Por Mauricio Garita 

Siguiendo mi columna del viernes pasado, continúo analizando la increíble obra de Benjamin Hoff sobre el Tao de Pooh donde analiza el taoismo y lo compara con las historias del Oso Pooh. La columna de hoy se centra en la siguiente frase del libro:

La esencia del bloque sin tallar, es que las cosas en su simplicidad original contienen su propio poder natural, poder que se arruina y pierde fácilmente cuando se cambia esa simplicidad

La razón para la que escogí esta frase se basa en la belleza y el poder de la simplicidad. La simplicidad la encontramos en los elementos naturales, por ejemplo en el agua. El agua es pura en su esencia, como en un río. Esta no se cuestiona, no se mortifica, no se aturde.

Si el agua encuentra una roca, la sobrepasa, se mantiene empujando, rompe y despedaza. El agua puede estar quieta pero esto significa su propia muerte, su contaminación, su desaparición. El agua se separa pero se vuelve a unir. Esta es la simpleza de la que nos habla Benjamin Hoff. Lo anterior me recuerda a la magnífica cita de Bruce Lee:

Debes estar sin forma, sin forma, como el agua. Cuando viertes agua en una taza, se convierte en la taza. Cuando viertes agua en una botella, se convierte en la botella. Cuando viertes agua en una tetera, se convierte en la tetera. El agua puede gotear y puede estrellarse. Hazte como el agua mi amigo

Y es por frases como la anterior el porque de los estoicos y la naturaleza. La naturaleza contiene la sabiduría que no podemos encontrar en un libro, en otra persona pero que podemos encontrar en nosotros mismos. ¿Cómo podemos encontrar esta sabiduría en nosotros mismos?

El camino puede parecer complicado pero es sencillo: Deje de llenarse. Deje de llenarse de preocupaciones, de metas que no son suyas, de dilemas, de inacción. En su contraposición el consejo sería: Vaciése. Esta máxima es una de las máximas de la educación cuando se dice que para ser educado primero debemos de desaprender lo que hemos aprendido. La vida también tiene estas lecciones.

En mis años de coach me he encontrado con el mismo reto, que a su vez es un reto personal. ¿Cómo desaprender para vaciarme? Cuanto resentimiento acumulamos y llevamos en nuestra vida, cuánto enojo, cuánta soledad, cuánto dolor, cuánta enemistad. Es que para volar necesitamos ser más ligeros. Para correr más rápido necesitamos ser ligeros. Para soñar necesitamos ser ligeros. Para amar necesitamos ser ligeros. Esto es vaciarse.

Pero no, tomamos el camino contrario. Buscamos en lo externo una forma de llenar algo que no debe de ser llenado. Hacemos preguntas con respuestas equivocadas y confiamos en que más, más, más, es el camino de la mejora. La respuesta es sencilla, siempre es menos.

Por eso vaciemos. Como el agua, dejemos ir los fragmentos una vez nos unimos a la mar. Seamos más adaptables y menos rígidos. Caminemos hacia una vida más feliz a través de dejar nuestros complejos, nuestras percepciones erróneas. Aceptemos que las respuestas son internas, que no existe tal cosa como la culpa. Que al final, la única respuesta es la acción.

Una forma de vaciarse hacia los demás se basa en un de Ram Dass que es básicamente simple. Ram Dass pensaba en las personas como en un árbol.¿Por qué? Porque cuando vamos caminando en un bosque no juzgamos a los arboles. Están aquellos que crecen torcidos, los que tienen pocas hojas, los que tienen muchas hojas, los que les falta tronco, los que le sobra, los que tienen color y los que no tienen color. Lo curioso es que no los juzgamos, no les decimos a los árboles que son desagradables, que son incómodos, que son desaliñados, que no deberían de estar ahí. Al contrario los aceptamos y los admiramos.

¿Por qué? Porque tenemos vacíos los prejuicios hacia un árbol. No tenemos un forma de criticarlos porque no nos implica una lucha contra nuestro ego. Es cuando convertimos a la persona en una enemistad, cuando llenamos de odio, de envidia, de resentimiento que comenzamos a llenarnos. Llegamos al punto de ahogarnos, ahogarnos tanto que nos da angustia. Sí, se nos angosta parte de la respiración. Estamos llenos, nos asfixiamos, nos sentimos ahogados.

Entonces, ¿cuál es la forma de dejarse de ahogar? Salir de donde se está ahogando y respirar. Vaciar los pulmones y volverlos a llenar con algo nuevo. La naturaleza es sabia y también podemos serlo nosotros.

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