El 26 de septiembre, el mandatario nicaragüense Daniel Ortega estará presente en el debate de la sesión 73 de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Pero no asistirá solo. Opositores nicaragüenses protagonizarán una protesta demandando su renuncia y rechazando cualquier diálogo o convocatoria a elecciones, cuenta Benjamin Lugo, líder de la oposición que hace 39 años se enfrentó a la tiranía somocista desde la lucha armada y que hoy es dirigente del Movimiento por Nicaragua.

Roxana Orantes Córdova

Un mar de globos con los colores azul y blanco, expresión nacionalista reprimida por esbirros al servicio de la dictadura, será visible en las afueras de la asamblea, donde opositores nicaragüenses residentes en EE.UU. y otros que lograron salir  por puntos ciegos de la frontera, expresarán su rechazo ante cualquier posibilidad de diálogo con el gobernante erigido en dictador.

Según sus opositores, la dictadura orteguista es peor que la de Anastasio Somoza, porque “las fuerzas de aquella dictadura le disparaban a una oposición que buscaba derrocarlo a través de la lucha armada, mientras Daniel Ortega manda a que sus sicarios le disparen a población desarmada e indefensa, que lucha ejerciendo el derecho a manifestarse pacíficamente”, dice Benjamin Lugo, uno de los patriotas nicaragüenses que evadió los cercos del orteguismo y estará presente en Washington, para exigir la renuncia del tirano, afirma.

Lugo recuerda que Somoza nació dictador, puesto que heredó el poder de su padre, en tanto que Daniel Ortega merece el calificativo de traidor. Esto lo explica el entrevistado recordando la historia reciente de Nicaragua, de la que fue más que un espectador, activo participante.

“La lucha que llevó a la revolución sandinista de 1979 fue una lucha noble, hermosa, protagonizada por jóvenes dispuestos a dar la vida por la justicia social y la democracia. Muchos de los que participamos en esa revolución veníamos de principios cristianos y saber que teníamos un buen nivel educativo nos obligaba a buscar que la mayoría de la población también pudiera tener una buena educación, entre otros elementos de justicia social”, señala.

Según cuenta: “Fui parte de una célula urbana en mi ciudad natal, Granada. Yo les alquilaba las casas a los sandinistas y como tenía recursos –soy ingeniero–, pagaba hasta tres meses por adelantado, para no tener contacto con los propietarios”.

Fue en junio de 1979, poco antes del triunfo revolucionario, cuando murió su compañero de lucha Horacio Vega. Al recordar el suceso, la tristeza por los compañeros caídos se refleja en la mirada de Benjamin Lugo, pero inmediatamente después retoma la alegría y el optimismo que lo caracterizan y lo hacen capaz de ejecutar pasos de baile en plena sexta avenida, al compás de la pieza interpretada por un músico callejero.

Después de 39 años de luchar por la libertad, no pierde las esperanzas y confía en que esta versión del somocismo llamada orteguismo, será defenestrada y dará lugar a una Nicaragua verdaderamente libre y democrática.

La mutación de Ortega hacia una versión de Somoza

Cuando triunfó la revolución sandinista, su primera medida fue la instalación de una junta de gobierno, llamada de Reconstrucción Nacional, en la cual participaron Daniel Ortega Saavedra, Sergio Ramírez Mercado, escritor socialdemócrata;  Moisés Hassan Morales, periodista; Violeta Barrios de Chamorro, viuda del periodista y político Pedro Joaquín Chamorro y Alfonso Robelo Callejas, destacado dirigente empresarial.

La junta se disolvió gradualmente, a medida que Ortega se adhería a los dictámenes de los regímenes cubano y soviético, señala Lugo.  Entre 1980 y 81, renunciaron Barrios de Chamorro, Robelo y Morales. Hasta 1990, Ramírez Mercado fue vicepresidente, para separarse de la facción orteguista poco después.

Entretanto, Ortega modificó el rumbo original de la revolución y luego de conformar un régimen subordinado a Cuba, inició un camino de alianzas que lo llevaron de regreso a un poder absoluto, que ejerce desde 2007. Según narra Lugo, este poder dictatorial inició con una reforma constitucional que le permitió a Ortega reelegirse.

