Por Alex Castillo, Consultor en Imagen Corporativa

Sé que por nuestras actividades cotidianas no logramos asimilar la información que circula a diario, y muchas veces tomamos conciencia de la gravedad de los problemas hasta que nos afectan directamente. Es ahí cuando nuestra percepción cambia, al ver la gravedad de los temas que nos van a afectar más temprano que tarde.

Escribo estas líneas quizá ya un poco tarde, pero mi percepción individual y colectiva sobre la crisis ambiental que los guatemaltecos tenemos encima ya llegó a un extremo en el que disparó las alertas de mi responsabilidad social individual.

Tuve la oportunidad de documentarme con más profundidad y de observar noticias nacionales e internacionales que dan cuenta de la crisis ambiental que se vive en varias comunidades del departamento de Retalhuleu y en el océano Pacífico en donde está ocurriendo lo que algunos medios ya dominan como la ISLA DE LA BASURA, ubicada entre Guatemala y Honduras, en el Atlántico Norte de nuestro país.

En la primera noticia se habla de más de 13 kilómetros de basura (plástico, duroport, colchones, refrigeradoras y animales muertos) que tienen estancado el final de los afluentes de varios ríos, que implica que no se puede desfogar el agua dulce hacia el mar y que ha provocado que varias especies de peces mueran por la falta de las condiciones en el agua para su reproducción. Todo esto sin contar con que de eso viven varias familias pesqueras que aún habitan el lugar, teniendo en cuenta que la mayoría ya han emigrado porque se les acabó su principal fuente de alimento o de generación de ingresos.

En la segunda, se habla de 47 kilómetros de basura; sí, leyó bien, CUARENTA Y SIETE kilómetros que se encuentran en mar abierto y que ninguno de los dos gobiernos —ni el de Guatemala ni el de Honduras— se pone de acuerdo para extraerlos, ni siquiera para pedir préstamos o ayuda internacional para abordar rápidamente el tema.

Si esta situación se vive en estos dos lugares, ¿qué estará pasando en otros afluentes en Guatemala?, ¿qué estaremos comiendo por estos días si la situación está así?

Lo que más me preocupa como imagólogo es que no se está levantando en el país un corriente de opinión que afecte la percepción colectiva para que, desde diferentes sectores, aportemos a la solución de estos y otros problemas ambientales que más temprano que tarde seguramente se convertirán en humanitarios por todas las consecuencias que traen.

Desde mi perspectiva, Guatemala tiene encima una crisis reputacional tanto interna como externa en materia de su imagen ambiental, es decir, una percepción colectiva negativa sobre su ambiente y su resposabilidad como país, que generará una conducta de rechazo por parte de diferentes públicos. Esto puede afectar concretamente al turismo, y a todos los sectores que viven de ello, a la economía al disminuir el consumo de derivados del pescado y al ambiente de manera integral.

Es solo cuestión de tiempo para que el tema escale a un nivel tal que será demasiado tarde para que el gobierno, la iniciativa privada y la ciudadanía, todos, podamos revertir las consecuencias ambientales y las percepciones negativas que se puedan desprender de esta crisis.

Urge que todos tomemos una mayor conciencia de nuestras acciones, pues estamos afectando negativamente la fauna y la flora de los ecosistemas que tiene el país, aunado a que estamos dando una imagen de país lamentable, además de las crisis que nos afectan diariamente como país.

Ponernos en acción oportunamente permitirá opinar favorablemente sobre lo que se está haciendo y permeará positivamente nuestra percepción respecto de que ya no podemos seguir postergando este tema, antes de que ahora sí sea DEMASIADO TARDE.

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