Perspectiva entrevistó a Javier Puente, un joven arquitecto especializado en seguridad industrial, quien es bombero voluntario. Galonista II en la Compañía 69, que se ubica en el kilómetro 16.3 de la carretera a El Salvador, Puente narra su experiencia como rescatista en la reciente tragedia que enlutó a Guatemala.

Según dice, se inició como bombero voluntario por el interés de aprender sobre técnicas de salvamento y rescate, y permanece en la compañía por pasión. En casi 13 años que lleva como voluntario de ese cuerpo rescatista, ha apoyado a las víctimas en todos los eventos desastrosos de los últimos años: Stan, Agatha, El Cambray, volcán de Pacaya, San Marcos y Santa Rosa.

En esta entrevista narra que la tragedia reciente es un fenómeno inédito en Guatemala y tremendamente destructivo. Sin embargo, afirma que en medio del desastre y el dolor han aflorado los mejores sentimientos de los guatemaltecos. “Quiero agradecer a mi comunidad y vecinos la pronta respuesta y la generosidad que han demostrado en este momento difícil”, dice.

Roxana Orantes Córdova

¿Cuándo y cómo comenzaron a movilizarse en su compañía?

Desde el lunes habilitamos en la estación de bomberos un centro de acopio para empezar a recolectar alimentos, agua y papel higiénico para llevarles insumos a los rescatistas.

Ese día no trabajé en el área de desastre. Participé en la recolección que se realizó en el centro de acopio y el mismo día salimos hacia la Compañía 14, en Escuintla, a entregar el donativo.

¿Cómo califica la respuesta de quienes se solidarizaron con las víctimas?

Fue impresionante. En el centro de acopio, recibimos hasta furgones con ayuda para los socorristas. En un momento dado nos indicaron que no lleváramos más agua ni alimentos.

¿Usted presenció el caso de “las botas derretidas”?

En la cercanía de la llamada Zona Cero vimos a varios socorristas con las botas literalmente derretidas, por el extremo calor del suelo, aunque ellos ponían tablas para caminar. Un instrumento de medición reportó 125 grados Celsius en la arena que estaba en la superficie.

Se tomó una foto de las botas y se hizo una publicación que circuló en las redes sociales, pidiendo botas de seguridad para quienes estaban trabajando en el lugar del desastre. A raíz de esto, recibimos varias donaciones. La primera que llegó fueron diez pares, aportados por Amanco/Mexichem Guatemala, que está ubicada en Palín. Tres gerentes de esa empresa se presentaron al lugar con el donativo.

¿Estuvo presente en la llamada zona Cero?

El martes acudimos a la zona del desastre, a través de la carretera RN 14. Los vehículos de los rescatistas se adentraron un tramo de unos dos kilómetros. A partir de ahí, el personal de rescate siguió avanzando hasta la zona de espera, donde se formaron 20 grupos a los que la Conred designó las áreas de trabajo.

Cada grupo estaba constituido por cinco rescatistas y trabajamos durante una hora cada uno. Me tocó en el número cinco de Bomberos Voluntarios, que revisó el área entre la una y las dos de la tarde.

Fue a las dos cuando dieron la orden de evacuación masiva, porque se determinó la invasión de flujo piroclástico. Alertaron de evacuación general. Todos los que estábamos en el sitio evacuamos hasta el restaurante Sarita, en Escuintla, donde nos reunimos.

En un caso como este, la evacuación es totalmente distinta a como se da en una empresa. El flujo piroclástico puede alcanzar una velocidad superior a los 200 kilómetros por hora. Consiste en materia gruesa de altísima temperatura y nubes de polvo.

Este material hirviente se desplazaba sobre el cauce de un río, de forma paralela a las personas que íbamos corriendo. Los socorristas y habitantes de algunas aldeas cercanas al Rodeo corríamos por la carretera. Fue entonces cuando se mencionó que la carretera sería bloqueada.

¿Todavía hay personas viviendo en El Rodeo?

San Miguel los Lotes quedó soterrada. En la aldea El Rodeo se ubicó el puesto de comando y todavía hay habitantes.  Por protocolo internacional, a las 72 horas se suspende la recuperación de cuerpos y se permite la entrada de maquinaria pesada. Ayer se retiraron algunas de las brigadas de rescatistas, luego de la evacuación.

En su experiencia como voluntario, ¿cómo califica esta tragedia?

Después de más de una década, donde he sido testigo y colaborador en rescate en fenómenos como el Stan, los sismos de San Marcos y Cuilapa, inundaciones y otros eventos naturales de consecuencias trágicas, puedo decir que este es un tipo de desastre sin precedentes en Guatemala.

Se trata de una ola de arena pulverizada y caliente, que no deja vacíos en los sitios que ocupa. Es extremadamente mortal. Las temperaturas alcanzadas por los objetos afectados fueron tan altas, que cuando los rescatistas sacamos una colchoneta para entrar a una vivienda, y la depositamos en el suelo, la colchoneta se incendió en llamas.

¿Quiere agregar algún dato o anécdota?

En primer lugar, agradecer a mis vecinos y comunidad por su respuesta, que desde el Cambray ha sido ejemplar. También a mis compañeros de la compañía y otros socorristas, porque fuimos varios, entre ellos compañeras bomberas que participaron, algunas en la recolección de donativos y por lo menos dos de ellas, en los rescates de la Zona Cero.

En este momento, los miembros de la Compañía 69 estamos haciendo un plan para reequipar a todos los rescatistas cuyos equipos resultaron dañados. Estamos reuniendo botas, guantes, cascos y otros insumos para equipar a los bomberos de Palín, Retalhuleu y la capital.

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