Por Alex Castillo, Consultor en Imagen Corporativa

La Imagen Pública es dinámica, se transforma según el contexto y las circunstancias que rodean al proceso de estimulación que se debe implementar para conseguir objetivos personales o institucionales. Así, las condiciones en las que se presentan las comunicaciones del siglo XXI nos están indicando que, para que las audiencias le crean a una persona, político, marca o empresa primero consideran si ese ente es LEGÍTIMO para desenvolverse en un ámbito específico.


En este orden de ideas, he podido constatar, desde la Consultoría en Imagen Pública, que esta disciplina estratégica no solo se trata de comprender cómo las audiencias están percibiendo a una determinada persona o empresa, sino también de establecer cuáles son esos factores que utilizan para creer y confiar en ellas. Uno de esos factores de peso que he identificado es precisamente la LEGITIMIDAD.


Así, la abundancia de propuestas, productos, empresas, comercios, marcas, etc., se han concentrado en “mercadear”, es decir, en estar presentes en el mercado y, más aún, en comprender cómo se comporta la mente del consumidor para, según ellos, saber más a profundidad qué es lo que el cliente quiere o cómo reacciona ante un determinado producto.

Los últimos análisis que he realizado dan cuenta de que para que te crean ya no solo basta con existir, sino se tiene que avanzar en la estrategia para constituirse en un ser social LEGÍTIMO, es decir, ser y estar conforme a las leyes y normas que un determinado grupo social establece para su funcionamiento.

Esto nos indica que las personas y las empresas deben estar sincronizadas con los valores sociales, con el sentir social de un determinado mercado.

Por eso comprender a ese mercado pasa por identificar a qué ideas, costumbres o prácticas se le atribuyen legitimidad para que las empresas las ejerzan y así el público considere que dicha propuesta comercial coincide con la cultura de su propio colectivo y que, como resultado, la propuesta se vuelva deseable o adecuada para un sistema social que los consumidores construyen a diario.

Entonces, cada día tenemos que evaluar si nuestra apuesta comercial refleja nuestros valores y normas y estos coinciden con las expectativas de la sociedad, para que nuestro accionar se LEGITIME constantemente y tenga un espacio en las mentes y corazones del público.

Al respecto, algunos autores concluyen que la LEGITIMIDAD funciona como un control social, pues un personaje o empresa necesita de la sociedad para ser legítimo, es decir, estar en consonancia con una comunidad que se constituye en la razón por la que se actúa.

En este marco, propongo una modificación a la definición de imagen pública con la finalidad de comprender la simetría que existe entre legitimación, credibilidad y confianza en el manejo de las percepciones de una persona, empresa o país en el siglo XXI.

La nueva propuesta quedaría así:

“Imagen Pública es la percepción general que comparte el público objetivo acerca de la LEGITIMIDAD (nuevo aporte) de una marca, producto, persona, empresa, institución o país, misma que provocará un juicio de valor u opinión y que le motivará a adoptar, ante estos, una determinada conducta de rechazo o aceptación”.

Lo que busca esta modificación es darle al PRESTIGIO el peso que tiene como el mayor juicio de valor que la sociedad ejerce sobre una persona, empresa o país, cuando evalúa lo que estos últimos dicen y hacen por sus colectivos.

Por todo esto, considero que la legitimidad en la actualidad se constituye en ese ENCLAVE mediante el cual se puede medir la aceptabilidad de los estímulos, mensajes, propuestas y proyectos que una determinada persona o empresa implementa para ser aceptada, reconocida, legitimada y apreciada por un determinado mercado, tomando como base lo establecido en la pirámide de Maslow en cuanto a la importancia del factor de reconocimiento de uno mismo y de los demás.

Así, siguiendo estos parámetros, las personas, las empresas y los países podrían utilizar todas las ventajas que ofrece la Imagen Pública, tal como lo dijera Álvaro Gordoa, imagólogo mexicano, “para que les gustemos y el público nos quiera”.

 

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