María Alejandra Alquijay Aguilar

Por: María Alejandra Alquijay 


Tú, ¿qué camino prefieres seguir?

Mucho se ha escrito acerca de la clave del éxito en el ámbito laboral. Pareciera ser que a mayor trabajo, mejores serán los resultados y las posibilidades de vivir más feliz y satisfecho consigo mismo en el largo plazo. A simple vista pareciera ser una receta fácil; sin embargo, llevada al extremo, es capaz de provocar resultados perjudiciales, tanto para el empleado como para la empresa.

En más de algún momento de nuestras vidas, todos hemos sido presos de nuestro trabajo, ya sea por un exceso de carga laboral, una mala administración de nuestro tiempo o bien, un continuo deseo por querer realizarlo todo. De ser así, muy probablemente existirá un desbalance en alguna de las áreas clave de nuestras vidas. Por lo general, en el área familiar o social. En este escenario, es característico considerar que el trabajo es la principal o bien, la única prioridad en la vida perdiendo de vista que el trabajo es un medio pero no un fin en sí mismo.

Comúnmente, las personas más competitivas en el terreno laboral son quienes tienden a inundarse de más y más tareas, no sólo por decisión propia sino por una mayor exigencia de sus superiores. Para muchos, renunciar a ciertas tareas es un signo de debilidad e incluso mediocridad, sin embargo, puede ser todo lo contrario. Renunciar a ciertas tareas no implica dejar de ser comprometido, dedicado, y orientado al trabajo y esfuerzo constante, ello es fundamental para obtener grandes resultados. Lo que se busca es evitar convertir el trabajo en un vicio que provocará mayor estrés, angustia y frustración en el empleado, un rendimiento menor e incluso, una mayor rotación de personal para la empresa. Para ser excelente en lo que se hace, no necesariamente se debe abarcar todo.

En mi opinión, el trabajo debe ser una fuente de desarrollo, bienestar y realización tanto personal como profesional. La vida es muy corta como para tener un trabajo equivocado o bien, tener el trabajo correcto pero desempeñarlo equivocadamente. Es esencial conocerse a sí mismo para poder así hacer el mejor uso de los conocimientos, talentos y habilidades propios. Vivir para trabajar puede permitir lograr grandes resultados en el corto y mediano plazo, viendo el trabajo como una fuente de acumulación de riqueza. Sin embargo, en retrospectiva, puede resultar en un vacío emocional. Un vacío por haber perdido momentos que jamás podrán ser recuperados y a los cuales, jamás se desearía haber renunciado. Momentos que ni el dinero ni ningún reconocimiento podrán compensar.

Por supuesto que en el camino es necesario realizar ciertos sacrificios; sin embargo, no por ello debes esclavizarte haciendo del trabajo tu única prioridad. La vida es más que trabajo y sin darnos cuenta, podemos consumirnos poco a poco en un círculo vicioso. Es más, podemos tender a verlo como que si fuera algo normal cuando en realidad, no lo es ni es sano hacerlo. Si trabajas para vivir, el trabajo se convertirá en una plataforma para lograr todo lo que desees, ya sea comprar una casa o un carro, acceder a una mayor educación, viajar continuamente, brindarle un mejor futuro a tus hijos; en fin, las oportunidades serán infinitas. Sobretodo, disfrutarás más lo que haces y te gozarás más a las personas a tu alrededor.

¿Vivir para trabajar o trabajar para vivir? Mismas palabras con significados completamente distintos. Depende de tí cómo desees vivir.

 

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