El Chelsea no juega, gana. Y volvió a hacerlo en otra final, su tercer título europeo de la década, así como quien no quiere la cosa y en contra de la corriente más popular: cambiando de entrenador y de estilo cada dos por tres. Antes de saberse exactamente qué es lo que quiere Maurizio Sarri de los suyos y quizá como despedida, ganó al Europa League con un Eden Hazard espectacular y efectivo.


El Arsenal basó sus ataques en aprovecharse del espacio que quedaba en las bandas porque los laterales (Emerson y Azpilicueta) debían apoyar a sus centrales, acosados por los dos arietes rivales. Así fueron llegando las medias oportunidades: un chut de Xhaka, un balón largo para Lacazette al que casi llega, un centro de Aubemayang al que casi cabecea un compañero.


El Chelsea, que quiso entrar por dentro, necesitó de la precisión en los pases y Hazard para llegar al área rival. Del mismo modo que un camarero preparar concentrado un cocktail con malabarismos incluidos, el Arsenal seguía el plan previsto. El Chelsea era el cliente que se lo mira todo con cierto escepticismo esperando un mal gesto. Tic, tac, Hazard ofrece un golpecito mágico y ocasión de Emerson. Tic, tac de nuevo, un pase del belga deja a cinco del Arsenal atrás y la pared entre Jorginho y Giroud necesitó de otra mano fuerte de Cech. El cliente amenazaba con tocar el brazo del camarero en el momento más inoportuno y estropearlo todo.

Y justo después del descanso le dio el empujoncito que le desequilibró. Tras un discreto centro desde la izquierda de Emerson, el cabezazo de Giroud entró lamiendo el poste y abrió la lata. Aunque no lo celebró, era para hacerlo: su onceavo tanto en catorce partidos en la competición. Ante el rival ciudadano. Un momento que cambiaba una final europea.

Para entonces se había ajustado el Chelsea: Kovavic y Kanté apoyaban a los laterales y por banda el Arsenal ya no encontraba petróleo. Y ahora con el resultado a favor, el club más resultadista se encerró alrededor de su área.

Antes de la hora de partido, Jorginho robó el balón en una salida rápida de Maitland-Niles. Kovacic y Hazard aprovecharon la aventura del lateral derecho para atacar esa banda. Los desajustes son alimento para los listos. El belga dio un paso atrás para que el que aparece siempre en las finales, Pedro, rematara con la zurda. Luego llegó el penalti a Giroud, inocente de nuevo MItland-Niles. El tercer tanto fue de Hazard y también el cuarto.

Poco después Torreira fue sustituido y lloraba de camino al banquillo. A lágrima viva. Para los uruguayos, ya se sabe, una final perdida es una pequeña muerte. Le sustituyó Iwobi que provocó una falta que acabó con un gol suyo desde fuera del área y dio para descubrir la personalidad de los participantes. El Arsenal, el día de la despedida del veterano Cech, se mostró inocente. Y el Chelsea, de la de Hazard, letal.

Fuente: AS

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