Por: Redacción

Hace más de dos mil años, en el imperio chino se comenzó a desarrollar la técnica de sembrar árboles en macetas o pequeños contenedores. Pronto, la práctica se convirtió en un arte que pasó a Japón, país que desarrolló esta combinación de técnicas de cultivo y principios estéticos.


Lograr un bonsái requiere seguir principios de diseño y conocer los diferentes estilos que se pueden dar a cada árbol: cascada, azotado por el viento, erecto y muchos más, así como los diversos tamaños que puede tener, desde el imperial, que se acerca al metro de altura y es el mayor, al mame, que no debe pasar de pocos centímetros.


En la antigua China se consideraba que cuidar y observar un bonsái era una forma de meditación. La leyenda narra que los chinos meditaban junto a un árbol, pero debido a la crudeza de los inviernos, los árboles quedaban fuera. Así surgió la idea de cultivarlos en macetas.

Actualmente, en muchos países existen grupos de personas que cultivan bonsái como una forma de arte. En Guatemala, aunque desde hace décadas existen personas amantes del bonsái, “hace aproximadamente quince años, no encontrábamos macetas ni insumos. Había existido una asociación nacional pero se disolvió y logré contactarlos. Ellos me prestaron algunas macetas, que utilicé como muestras para que ceramistas guatemaltecos comenzaran a fabricarlas”, dice Gustavo Adolfo Ramírez, quien este año inauguró la primera tienda de bonsái que ofrece la mayor parte de insumos para cultivar el antiguo arte.

Además, Estavios bonsái es un espacio donde quienes quieren aprender pueden recibir talleres y los que ya son expertos, acuden a compartir sus experiencias, narra Ramírez, quien cuando inició su emprendimiento no imaginaba que quince años después habría logrado incidir positivamente en el trabajo de ceramistas.

La cerámica nacional estaba en un momento de crisis y se me ocurrió proponer la creación de macetas especiales para bonsái, pero con material del país y diseños mayas”, recuerda. La idea fructificó y las macetas mayas de bonsái son un hecho, además de que varios ceramistas resultaron beneficiados.

De la internet al local comercial

Junto con los diseños de macetas, creadas para representar el bonsái guatemalteco, Ramírez implementó una página llamada Estavios Bonsai Guate. Según cuenta, el nombre deriva de un recuerdo de la infancia. “Mi padre se llamaba Gustavo, al igual que mi hijo y yo. El diminutivo es Tavo, pero cuando era niño, tuve un amiguito que no podía decir mi nombre y me decía Estavio. Cuando decidí el nombre de la página pensé que Estavios sería una buena decisión”.

La página se convirtió en un lugar interactivo, donde las personas comenzaron a expresar sus dudas sobre el cultivo del bonsái, a pedir consejos y también a comprar. En Guatemala faltaban muchos insumos y era muy oneroso importar, por ejemplo, la akadama, un material volcánico que solo se encuentra en Japón y sirve como sustrato al bonsái en aquel país.

Pronto, los amantes del bonsái hicieron sus pedidos a Estavios, y su propietario emprendió la búsqueda de un material nacional similar a la akadama. Su idea se basó en que somos un país volcánico y sería posible encontrar algo parecido, que por ser nacional tendría costo mucho menor.

En la mina de un amigo encontré la veta de un material nacional, que es muy parecido a la akadama japonesa. Con amigos especialistas de la USAC encontramos que tiene muchas propiedades parecidas a la akadama japonesa. En otros países el sustrato que se usa es akadama y kiryu, otro material de origen volcánico que solo se encuentra en Japón y del cual no hemos encontrado un sustituto chapín, pero seguimos buscando”.

Así nació la “akadama chapina”, un sustrato de muy buena calidad que se puede obtener en la tienda, ubicada en Plaza Lorenzo, 12 calle, 0-85 zona 9, segundo nivel.  Junto con las macetas, es uno de los insumos básicos para tener un buen ejemplar de bonsái. Además de estos, en el lugar se encuentran diversos árboles enanos.

Lo principal es la paciencia

Uno de los pioneros de este arte en Guatemala, Hermann  Engel (fallecido), solía decir, citando a su maestro chino, que no existen arbolitos feos ni bonitos, que lo importante es el arbolito vivo.

Y es que lograr que un árbol que puede alcanzar varios metros crezca sano y se desarrolle en el pequeño espacio de una maceta, es consecuencia del cuidado constante, pero también del conocimiento sobre las necesidades de nutrientes de esa especie, las podas correctas, los trasplantes a tiempo y el sustrato adecuado.

Para lograr un buen bonsái (como dicen los aficionados), es fundamental que la maceta tenga buen drenaje y el sustrato adecuado (que también garantiza el buen drenaje).

Por ello, las macetas de bonsái tienen agujeros para la salida del agua mucho más grandes que las macetas donde se siembran plantas decorativas. No se trata simplemente de recipientes pequeños, sino deben ser también creados especialmente.

Para evitar que el sustrato se salga por los orificios posteriores, los bonsaístas colocan una malla o especie de colador, al fondo de la maceta. Un buen sustrato para Guatemala es una mezcla de tierra para orquídeas con arena blanca, contaba Engel, quien llegó a tener cerca de cien arbolitos en perfecto estado y algunos de ellos, con edades tan avanzadas como 80 años.

El abono y la forma de aplicarlo, el riego, la defoliación (corte de hojas), la poda (corte de ramas y raíces), así como el diseño del ejemplar, son solo algunas de las particularidades de este arte jardinero que permitirán al ejemplar sobrevivir mucho tiempo y aún florecer.

Todo este conocimiento es ofrecido por Ramírez en los talleres que él y otros bonsaístas imparten en la tienda Estavios, que constituye una novedad, puesto que, exceptuando contados viveros que venden bonsáis ya logrados, es única en su género.

 

Total
207
Shares

¡Suscríbete a nuestro newsletter!

Información importante para ti

Al marcar esta casilla, confirma que ha leído y está de acuerdo con nuestros términos de uso con respecto al almacenamiento de los datos enviados a través de este formulario.