Por: Equipo editorial Perspectiva

En Guatemala, las primeras señales de que se acerca la Semana Santa llegan a través de los sentidos: el calor característico de la época, el aroma del corozo y la fiesta de las jacarandas, matilisguates y otros árboles cubiertos por nubes de colores desde el rosa al blanco, pasando por el amarillo, lila y violeta.


El origen católico de la “guatemalidad” actual se pone de manifiesto desde el miércoles de Ceniza, que marca el inicio de la Cuaresma y cuando se ve gente de todas las edades caminando hacia sus trabajos o centros de estudio con la cruz de ceniza en la frente.


En los hogares más tradicionales, comienzan los almuerzos de pescado o mariscos los viernes y al mismo tiempo, diferentes actividades religiosas, como las procesiones cuaresmales a los huertos que se aprecian en las iglesias y en algunas casas.

Nuestra cultura mestiza se luce en los platillos de la temporada. Refresco de súchiles, empanadas de manjar, curtidos, torrejas y las diferentes recetas del pescado seco (que puede ser bacalao), acompañan la conmemoración desde el inicio de la Cuaresma al triduo pascual, que va del Jueves Santo a la vigilia pascual del Sábado Santo, donde se festeja la llegada del Domingo de Resurrección.

La imaginería es uno de los elementos más importantes de la Semana Santa. Entre las imágenes más veneradas está el Jesús Nazareno de la Merced, tallado entre 1644 y 1655 por Mateo de Zúñiga. Es una imagen consagrada y considerada milagrosa por los fieles.

Alrededor de cada imagen existen historias, leyendas y anécdotas de milagros que vale la pena conocer, así como es interesante conocer el origen de muchas costumbres relacionadas con esta época del año.

Lágrimas del Nazareno

Se cuenta que el rostro del Señor de la Merced fue visto en sueños por una joven española de antiguo linaje que escogió convertirse en monja y llegó a Guatemala en busca de la imagen. En su sueño, un ángel le dijo que en la Merced de Guatemala podría ver el rostro más parecido al del Cristo viviente.

Además de esta anécdota, uno de los milagros que se le atribuyen a la venerada imagen narra que una chichigua (nodriza), se encontró un día “sin un real para comer”. Desesperada, acudió a orar a la capilla del Nazareno y pudo ver cómo este lloraba. Dos lágrimas de plata cayeron cerca de ella, quien las empeñó y mitigó sus penas económicas con el dinero obtenido. Se cuenta que la señora logró sacar la prenda del empeño y la retornó al manto del milagroso Nazareno.

Por qué florece la jacaranda

En uno de los tantos pueblos del interior, la procesión debía recorrer un camino campestre para llegar al otro sector habitado. Luego de terminar las calles alfombradas, el cortejo emprendió la marcha por un sendero polvoriento, donde no había refugio ni sombra.

Sorpresivamente comenzó a llover y los penitentes corrieron hacia un árbol tan seco que no ostentaba ni una hoja entre sus ramas, pero podía proteger mínimamente a la imagen de Cristo. Inmediatamente dejó de llover y el grupo de fieles cayó de rodillas cuando el árbol comenzó a cubrirse de flores lilas, que formaron una alfombra alrededor del anda. Se dice que desde entonces, la jacaranda florece en Semana Santa, cuando sus pétalos forman alfombras para celebrar a Cristo.

La imagen que cautivó a un poeta

A finales del siglo XVIII, Vicente España talló la imagen de la Santísima Virgen de la Piedad, conocida como Nuestra Señora de la Piedad del Santo Entierro del Calvario.

Como todas las representaciones de la Piedad, la Santísima Virgen sostiene en sus brazos la imagen de su hijo yacente. El escritor cubano José Martí, quien entre otros oficios ejerció el periodista, escribió en una crónica que la imagen llora e inspira el llanto de quien la observa.

Durante 75 años esta representación no salió en andas durante el Santo Entierro. Sin embargo, el año pasado fue parte de la procesión y es de esperarse que los guatemaltecos puedan apreciarla en la próxima Semana Santa.

Atuendos que fueron castigo de la Inquisición

En la época actual, convertirse en cucurucho sigue siendo para muchos un acto de fe y en algunas ocasiones de penitencia. Sin embargo, es un hecho que “cargar” se ha convertido en una tradición que algunas veces es más de forma que de fondo.

Originalmente, quienes cargaban las andas lo hacían por la expiación de sus pecados y ello se reflejaba incluso en el gorro alto en forma de cono que da el nombre de “cucuruchos” a los cargadores.

El mencionado sombrero data de la época de la Inquisición española, cuando los condenados eran obligados a llevarlos. Los gorros de los castigados llevaban ilustraciones que daban a conocer el delito o pecado atribuido al penitente, quien además debía llevar el rostro cubierto.

 

Total
119
Shares

¡Suscríbete a nuestro newsletter!

Información importante para ti

Al marcar esta casilla, confirma que ha leído y está de acuerdo con nuestros términos de uso con respecto al almacenamiento de los datos enviados a través de este formulario.