Por Marco Vinicio Mejía
Todavía no han convocado a elecciones generales y la mayoría de opiniones se dirigen hacia la política. La necesidad básica es el crecimiento de la economía. El interés fundamental es el desarrollo, para estar satisfechos con lo que somos y hacemos. La corrupción, el narcotráfico, la pobreza y el hambre son realidades que no pueden soslayarse. Es indispensable crear un clima de mutua confianza entre las entidades estatales y la población. La mediación no la han logrado los partidos políticos.


El escepticismo frente a los políticos, el desencanto y la indignación debemos canalizarlos en construir. Queremos mejores representantes, pero nos abstenemos de participar. Es aquí donde aparecen los emprendedores.


No es saludable continuar con una economía que crece a la sombra de privilegios y exenciones. Es indispensable ser emprendedores. El emprendedor es quien acomete y comienza una obra, un negocio o un empeño, sin arredrarse ante dificultades o peligros. En cambio, la categoría del empresario es más específica: se refiere a quien se encuentra al frente de una industria o un negocio.

Con este enfoque, guatemaltecos y guatemaltecas tendríamos la oportunidad de ser convocados a un esfuerzo nacional para retomar nuestro espíritu emprendedor. No se trataría de seguir los dictados de empresarios mimetizados de políticos sino de facilitadores de una ética social del trabajo. Mientras el empresario necesita legitimar la creación de riqueza, el emprendedor actúa con una actitud superior, en busca del bienestar para todos, que termine por beneficiarlo a él mismo.

En este punto, es fundamental que tanto gobernantes como gobernados aspiremos a pensar y trabajar como emprendedores, una especie de soñadores prácticos y apasionados, que disfrutamos del trabajo y nos sentimos orgullosos de estampar nuestro nombre en lo que hacemos. Nuestro país necesita de estos optimistas que despliegan energía positiva para superar los obstáculos. Emprendedores que crean en sí mismos y en los demás, solidarios y dispuestos a dar lo mejor de sí mismos. Pienso en aspirar a adquirir sólidos conocimientos contrastados con la experiencia de quien se asume como egresado de la universidad de la vida. Asumir este talante implica que todo emprendedor está destinado a ser empresario, pues no todo empresario es emprendedor si no antepone lo humano a lo material.

La consolidación de una cultura emprendedora conduciría a crear una nueva clase de empresarios en Guatemala, que propicien un sistema equitativo y promotor, en el cual las leyes protejan las inversiones e incentiven la creatividad, en lugar de acomodarse al sistema mercantilista y dedicar sus mejores esfuerzos a obtener los favores oficiales para constituir monopolios o garantizar privilegios.

La generalización de la pobreza ha generado la economía informal, negra o subterránea. La descomunal cantidad de marginados de la actividad productiva ha provocado una fuerte inmigración. La falta de seguridad física y legal se suma a un despegue económico que no termina de producirse. Si nos insuflamos de espíritu emprendedor, estaremos en mejores condiciones de crear y administrar empresas de todo tipo.

A pesar de la crisis, o quizás debido a ella, son cada vez más los guatemaltecos de entre 25 y 50 años que deciden iniciar su propia compañía. Saben por experiencia que la mejor forma de anticipar el futuro es construyéndolo ellos mismos, un desafío que debería extenderse.

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