La manifestación más multitudinaria desde 2015 se realizó el domingo en la capital guatemalteca. Con la consigna: No al aborto, sí a la vida, aglutinó a centenares de miles de ciudadanos. Las reacciones son encontradas, pero hay un punto en común: los manifestantes ejercieron su derecho soberano a pronunciarse sobre un tema que divide profundamente las opiniones.

Roxana Orantes Córdova

La marcha pro vida realizada el 2 de septiembre es una muestra sin precedentes de cómo el consenso en un tema puede unir a la ciudadanía para expresarse. Guatemaltecos de todos los credos y denominaciones religiosas caminaron desde la Municipalidad hasta la Plaza de la Constitución para pronunciarse contra el aborto.

Algunos medios de comunicación iniciaron sus coberturas restándole importancia al hecho. “Algunas personas” y “decenas de personas” fueron dos de las expresiones publicadas en informativos para informar sobre el tema. Uno de estos medios ubicó la noticia en su sección de “periodismo comunitario” y al mismo tiempo, destinó el titular principal a la cobertura de una acción institucional.

Sin embargo, el poder de las redes sociales es innegable. Además de canales televisivos y medios religiosos (como la TV Interdiocesana), el hecho fue cubierto con filmaciones aéreas y estas impresionantes tomas fueron divulgadas en las redes sociales. Un dato que vale la pena consignar es que pese a la enorme cantidad de personas que participaron, no se registró ningún incidente o hecho de violencia.

Probablemente la minimización de la cobertura mediática se origina en la posición que pretende vincular a la marcha por la vida y la familia con el llamado “pacto de corruptos”. El contexto de la actividad, dos días después de que el presidente Jimmy Morales anunciara que no renovará el mandato de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), y la presencia de algunos diputados y dirigentes políticos opuestos al mandato de este ente, bastante cuestionado en los últimos meses, contribuyeron a crear la imagen falsa de que la marcha estuvo relacionada con intereses políticos.

“La marcha del domingo es un derecho de los ciudadanos y ciudadanas que asistieron. Considero que no los movieron intereses políticos, sino el miedo a lo que ni siquiera se estaba discutiendo en el Congreso, puesto que no existe ninguna propuesta que pueda denominarse ley pro aborto. La alianza entre las iglesias católica y evangélica se da ante un enemigo común, que es el miedo a la que llaman ideología de género. Suman fuerzas para luchar contra esta mal llamada ideología y aunque afirman que no aceptan intromisiones extranjeras, están replicando acciones que se iniciaron en España y se han repetido en otros países, para oponerse al género”.

Un segundo elemento comentado por la diputada es que la marcha puede ser capitalizada por partidos como Visión con Valores (VIVA); Partido de Avanzada Nacional (PAN); una organización llamada VAMOS y probablemente, el Partido Unionista (PU), los cuales según afirma, coinciden con el Presidente de la República y el “pacto de corruptos”.

Como tercer punto, Morán aclara que la ley motivadora de esta marcha tiene como finalidad la “reparación transformadora” para las niñas y adolescentes víctimas de violencia sexual y el artículo 7, que pudo motivar polémica, había sido retirado de la discusión el 23 de agosto. En este artículo se contempla la “interrupción del embarazo” para las víctimas de violación.

Al mismo tiempo, señala, existe una “contra ley”, la iniciativa 5272, que está por pasar a tercera lectura. En esta se castiga el aborto con penas de cárcel y se prohíbe el matrimonio igualitario, concluye.

Por otra parte, el analista del Instituto de Problemas Nacionales de la USAC (IPNUSAC), Adrián Zapata, afirma: “Pienso que la motivación de la marcha no está relacionada con la polarización del tema CICIG. No fue una expresión a favor ni en contra de la CICIG, sino sencillamente, coincidió temporalmente con la decisión del Presidente sobre esa entidad”.

Como un elemento negativo, Zapata menciona la “participación oportunista de v arios actores políticos, lo que puede hacer que se malinterprete la marcha”. Además, considera desafortunada la actitud de la izquierda, tanto en las reacciones a la marcha, como en el planteamiento de un proyecto de ley que, a su criterio, “no corresponde al conservadurismo predominante en la sociedad guatemalteca”.

“Es un momento bastante inoportuno para que la izquierda intente levantar estas banderas, puesto que los ubica como un sector que promueve la polarización. Fue una acción ideológica, sin criterio político”, señala.

Entre quienes se congratulan por el éxito de la marcha, que cabe calificar como histórica, está la Igumeni Inés Ayau García, de la Iglesia Ortodoxa de Guatemala. Ella dice: “Me da gran felicidad ver que somos mayoría quienes escogemos la vida y la familia contra unos pocos que no ven su importancia. Esta manifestación multitudinaria es la muestra palpable de la voluntad y libertad de los guatemaltecos que votamos por lo que creemos, por la vida y la familia. Sabemos lo que queremos y lo que no. Esperamos que nuestro Congreso electo tenga los mismos valores y no se deje amedrentar ni comprar por tiranos”.

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