Entre las ilegalidades del ex comandante sandinista, están la captura del poder judicial y la destitución de 28 diputados opositores en 2016. Uno de los puntales de este régimen totalitario ha sido el aval monetario de Venezuela, que desde el chavismo, ha erogado más de US$4  mil millones de dólares en la modalidad de créditos concesionales, que si bien son a largo plazo, significan endeudamiento y fue un dinero malversado. Esta ayuda ha disminuido gradualmente, si bien al inicio de las protestas de 2018, Ricardo Maduro ofreció apoyar incondicionalmente al régimen orteguista.

Aplicando tácticas dignas de Maquiavelo, Ortega logró aliarse con el ex mandatario Arnoldo Alemán, exonerado de sus cargos de corrupción por una corte obsecuente a  su régimen. Esta es la base del pacto entre ambos personajes y ha coadyuvado al sostenimiento de un gobierno que logró ganar en dos elecciones a través de fraudes evidentes, indica Lugo.

Según dice, Ortega traicionó tres ejes de la revolución sandinista:

  1. Opuso la dictadura a la democracia y libertad;
  2. Aunque se buscaba construir un país no alineado, se alineó a la Unión Soviética. Entre sus aliados actuales están Rusia, Venezuela, Cuba, Bolivia e Irán;
  3. Los jóvenes revolucionarios intentaban construir una economía mixta y el orteguismo implementó la expropiación, a través de la descapitalización de las empresas.

“Era suficiente que un empleado afirmara que la empresa estaba descapitalizada para que la expropiara el régimen”, señala y menciona el caso de la jabonería Prego, empresa familiar que en 1981 tenía 300 empleados y fue expropiada.

También la casa familiar de Lugo, una edificación histórica que data del siglo XIX en el centro de Granada y es la casa más antigua de esa ciudad, fue expropiada por “abandono”. Según narra, su padre había viajado por unos meses a Guatemala y al volver encontró que ya no tenía casa. El régimen no consideró que se trataba de una antigua familia antisomocista que había contribuido con la revolución.

Ni elecciones, ni negociación

Las recientes protestas ciudadanas, que iniciaron como rechazo a la modificación del régimen de pensiones, son el elemento que evidencia con más claridad el carácter represivo y anti popular de la dinastía Ortega-Murillo. “No se han detenido para mandar tanques, ejército y diferentes fuerzas contra la población desarmada que sencillamente está expresando su rechazo”, dice.

Con indignación, Lugo menciona que el 30 de mayo, cuando Nicaragua festeja el día de la Madre, un grupo de madres de los caídos participó en una marcha. “Las madres iban al frente, en una marcha a la que acudieron unas trescientas mil personas. Yo vi caer gente bajo las balas. Fue una verdadera masacre. Bianca Jagger (top model nicaragüense que estuvo casada con el líder de Rolling Stones, Mick Jagger), estuvo presente, como miembro de Amnistía Internacional”, recuerda.

En junio se contabilizaban por lo menos 300 muertos como saldo de todas las protestas. Además, centenares de heridos, presos y desaparecidos como consecuencia de las acciones punitivas del régimen Ortega-Murillo. “Y entre los heridos, muchos quedaron discapacitados permanentemente”, señala.

Las protestas más recientes consisten en que la ciudadanía lanza a la calle globos de color azul y blanco, como la bandera de Nicaragua. Por alguna razón, Ortega rechaza los colores de la bandera  y ordena que guardias y policías se dediquen a pinchar y destruir esos globos.

“Sería chistoso si no fuera trágico, dice Lugo, quien debió salir de su país por un punto ciego de la frontera, porque estaba en riesgo de ser capturado si intentaba salir legalmente.

“Es imposible negociar o llegar a acuerdos con una dictadura. La Organización de Estados Americanos (OEA), pide elecciones anticipadas. Hay que recordar que Luis Almagro omitió  tomar acciones ante las denuncias de fraude anteriormente. No es posible negociar con una dictadura, ni aceptar que se realicen elecciones anticipadas, conociendo todos los antecedentes de fraude que ya cometieron. Por eso, vamos a Nueva York y después a Washington, para decirle al mundo que el pueblo nicaragüense rechaza la dictadura y quiere una revolución azul y blanco”.

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