneja en péndulos. El triunfo de Bolsonaro expresa el hartazgo de los ciudadanos ante la élite política, que incluye a los medios de comunicación. Esto es un fenómeno a nivel internacional que se ve en diferentes países como Italia, Europa Oriental y ahora, Brasil. Parece ser que la población está cansada de la agenda mediática politizada”.

Según Virzi, Bolsonaro es un populista que se ha expresado libremente sobre temas que la izquierda ha convertido en tabúes y esta libertad, contrariamente al efecto previsible, le ganó simpatizantes. Es común que a cualquier candidato de derecha que gana una elección se le tache de fascista, añadió Virzi, y agrega que similar situación se observó con el triunfo electoral de Donald Trump, a quien también se calificó como xenófobo, machista y fascista.

“En el mundo, el público ha dejado de creer en los calificativos acuñados por los medios. La victoria de Bolsonaro es otra lección para estos medios, que deben ser más responsables y evitar el uso de términos que polarizan el ambiente. La radicalización de los discursos, provoca una respuesta radical”, concluyó Virzi.

Para Edmundo Urrutia, el triunfo del PSL se inscribe en el contexto internacional que hace unos años estuvo marcado  por el avance de gobiernos progresistas de izquierda opuestos al ALCA, que se enfrentaron con los intereses estadounidenses en la región y se opusieron a las políticas neoliberales.

“Fue una rebelión colectiva, expresada en posiciones nacionalistas y anti neoliberales, que adoptaron modelos de desarrollo diferentes”, señaló. Según dijo, esto produjo reacciones en el gobierno estadounidense. “Barack Obama creó mecanismos alineados al modelo estadounidense. La posición de las democracias de Suramérica, alarmaron a EE.UU. y a las élites de sus países, que conjugaron esfuerzos para contrarrestar este avance. No es una reacción aislada, sino institucional, coordinada y organizada”, concluyó.

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