Por María Renee Estrada

Las buenas prácticas, las buenas ideas y las buenas experiencias deben analizarse profundamente para considerar su aplicabilidad y adaptación al contexto local. En la mayoría de ocasiones no es necesario inventar el agua azucarada. Y es que al final el problema no es la falta de ideas, sino la falta de voluntad para implementarlas.

Tal y como indica el Voluntad política, “La gestión de los desechos sólidos es un problema universal que atañe a todo habitante del planeta. Y con más del 90 % de los desechos que se vierten o queman a cielo abierto en los países de ingreso bajo, son los pobres y los más vulnerables quienes se ven más afectados.”

Según el reporte What a Waste del Banco Mundial, aproximadamente el 44% de desechos a nivel mundial son orgánicos, el 17% es papel y cartón, el 12% es plástico, el 5% es vidrio y el 4% es metal.

El reporte aglutina información muy interesante y útil sobre la crisis de la gestión de los desechos sólidos, y también presenta algunos casos de estudio que nos permiten conocer qué se ha hecho en distintos países para empezar a resolver tal situación, como, por ejemplo: Alianzas público-privadas, colaboración entre sector público y cooperación internacional, y triangulación entre sector público, sector privado y sectores informales de reciclaje.

Uno de los ejemplos que resulta interesante es el sistema de recolección de basura en Taiwán, China. A fines de la década de los ochenta, el gobierno taiwanés decidió transformar su sistema de residuos mediante la implementación de pautas y regulaciones estrictas, además de promover el reciclaje. Hoy, Taiwán se posiciona como líder con una tasa del 55% de reciclaje en 2015. Un componente clave de su estrategia integral ha sido motivar la participación de la comunidad a través de camiones de basura “musicales”. Estos camiones, además de llamar la atención y tener un efecto pavloviano con sus melodías populares, solo aceptan bolsas de basura autorizadas oficialmente por el gobierno de Taiwán, las cuales vienen en un color azul distintivo y un sello oficial del Gobierno.

Tal y como explica el podcast de 99% Invisible: “Las bolsas varían en precio y tamaño, desde 3 litros hasta 120 litros. La bolsa más popular es de 25 litros (similar a un pequeño contenedor de basura del baño), que cuesta alrededor de $5 por un paquete de 20. Esto efectivamente hace un modelo de pago por desperdicio, incentivando a los ciudadanos a reciclar y compostar tanto como sea posible, ya que esos servicios se ofrecen de forma gratuita. Los camiones de basura musicales son seguidos por un camión de reciclaje, en el cual los trabajadores ayudan a los residentes a clasificar sus materiales reciclables y compost en trece contenedores distintos. Si las personas no clasifican sus materiales adecuadamente, el gobierno los multa con hasta $ 200.

El caso de Taiwán presenta tres estrategias importantes: coordinación, lineamientos e incentivos por parte del Gobierno (voluntad política) y la colaboración (voluntad) de la ciudadanía. Sumado a esto, la incorporación de un elemento lúdico (la música) que funciona como una herramienta de aprendizaje pavloviana (condicionamiento clásico).

Los problemas de fondo, además de una propuesta técnica eficaz, necesitan consenso y voluntad de todas las partes interesadas. Necesitan también aglutinar los intereses personales y sociales, para poder trascender la burbuja individualista.

Taiwán es uno de muchos ejemplos que Guatemala puede seguir, ¿qué tan dispuestos estamos en tomar decisiones para beneficio del país?

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