Por: J. Roberto Dardón L.

Con la entrega anterior, y las que seguirán, me pongo al día con el respetable público lector, sobre aquellos viajes de aquel joven escocés —sediento de aventuras de diversa naturaleza— cuando se atrevió a visitar nuestras naciones centroamericanas, estando estás en su etapa formativa, o sea “en pañales”.


Luego de algunos inconvenientes durante su llegada a la ciudad de Guatemala a principios de 1847, Dunlop logró magníficos contactos para hacer vida en sociedad que le permitió acceder a los círculos más importantes de la época. De esa forma, tuvo el tiempo para recorrer aquella urbe a medio terminar; y fiel a su espíritu inquisidor, indagando sobre su desenvolvimiento e historia.  


Asi transcurrieron algunas semanas, antes de sentir nuevamente la inquietud por explorar los espléndidos colosos que tenía ante sí, que se contemplaban por el rumbo hacia la costa Sur y el Poniente del valle de la Ermita.

―Entorno de la “vieja” Guatemala―Aguas volcánicas―Volcán de fuego―

“El 25 de marzo de 1847 visitamos la vieja capital de Guatemala, parcialmente arruinada por un terremoto muchos años atrás. En aquella ocasión fui amablemente recibido por el doctor [Stephen H.] Weems, el vicecónsul general de los EE. UU., ya que el Sr. Skinner me envió una carta de introducción.”

Aquel americano me mostró la parte principal de aquella ciudad, para luego llevarme a visitar —en horas del ocaso—, una finca de cochinilla ubicada en el pueblo llamado ; a una distancia de tres leguas ―o sea, casi quince kilómetros―, que pertenecía un inglés de apellido Wild, con quien permanecimos toda la noche.”

Aquella propiedad es de corta extensión, ya que no pasaba de las treinta manzanas, o más o menos cincuenta y cinco acres imperiales —unas diez y ocho hectáreas actuales—. Aunque la calidad [de su producto] no es muy buena, Mr. Wild logró hacer algo de dinero durante los últimos seis años, desde que emprendió aquel negocio.”

“La vieja Guatemala está situada en un profundo valle, teniendo solamente una abertura hacia el Sur—el camino costero por Alotenango—. Está rodeada en sus demás costados por montañas elevadas y; a cada lado se elevan enormes picos volcánicos. El denominado como volcán de Agua   se encuentra al Suroriente [de la ciudad] y el de nombre volcán de Fuego  [al Surponiente].”

“Al pie del volcán de Agua, a dos millas—algo más de tres kilómetros— de la vieja Guatemala […], se encuentra una aldea minúscula con su iglesia, que en algún momento perteneció a un monasterio de mayor envergadura. Fue allí donde se erguía la ciudad original, [que] fue casi totalmente destruida por un raudal de agua. Aquel escapó apresuradamente [según la tradición] del volcán [hace más de trescientos años].”

“[Lo hizo] con tal violencia que anegó todo lo que encontró a su paso, lanzando previamente a la inundación inmensas piedras, árboles y montones de tierra. Desde entonces aquel volcán adquirió su nombre, suponiéndose que expulsó agua en lugar de fuego. Pero el hecho es que, aparentemente, el viejo cráter estaba lleno de agua, a cuya presión hizo que colapsara uno de sus costados destacando lo ya descrito.”

Llegado a este punto, es prudente hacer una breve digresión. Según estudios recientes, basados en información geológica y análisis lingüístico sugieren que, en lugar de una correntada de agua proveniente del cráter volcánico, en realidad lo que ocurrió en aquellos lejanos tiempos fue la licuefacción del suelo en algún momento crítico de la época lluviosa. Pero dejando a un lado estas reflexiones de los eventos de 1541 (que algún día podré comentarles con datos de primera mano), continuaremos con las impresiones de Dunlop a mediados del siglo XIX sobre el tema:

“Aquella catástrofe ha dado lugar a noticias fabulosas en Europa. Uno de los trabajos científicos más exitosos, publicados recientemente, afirma que el sitio de la urbe primitiva ahora está ocupado por un lago. [No obstante, la realidad de todo aquello] está muy lejos de los hechos, puesto que no existe ningún lago [en aquel lugar]; [siendo el] más cercano el [conocido bajo el nombre] de Amatitlán , situado a veinte millas—o poco más de treinta y dos kilómetros— de distancia.”

