Fuente: AS

Una parte le bastó al Barcelona para reafirmar su liderato en la Liga. Necesitaron los de Valverde sólo 45 minutos para asentar las bases de una victoria por 3-0 ante el Levante. Un triunfo que sustenta un liderato que crece a cada día que pasa. Respondió el Barça con un sólido triunfo al desafío de Muñiz en la previa de empequeñecer a Messi, así como a las victorias de sus principales perseguidores (Atlético de Madrid y Valencia) al tiempo que añadía presión al Real Madrid, que tras el resultado del Barcelona empezaba su partido ante el Celta a 17 puntos del líder.


Hay equipos que son una banda. El Barcelona ante el Levante demostró que son dos bandas, dicho esto en el término más elogioso posible. Valverde demostró que tiene dos flancos letales.


Uno lo forma la asociación entre Jordi Alba y Messi. Actúa por la izquierda del ataque. Es enormemente peligrosa. Va armada con un arma telepática que hace que por mucho que el rival prediga la jugada, ésta se consuma de forma infalible. Se llama la comba. Una combinación en la que Messi recibe en el centro del campo, abre para Alba y el lateral tiene dos opciones: o la remata directamente o se la cede al astro para que marque. Letal de necesidad. Ante el Levante el primer gol llegó tras la escenificación de la segunda opción.

En la banda opuesta no quieren ser menos. Se ha organizado un flanco letal formado por Sergi Roberto y Luis Suárez. De su combinación llegó el segundo gol del Barcelona. Por ahí deambulaba un Dembélé, sorprendente titular, que sumó minutos y experiencia en el equipo yendo de menos a más en una progresión que sólo puede animar a la parroquia barcelonista. Pero le falta. Es Robin al lado de Batman. Paciencia.

¿Y el tercer gol? Pues llegó en el tiempo de descuento cuando Paulinho, alias el rebañador, remató un centro primoroso de Messi, otra vez estratosférico, para sumar su séptimo gol en la Liga y maquillar un segundo acto más industrial que vistoso.

Este guión no se hubiera desarrollado así de no ser por la inconsciencia de Lerma. El centrocampista colombiano del Levante despertó a Messi con una tarascada fuera de lugar en el minuto siete de partido.

Hasta entonces, el argentino casi ni había tocado bola. Fue verle la cara con la que se reincorporó tras la coz de Lerma cuando los seguidores blaugrana tuvieron la certeza de que el partido estaba ganado. Retar a triples a Bird, desafiar a Mo Farah o decirle a Tom Brady que ya no ganará más Superbowls, eso fue lo que hizo Lerma. Suicidar a su equipo. Messi se levantó de esa patada dispuesto a ganar el partido.

Cinco minutos más tarde marcaba Leo el 1-0 tras su archiconocida asociación con Alba y empezaba el espectáculo. Messi hizo lo que quiso con la defensa del Levante y cuando más pendiente estaban los visitantes de el argentino, rompió Sergi Roberto por el otro lado para darle a Luis Suárez la ocasión de maquillar otro partido torpón, excepto cuando se trata de embocar la pelota a gol. Bendito problema.

El Levante de Muñiz jamás perdió la cara y en la segunda parte, en vez de bajar los brazos se fajó a lo grande. Pero si delante el Barça tiene a Messi, atrás tiene el equipo blaugrana a Ter Stegen, que es lo más parecido a un muro que se ha encontrado en el fútbol contemporáneo. Dos paradones del alemán frustraron el intento de remontada granota dejando el partido a huevo para que Paulinho rebañara el último rebote del día y marcara el 3-0 que asienta a un líder que se agranda jornada a jornada.

Fuente: AS

Fuente Fotográfica: AS

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