Por Mauricio Garita

Conor McGregor es uno de los peleadores más conocidos en artes marciales mixtas de la Ultimate Fighting Championship. Luego de veinte peleas ganadas en cuadrilátero, se enfrentaba por el título a un peleador que llevaba 18 ganes y 10 pérdidas. Todas las apuestas llevaban a que Conor McGregor sería vencedor de nuevo y que Díaz perdería una pelea más. Las apuestas estarían equivocadas y Diaz terminaría sometiendo a McGregor y proclamándose campeón de la UFC.


McGregor aceptó la derrota y mencionó que la razón más se debió a que no estaba enfocado. Debido a su agenda con los agentes de publicidad, con los eventos sociales y otros temas de mercadeo, él dejó de entrenar. Se volvió suave. No tuvo el coraje que debió haber tenido. Inclusive mencionando que entrenar correctamente es una forma de respeto para sus rivales. McGregor entendió que enfocarse en lo importante era vital para conseguir resultados.


Fue así como seis meses después se volvió a enfrentar a Díaz en el cuadrilátero de la UFC. Esta fue una batalla épica en la que McGregor ganó por mayoría. Una excelente lección nos brinda McGregor sobre el enfoque. El pudo haberse enfocado en el rival, pero decidió enfocarse en lo que a él le faltó hacer. Pudo haberse enfocado en su derrota y no seguir. Pudo haberse enfocado en su record y entristecerse por los resultados. Pero su mayor decisión fue regresar a donde había comenzado, al gimnasio y de nuevo ir hacia delante con los retos para ganar de nuevo.

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