“El paraje de la ciudad vieja es bastante alto, siendo notablemente seco y libre de agua estancada. El volcán de Agua a menudo ha sido ascendido por nativos y extranjeros. En la medición realizada por un [erudito de origen] alemán, hace algunos años, se [estima que su elevación sea de] 14,450 pies —según aquel cálculo son 4,404 metros, aunque el volcán realmente tiene 3,760 m— sobre el nivel del mar.”

Sin embargo, a partir de aquí Dunlop asevera suposiciones que, por lo visto, no le constan. Si nos ciñéramos a su versión exclusiva de los hechos, en apariencia los tomaríamos como descabellados y ficticios. Pero da la casualidad de que no dejan de tener algún grado de veracidad. Me atrevo a otorgarle el beneficio de la duda, ya que existen referencias muy parecidas y documentadas a los hechos que se sigue a continuación. Estos tienen una profunda semejanza a lo escrito más de ciento cincuenta años antes en la Recordación Florida del cronista guatemalense Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán:

Su cima parece estar casi tocando la región de las nieves perpetuas y el lago de agua que llena el cráter externo se congela en los meses de diciembre, enero y febrero; cuando los indios de los pueblos vecinos ascienden [a su cráter], para buscar hielo y escarcha; que cae tan pesadamente como para asemejarse a la nieve. [Aquello se usaba] para suministro de la capital, la Antigua Guatemala  y Amatitlán, durante la época en que la temperatura promedio al pie de la montaña era de 75 a 80°F ―o sea, entre casi 24 y 27°C―; mientras que, en la costa, en la misma latitud [la temperatura llevaba a ser] más de 90°F ―poco más de 32°C―.”

Dejo al respetable publico lector para que investigue y saque sus conclusiones sobre cuanto ha cambiado el clima de aquel tiempo para esta fecha. Pero para darle continuidad al relato, sigo compartiendo esta traducción libre.

[Este volcán] se encuentra a sólo cinco leguas de distancia―según el cálculo algo más de 24 kilómetros, aunque realmente sean poco menos de 16 km―, del llamado Volcán de Fuego. Parecen que hay razones para creer que el volcán [de Agua] haya quedado inactivo antes de que el otro comenzara su [ciclo eruptivo]; pues resultaría imposible […] que ambos respiraderos volcánicos [tuvieran un origen simultáneo], uno tan cerca del otro. [Otra razón que lo confirmaría es que] no se ha observado ningún aumento en la altura del volcán de Fuego, que haya [quedado registrado] dentro del período histórico.”

El volcán de Fuego nunca ha sido ascendido por persona alguna y la inclinación de su cono ―que está cubierto de cenizas semejantes a la arena fina― hace, se dice, que tal proeza sea improbable. Por lo inquieto de aquel monte, siempre está emitiendo una guirnalda de humo desde su cumbre más pronunciada, en donde parece hallarse su cráter.”

“Pero con todo, no parece existir tradición de haberse producido erupción alguna [en el pasado], ni podría darse alguna sin que destruyera a la Antigua Guatemala y otros pueblos situados en sus faldas”.

“Aun así, la continua expulsión de humo muestra que su ímpetu [ígneo] aún se conserva activo, lo que es [muestra segura que] pueden volver a estallar con una violencia tremenda. [Aquello se] demuestra con las inmensas masas de piedra vitrificada, arena volcánica y lava, dispersas por todo el entorno a muchas leguas a la redonda; por lo que es un hecho que, tales sucesos hayan ocurrido en edades remotas.”

Luego de lo anterior, encontramos un comentario que llamó mi atención. Teniendo presente que al menos durante los últimos tres cuartos de siglo, hubo al menos tres eventos vulcanológicos de gran magnitud (los de 1959, 1974 y 2018), lo siguiente no deja de ser curioso e irónico a la vez:

“La inmensa altura [del volcán de Fuego] y la posición inaccesible de su cráter, hacen que el examen [bajo la óptica científica] sea impracticable. Incluso una ligera erupción difícilmente podría distinguirse a la gran distancia, por debajo de la cual se encuentran los pueblos más cercanos.”

(Continuará)

 

 

 

 

 

 

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