Para conmemorar la Independencia, Perspectiva realizó una revisión documental que recorre desde el momento en que se firmó el Acta de Independencia hasta la instalación de la República de Guatemala, en 1847. Entre el primero y el segundo hechos, hubo intrigas, divisiones, separatismo y guerras que terminaron por configurar el territorio centroamericano tal como lo conocemos.

Redacción

Cuentan que hace 197 años llovía copiosamente, mientras los próceres de la Independencia firmaban el acta que se encuentra en el Archivo General de Centroamérica, en la Hemeroteca Nacional.

La historia, casi leyenda, narra también que doña Dolores Bedoya de Molina quemó cohetillos y llevó una marimba para festejar que se había proclamado la independencia.

Hasta la fecha se cree que en ese momento, Guatemala se convirtió en una nación. Sin embargo, esta es una simplificación de nuestra historia y está muy lejos de la verdad histórica.

En la mañana del 15 de septiembre, representantes de la Iglesia Católica, Universidad de San Carlos, Concejo de Comercio y otros ciudadanos notables se reunieron en el Real Palacio, donde ahora se encuentra el Parque Centenario.

Vale la pena recordar que inmediatamente después de que se firmara el Acta, se instaló una Asamblea Constituyente que logró concretar la independencia total hasta 1924. El reino de Guatemala abarcaba territorialmente Chiapas, Soconusco, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.

Entre los firmantes del acta había representantes de todas esas provincias y no era raro que muchos de ellos tuvieran tierras, posesiones o familiares en cualquier parte de ese territorio.

Y no fue sino en 1847 cuando Rafael Carrera le dio forma a la actual República, bajo una visión conservadora y luego de guerrear contra los líderes del liberalismo, que pretendían desarrollar la Federación Centroamericana como una región inspirada en los adelantos ingleses y estadounidenses.

Una biblioteca histórica

La biblioteca privada del prócer José Cecilio del Valle, fue donada por sus herederos a la Universidad Francisco Marroquín en 1986. Actualmente, se encuentra en un ala protegida de la biblioteca Ludwig von Mises.

La colección contiene alrededor de 1800 textos del siglo XIX, y es representativa de lo que leían los acomodados intelectuales criollos en la época de la Ilustración o Siglo de las Luces.

Economía clásica, botánica, historia y literatura en los volúmenes originales de la época, constituyen una verdadera joya para los estudiosos que deseen darle una hojeada o analizar estos volúmenes.

José Basilio Porras, un prócer olvidado

Basilio Porras fue un hombre humilde que cursó casi todos sus estudios becado. Trabajaba con Pedro Molina y era incondicional ayudante de su esposa, Dolores Bedoya de Molina. Se cuenta que abandonó el salón donde se discutía si se firmaba o no el Acta de Independencia, y salió corriendo a la calle a gritar: Libertad, 15 de septiembre de 1821. Luego, ayudó a Dolores a quemar cohetillos, aún antes de que el acta estuviera firmada.

Mujer adelantada para su época

En la noche del 14 de septiembre, una mujer delgada  tocó varias puertas en casas de lo que hoy es el Centro Histórico. Pidió a los vecinos que se acercaran a la Plaza, porque se preparaba algo grande. Iba acompañada de Basilio Porras. Era doña Dolores Bedoya de Molina, una mujer que seguramente era muy extraña en aquella época.

Sus hermanos, Mariano y Cayetano habían participado en la conspiración de Belén y es famosa la carta que le escribió al rey para pedirle la libertad de ambos.  Aunque Cayetano había sido condenado a la horca, finalmente fue indultado, probablemente por ser criollo, puesto que otros conjurados, como el prócer indígena, Manuel Tot, si fueron ejecutados.

Doña Dolores creció leyendo incansablemente la literatura de la Ilustración y se consideraba liberal. Se casó con el doctor Pedro Molina por poder, sin conocerlo personalmente, porque compartían los mismos ideales, liberales e independentistas.

Dolores Bedoya de Molina fue una mujer muy adelantada. Se mantenía muy informada de las tendencias de la época y adoptó la dieta vegetariana. En una sociedad y época donde a las niñas no se les enseñaba a leer, ella leía y redactaba hermosas cartas. En la página de la Municipalidad se pueden leer extractos de las cartas a uno de los ocho hijos que tuvo, donde le explica que su lucha era para que las mujeres dejaran de marchitarse en las labores del hogar y tuvieran acceso al estudio, el trabajo y la vida política.

Cacos y gases

Los medios de comunicación de la época tuvieron mucha importancia en los sucesos del 15 de septiembre y el desarrollo posterior de la historia. Pedro Molina y José Francisco Barrundia  publicaban el Editor Constitucional. Se identificaban como liberales, pero sus enemigos los apodaban “cacos”. Entretanto, los conservadores cercanos al gobierno, tenían el periódico El Amigo de la Patria, dirigido por José Cecilio del Valle. Los “cacos” los apodaban “gases” o “serviles”.

Las fuentes envenenadas

Mariano Gálvez, uno de los jefes de Estado de la República Federal de Centroamérica, era un liberal que pretendía cobrar un impuesto único a toda la ciudadanía, implantar la educación laica, fomentar la migración de europeos al sur del país. Modernizó los drenajes y se enfrentó abiertamente con la Iglesia Católica.

Promovía la vacunación, pero las personas le temían a las vacunas. En 1833, Guatemala fue azotada por el cólera, y esto facilitó que los sacerdotes esparcieran el rumor de que Gálvez había envenenado las fuentes de agua. Este rumor fue uno de los motivos de su caída, que se inició con las rebeliones de pequeños propietarios de tierras en las montañas de Jalapa, comandados por el caudillo Rafael Carrera.

De criador de cerdos a padre de la república guatemalteca

Carrera nació en el barrio de Candelaria, en la ciudad de Guatemala. Era un ladino de clase media baja que a los 14 años fue tamborilero en el ejército y en 1834 criaba cerdos  en Asunción Mita. Se casó con una mujer acomodada y en 1837, creó un ejército de guerrilleros que aterrorizó a la élite. Peleaba por la restauración de las órdenes religiosas, la abolición del impuesto personal y el regreso del Arzobispo.

Encarceló a Pedro Molina, quien en 1824 había sido presidente de la federación, y en 1838 logró derrotar a Gálvez y se entronizó en el gobierno. En 1848, luego de que la federación se disolviera, fundó la primera República de Guatemala.

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