Cuatro amigos que se reunieron para emprender un negocio tuvieron resultados sorprendentes… Esta es la historia que narra el empresario Ricardo Rodríguez Amado en su libro Creatividad. Dulces y amargas experiencias, considerado una guía para los emprendedores de cualquier edad.

Equipo editorial Perspectiva

Explorar oportunidades de negocios y seleccionar uno que les pareciera viable era el único objetivo que tenían Sonia, Alejandro, Juan Carlos y Ricardo cuando se reunieron por primera vez.

A las puertas del nuevo milenio, poco antes del año 2000, el grupo de jóvenes acompañado por Alejandro, avezado hombre de negocios y padre de Juan Carlos, realizaron esta reunión donde fluyeron las ideas. “Alejandro y Juan Carlos son muy creativos, generan increíbles ideas para negocios, por lo que necesitan alguien operativo que las ejecute”, dice el autor.

El primer factor para emprender, asegura Rodríguez, es la creatividad. Pero según afirma, aparte de ser un don natural, “cuando hablamos de la creatividad que se traduce en innovación es preciso tomar en cuenta tres aspectos importantes”:

  1. El conocimiento, determinante ya que para innovar hay que ampliar lo que sabemos o bien utilizarlo en forma diferente;
  2. Habrá innovación siempre que se obtenga un producto, proceso o servicio nuevo o mejorado;
  3. Innovación es sinónimo de conseguir éxito en el mercado.

Con estas premisas, el grupo de emprendedores inició la aventura de traer máquinas expendedoras de chicles al país, en una época en la que comenzaban a circular las monedas de un quetzal.

Según recuerda, conocían poco del negocio y una marca monopolizaba el mercado. No sabían dónde adquirirlas. En síntesis: “Teníamos una idea que nos parecía viable y mil dudas”, narra el autor, quien agrega que Sonia investigó todo lo necesario.

Investigar fue el segundo aspecto clave en este emprendimiento. “Decidirse a investigar implica romper esquemas, es decir, iniciar el proceso creativo desde nuestro interior, cambiando el procedimiento que hayamos utilizado e intentando uno nuevo que implique buscar información confiable respecto a lo que deseamos emprender”, comenta.

La investigación minuciosa les proveyó toda la información que necesitaban sobre el mercado local. Con estos datos pudieron realizar un mapeo de las zonas ya cubiertas y “establecer una estrategia para atacar el mercado potencial”.

Investigar les permitió también saber que la inversión valía la pena y, como dice Rodríguez, la investigación es una parte del proceso creativo que produce pensamiento estratégico “al movernos a realizar profundos análisis de datos, hechos, conceptos y teorías desde diferentes perspectivas”.  En conclusión, el autor afirma que la investigación es la base de la evolución y el desarrollo empresarial.

Basándose en la investigación y en el sentido común, el grupo decidió quedarse con un segmento del negocio: importar máquinas expendedoras de chicles y distribuirlas en diferentes puntos comerciales.

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Los siete pasos para considerar un negocio

El texto de Rodríguez Amado está construido de forma muy didáctica. Quienquiera desee emprender cualquier tipo de negocio, encuentra en este libro consejos para organizar sus ideas y ¿por qué no?, también el inicio de un emprendimiento.

El proceso para considerar un negocio consta de siete pasos que son:

  1. Brainstorming o lluvia de ideas de las opciones de emprendimiento. Delimita lo que deseas, lo que podría ser tu negocio, lo que quieres lograr, a quién se dirige tu producto o servicio;
  2. Consulta todas las fuentes de información posibles. En la historia del libro, Sonia inició su investigación buscando empresas que distribuyeran dispensadores de chicles en Guatemala. Librerías, bibliotecas e internet son buenas fuentes para investigar;
  3. Investiga a tus competidores y pregúntate qué es lo que están haciendo bien y qué podrían mejorar. Habla con sus clientes y sondea qué les gusta y qué no.
  4. Crea un perfil del cliente, delimitando edades, estado civil, ingresos y otros datos;
  5. Usa internet. Lee historias de vida de tus competidores, únete a foros especializados, indaga con tus competidores y a personas con experiencia en el negocio. Entabla lazos de confianza con tus posibles clientes;
  6. Define costos y realiza una proyección del movimiento financiero;
  7. Desarrolla y escribe un plan de negocios que marque objetivos para tu proyecto.

¿Quién no se ha equivocado?

Esta pregunta es el título del capítulo 9. En el transcurso del libro se narra cómo el grupo de amigos lograron importar de Canadá las máquinas expendedoras de chicles, que pronto fueron un elemento común en muchísimas tiendas y supermercados.

Sin embargo, el libro también aborda las equivocaciones que pueden cometerse al emprender cualquier negocio, lo que resulta útil para quien inicia con la inquietud de “convertirse en su propio empleador”.

¿Por qué insistir en temas como el fracaso, el error y el ridículo si lo que intento es motivarte a la creatividad y la innovación?, se pregunta el autor. Y su respuesta es: “Precisamente porque ser creativos es una aventura y como tal, implica ciertos riesgos, por lo que es importante desarrollar una actitud positiva frente a los panoramas poco alentadores. Ser visionario vale la pena, lo puedo asegurar, pero no es una postura fácil o cómoda”.

Según recuerda el autor, la socia más involucrada debía repartir su tiempo entre este y otros negocios. Aunque se reunían cada semana, “era evidente que necesitábamos alguien que se dedicara tiempo completo a la gestión”. Iniciaron el proceso de contratar un administrador: “Para nosotros fue un reto el tema de la contratación de personal. Y fracasamos varias veces, no me avergüenza decirlo, al contrario, fue toda una escuela de la que aprendimos muchísimo”.

Todos tenemos derecho a la equivocación, afirma Rodríguez. Y añade que cuando se le ha preguntado sobre la forma de desarrollar un emprendimiento sin fallar, su respuesta es compartir las diez mejores formas de equivocarse en cualquier nuevo negocio. “Esos errores que debemos analizar incluso antes de dar el primer paso a la inversión”. Analizarlos cuidadosamente nos permitirá emprender los sueños más innovadores sin temor, concluye.

Los errores más comunes de los emprendedores

Desarrollados por José Ernesto Amorós, importante investigador del tema, los errores más comunes al iniciar una empresa son:

  1. La fiebre del fundador y la pérdida de objetividad. Aunque estés enamorado de tu proyecto, siempre es bueno tener “un cable a tierra”;
  2. Escoger mal a los compañeros de viaje. El buen equipo es fundamental;
  3. Falta de orientación al mercado o público objetivo. Es imprescindible conocer a las personas dispuestas a pagar por el producto o servicio;
  4. Tener un foco. Carecer de estrategia competitiva lleva a muchos al fracaso;
  5. Despreciar a la competencia. Siempre hay competencia y las empresas más grandes pueden entrar al mismo negocio;
  6. Detectar la ventana de oportunidad y entrar al negocio en el momento indicado;
  7. Desconocimiento. Si no sabes cien por ciento de lo que se trata el negocio, hay que pensarlo mejor;
  8. No conocer la estructura de costos. Siempre es más costoso de lo que aparenta ser y siempre hay que vender más barato de lo que se tenía pensado;
  9. Empezar con recursos inadecuados. No siempre es dinero, a veces son personas, contactos e incluso tiempo;
  10. “El mal de piedra”. No es bueno querer tener todo construido y rápido. Una regla que no falla es: mejor alquilar que comprar y mejor tomar prestado que alquilar.

Dónde conseguir el libro

Creatividad: dulces y amargas experiencias se encuentra en Artemis &Edinter.

Costo: Q 110.00

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