Por Mauricio Garita

Siempre hemos escuchado sobre el lado oscuro, esa parte de nosotros escondida, que no quiere ver la luz, que no debe se aceptada, y más aún, que no debe ser amada. El las tribus indio-americanas existe la leyenda de que dos lobos están en constante pelea, uno de luz y uno oscuro, y que depende cual se alimenta, este ganará.


Otro ejemplo usual es el yin y el yan, ese balance perfecto entre la armonia de lo negro y lo blanco, de la luz y la oscuridad. Pero, detengamonos por un momento a observar este lado oscuro. El lado oscuro tiene un aprendizaje que se deja aparte, que se olvida, que se trata de encerrar bajo llave porque nos aflije la visión de él. Nos acongoja saber que no somos perfectos, que a veces nos hemos quebrado. Y cuando el lado oscuro de la alguien más sale a la luz, lo criticamos desde una visión de perfección, si saber que en cualquier momento podemos ser nosotros los que estamos en el otro lado, o más cercano aún, tal vez allí estemos.


Lo anterior sigue para proponer lo siguiente, esta idea reflejada en el budismo como el cristianismo de entender que la luz y la oscuridad pueden ser una misma. Existe una historia en el budismo de un monje que iba caminando con sus amigos cuando de repente, escucha a un perro ladrar. A pesar del enojo del perro el monje y sus amigos notan que el perro se encuentra amarrado. La preocupación se queda aparte por un momento hasta que, al caminar unos metros, se escucha el romper de la cadena. El perro con su furia corre para embestirlos y los amigos del monje corren alejandose del perro. De reprente los amigos se voltean a ver y no encuentran el monje, miran hacia atrás y ven al monje correr hacia el perro. El perro, al ver al monje correr hacia él, corre para alejarse del monje. La anterior es una analogía sobre nustro lado oscuro.

Nuestro lado oscuro son los miedos, los enojos, los rechazos, la tristeza entre otros sentimientos que pueden llegar a destruirnos, lo importante es que pueden y no que deben. Por más que tratemos de no adentrarnos a la tristeza, por más que tratemos de decir que todo estará bien, no superaremos a menos que entremos en esas emociones para entender lo que está sucediendo. En términos de esto existe una frase de Séneca que decía que el hombre sufre más en imaginación que en realidad. A menos que enfrentemos nuestro lado oscuro, este puede destruirnos, lo único que se requiere es valor.

Pero lo más importante es que en los viajes para enfrentar a lado oscuro, no deben de transitarse solos. Es allí donde se descubre la compasión, la empatía, la verdadera amistad, el amor perenne y sobre todo a uno mismo. Estas lecciones son las recompensas de los valientes, de aquellos que se animan a ir más profundo para salir victoriosos.

Así que, más allá de temer el lado oscuro, invito al enfrentamiento del lado oscuro. Estas luchas despertarán más de una lección y no serán fáciles, pero una vez atravesado la recompensa es mayor. ¿Acaso no es de esto de lo que hablaba C.S Lewis en Narnia o Tolkien en El Señor de los Anillos? Al final, es sólo una reflexión.

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