Reino Unido y su primera ministra, Theresa May, afrontan una jornada clave.  Después de una larga espera, los británicos por fin tienen una idea de lo que significará dejar de pertenecer a la Unión Europea (UE) mediante el llamado Brexit.

En la noche de este miércoles, luego de cinco horas de discusión con su gabinete de ministros, May abrió la puerta de su oficina en el número 10 de Downing Street en Londres y habló ante los medios.


Lo clave de su breve declaración fue que su gabinete había decidido apoyar un principio de acuerdo para el retiro de Reino Unido de la UE.


Pero no está todo dicho.  Un día después, el ministro británico para el Brexit, Dominic Raab, anunció en Twitter que dimitía porque no podía de “buena consciencia” dar apoyo al documento.

Al poco tiempo, la titular de Trabajo y Pensiones, Esther McVey, le siguió los pasos aduciendo que el borrador presentado por May “no honra los resultados del referendo”, según afirmó en una carta dirigida a la primera ministra.  El secretario de Estado para Irlanda del Norte, Shailesh Vara, también presentó este jueves su renuncia al cargo.

May enfrentó tres horas de preguntas en el parlamento británico, en su mayoría hostiles, tanto de parte de la oposición laborista como de sus copartidarios conservadores.  “El pueblo británico quiere que lo hagamos”, apeló May ante el Parlamento.

La retirada británica del bloque está programada para marzo de 2019. Sin embargo, hasta ahora no se tenía claridad sobre exactamente qué implicaría esa salida.  Desde que en junio de 2016 un 51,9% de los británicos votó en un referendo a favor del Brexit, Londres y Bruselas han estado negociando los términos del “divorcio”, cómo funcionará en la práctica y cómo serán las relaciones luego de la separación.

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, informó este jueves que los 27 miembros restantes de la Unión Europea están convocados para una reunión de urgencia el 25 de noviembre con el fin de “finalizar y formalizar” este acuerdo, según informó la agencia de noticias española Europa Press.

¿Qué dice el principio de acuerdo?

El borrador no es un acuerdo comercial con la UE, sino que recoge los términos en los que Reino Unido se retiraría de esta entidad supranacional el próximo 29 de marzo. Según el documento, al día siguiente comenzaría un periodo de transición de 21 meses durante el cual se negociaría el acuerdo definitivo.  En caso de no conseguirlo, el periodo de transición podrá ser extendido una única vez, siempre que ambas partes lo soliciten en julio de 2020 como muy tarde.

Los ciudadanos europeos que lleguen a Reino Unido antes de que acabe el periodo de transición (diciembre de 2020), podrán quedarse en el país y, si permanecen allí cinco años, podrán seguir haciéndolo de manera permanente. Las mismas reglas se aplicarán para los británicos en países de la UE.

Uno de los puntos que más polémicos era la frontera entre Irlanda del Norte (que forma parte de Reino Unido) y la República de Irlanda, ya que tanto Londres como Dublín querían evitar volver a tener una barrera visible con puestos de control y aduanas en ese límite de 500 kilómetros de largo.

Ambos gobiernos creían que esto pondría en riesgo el proceso de paz con el que se puso fin a décadas de violencia, cuando estaba activo el IRA (Ejército Republicano Irlandés), la organización armada que apoyaba la separación de esta región británica.

Por eso, el borrador incluye una cláusula de salvaguarda (backstop, en inglés), una especie de red de seguridad que se activaría si no se llega a ningún acuerdo definitivo. La cláusula evitaría que estos territorios volvieran a tener esa frontera palpable, pero obligaría a todo Reino Unido a permanecer dentro de lo que documento llama “un territorio de aduanas único”.

Esto significa que no habría tarifas aduaneras entre Londres y la UE. Pero también, que si los británicos quieren imponerle sus propias tasas a las importaciones de países extracomunitarios, estas no podrán ser más caras que las que la UE les cobra a esas naciones. Además, los productos deberán cumplir la normativa europea en materias como controles de calidad.

En este punto hay dos posiciones encontradas. Por un lado, están los partidarios del Brexit, a quienes no les gusta la idea de estar atados a las normas aduaneras de la UE. Por otro, están los parlamentarios conservadores del partido norirlandés DUP, aliados de los que May no puede prescindir y que no quieren que Irlanda del Norte tenga un régimen distinto al del resto del territorio británico.

A todo esto se suma el “acuerdo financiero” por el que los británicos deberán pagar el equivalente a una cifra entre US$39.000 y los US$44.000 millones por obligaciones contraídas antes de la salida del bloque.

La propuesta de acuerdo también plantea la protección de 3.000 “denominaciones geográficas” de productos, que incluyen el jamón de Parma, el queso feta, la champaña y el cordero de Gales (Welsh), entre otros.

¿Qué sigue?

A finales de noviembre se espera que se celebre una reunión de la UE para aprobar el documento. Pero luego de eso, May deberá enfrentar lo que podría ser la batalla de su vida: lograr que el Parlamento británico apruebe el acuerdo final.

Hay parlamentarios escépticos o abiertamente contrarios al Brexit y otros que son partidarios de una salida de la UE sin un acuerdo si este no satisface las exigencia británicas, lo cual podría dificultar su aprobación.  Si May no logra una votación favorable, Reino Unido entrará en territorio incierto.

Entre sus opciones estaría la de buscar una renegociación con la UE, posponer el día en que se hará efectivo el Brexit o incluso convocar otro referendo, algo que May ha descartado en repetidas ocasiones.

Fuente: BBC

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