María Alejandra Alquijay Aguilar

Por: María Alejandra Alquijay Aguilar

En la mayoría de organizaciones, los costos relacionados al reclutamiento, selección y contratación de personal suelen ser bastante elevados. Se invierten grandes cantidades de recursos en revisión de currículums, pruebas, entrevistas y la elección y colocación del talento correcto. Sencillamente, poder contar con personas excepcionales, lo vale. Sin embargo, en muchas ocasiones, se pierde de vista que para lograr los resultados deseados, no basta con la contratación de una excelente fuerza laboral sino contar con los sistemas de inducción necesarios que permitan al candidato familiarizarse correctamente con la cultura y puesto de trabajo. A su vez, le posibiliten conocer claramente las expectativas, objetivos y métricas que se tendrán. Con ello, ¿acaba el proceso? Por supuesto que no. Para mantener altos niveles de competitividad y crecer al ritmo que el mercado y las nuevas tecnologías demandan, será imprescindible hacer de la capacitación constante un hábito en la organización.


Tiempo atrás, los títulos universitarios y diplomados eran parte de los diferenciadores clave de un equipo de trabajo. Actualmente, es su capacidad de mantenerse a la vanguardia e incluso, anticiparse al mercado. Invertir en la capacitación del talento organizacional jamás debe ser visto como un gasto y mucho menos, innecesario.


Capacitar permite contar con colaboradores más competentes y capaces de reaccionar y tomar mejores decisiones con rapidez. Ello se traduce en un equipo de trabajo más motivado, rentable y con mayores posibilidades de lograr grandes resultados y ahorros en la organización. Lo que sí representa un costo es no capacitar el talento del que se dispone, el cual a pesar de ser bueno, puede frenar el crecimiento de una organización y afectar la moral del colaborador.

Las personas son el corazón y la mejor tarjeta de presentación de una organización. Así, a mejor capacitación y desarrollo profesional del equipo, mejor será la imagen y reputación que se construirá de la marca que se encuentren representando en cada caso. A su vez, los colaboradores con mayores oportunidades de aprendizaje se encuentran más comprometidos, satisfechos y dispuestos a realizar un mejor trabajo. Poco a poco, se convierten en mejores líderes que representan y forman con mayor facilidad a las nuevas contrataciones de la empresa.

Ahora bien, el proceso no consiste en capacitarse en cualquier área, sino, en campos que agreguen valor tanto al colaborador como a la compañía. Este proceso permite incluso prevenir accidentes de trabajo y reduce la necesidad de supervisión directa en las tareas asignadas. Mientras que un equipo de trabajo capacitado correctamente brinda flexibilidad a la organización, un equipo que se capacita inadecuadamente puede cometer errores de alto costo. Costos monetarios, baja productividad, insatisfacción y posible pérdida de clientes. Al finalizar el proceso, es valioso crear un plan de cómo se implementará lo aprendido en el día a día.

Sin duda, la capacitación es y será una de las herramientas e inversiones más rentables que pueda realizar una organización. Un equipo altamente competente buscará retarse y mejorar sus estándares de trabajo continuamente

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