Por: Redacción

Documentos y testimonios de quienes lo conocieron dan fe de que Ríos Montt era una personalidad avasalladora que cultivó adhesiones y odios extremos. Tanto que su deceso motivó intercambio de argumentos en las redes sociales y un grupo de activistas aprovechó a manifestarse en la Plaza de la Constitución.


En el ámbito de las Organizaciones No Gubernamentales y pro Derechos Humanos, Ríos Montt es conocido como el símbolo de una contrainsurgencia dura que aplicó la política de “tierra arrasada” sin contemplaciones contra una población civil.


Según esta versión, el ex jefe de Estado de facto fue el máximo responsable del llamado genocidio ixil, tema que continúa dividiendo la opinión de los guatemaltecos, puesto que no se ha comprobado la intencionalidad de exterminar a la etnia ixil por parte del gobierno. Y el elemento que caracteriza al genocidio es la intención de eliminar a un grupo étnico.

Al mismo tiempo, es innegable que durante el conflicto armado interno se cometieron matanzas de población civil con una crueldad extrema, hechos que fueron documentados por diferentes informes e incluso en el llamado Recuperación de la Memoria Histórica (REMHI), se recuerda el caso de una aldea llamada Chacalté, donde la matanza fue cometida por la guerrilla.

En cualquier caso, en apenas quince meses de mandato, su gobierno estableció las bases del Estado actual, al redactar el llamado “Estatuto de gobierno” que poco después dio lugar a la Constitución Política de la República.

Aunque a Ríos Montt se le tilda de fascistoide, es un hecho que en 1974 fue presidenciable de la entonces coalición izquierdista y como Jefe de Estado de facto, en el Consejo de Estado que conformó, convergieron diferentes personalidades del mundo político, académico y empresarial, que van desde Jorge Serrano Elías a Oscar Clemente Marroquín y Raquel Zelaya hasta Ramiro Castillo Love, Víctor Benchoam y Juan Carlos Simmons, además de un grupo de representantes de los pueblos indígenas.  Uno de los logros de este grupo es haber dado vida al Tribunal Supremo Electoral (TSE).

Reacciones encontradas

El deceso de Efraín Ríos Montt a los 91 años genera diferentes expresiones, que van desde las demandas porque se mantengan vigentes los juicios de genocidio hasta el duelo de quienes admiraron al militar retirado y siguen manifestando su posición.

La diputada de Convergencia, Sandra Morán, expresa: “En primer lugar, lamento que haya fallecido antes de que se ratificara la condena por genocidio en su contra. Es importante mencionar que existió esa posibilidad, puesto que el fallo de la Corte de Constitucionalidad (CC) que suspendió la condena se dio por motivos de forma, no de fondo. Por otra parte, espero que otros implicados en genocidio y otras formas de asesinato durante el conflicto, también sean juzgados. Guatemala necesita cerrar sus heridas”.

En el otro extremo está la opinión del abogado Raúl Falla, quien menciona que el proceso por genocidio fue planteado por la entonces fiscal Claudia Paz y Paz, quien según indica Falla, es hija de un ex guerrillero. Esto, de alguna manera, pervierte la intención del proceso.

Por otra parte, señala el entrevistado que el fallo contra Ríos Montt se anuló a los diez días de emitido y enfatiza en que todo el proceso era espurio, puesto que Ríos Montt ya padecía incapacidad mental y es ilegal juzgar a una persona con esa condición.

La intención de estas personas y organizaciones era evidentemente declarar al país genocida, para obtener dinero de la comunidad internacional. Ante el llamado de Dios al general, que ya compareció ante él, a estos grupos se les acabó el plan”, afirma.

Los jóvenes militares y el general retirado

Un sociólogo que pidió no ser citado por su nombre, debido a la efervescencia de la situación derivada del deceso de Ríos Montt, recuerda que cuando se produjo el golpe de Estado el 23 de marzo, él era un joven oficial recién egresado de la Escuela Politécnica, donde Ríos Montt había sido director.

Era una época bastante dura. Los oficiales de grados altos, de mayor para arriba, gozaban de privilegios y cometían actos corruptos, mientras los más jóvenes servíamos literalmente como carne de cañón. Los oficiales de logística no proveían lo necesario y sufríamos escasez de lo más básico. La mayor parte de los muertos del lado del ejército éramos los oficiales jóvenes”, recuerda.

Según cuenta, fue contactado antes del 23 de marzo por militares que sustentaban una ideología que califica como “un ala moderada de centro izquierda” y encontraron en el general retirado una opción para conducir un gobierno que estaba en plena crisis. Sobre todo, estaban en desacuerdo con la forma en que Romeo Lucas García estaba manejando el conflicto armado interno.

No estábamos de acuerdo con su estrategia, que no contemplaba la cercanía con la población sino todo lo contrario. La población campesina era su enemigo. Además en ese gobierno se produjeron muchos asesinatos de líderes estudiantiles y sociales. Se culpó al ejército pero la realidad es que esos crímenes pesan sobre los cuerpos de inteligencia de Lucas García, la G2 y los grupos policiales”, afirma.

Este protagonista del golpe de Estado del 23 de marzo asegura que ese momento histórico marcó un parteaguas en el desarrollo del conflicto y señala que Ríos Montt actuó en busca de lograr la paz interna. “Para empezar, hizo varios llamados a la amnistía y también ejecutó políticas de beneficio, como Fusiles y Frijoles, que no era solamente cambiar a las personas sus armas por alimentos, sino incluían programas de salud y otros  beneficios.  Además, la creación de las Patrullas de Autodefensa Civil (PAC), fue un acercamiento con los pobladores”.

Según comenta, la estrategia de Ríos Montt “no tiene ninguna relación con los actos de genocidio que un sector le imputa y si algún error cometió fue vincular la religión con el ejercicio del poder”.

Los militares jóvenes sentimos un gran alivio cuando Ríos Montt aceptó la jefatura del Estado. Sabíamos que el trataría de ordenar las cosas, y efectivamente así fue. Aunque poco después fue sustituido por su ministro de la Defensa, puede decirse que su breve gestión sentó las bases del estado democrático que persiste en la actualidad”, concluye.

 

 

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