Los dueños de negocios toman miles de decisiones al día. Sin embargo, cuando se trata de decisiones difíciles, como contratar más talento, invertir en tecnología o buscar más financiamiento, tener claridad es fundamental. Cuando te sientes seguro antes de tomar cualquier camino, evitas dudar de tu decisión y de autosabotear tu compromiso y resultados.

Cuando nos enfrentamos a una gran decisión, es normal sentirnos paralizados, cuestionar nuestro instinto y estresarnos sobre si tenemos la información necesaria para tomarla. Pero date oportunidad. Incluso los emprendedores más exitosos han tenido momentos de pánico, momentos en los que le gritan al cielo “¡¿Qué hago?!”

Y segundo, hay tres preguntas que te puedes hacer antes de tomar cualquier decisión difícil para discernir lo que te está llevando hacia una dirección y ver si terminarás en el lugar al que realmente quieres ir.

1. ¿A dónde voy?

Podemos ponernos muchos objetivos, pensar muchas cosas, comportarnos de muchas formas, pero ¿para qué? ¿A dónde te llevará esta decisión? Pasa muy seguido que los emprendedores se ponen objetivos o resultados, pero nunca se preguntan por qué. Desempacar tu decisión y analizar realmente la forma en la que te impulsará o completará es fundamental para tu paz a largo plazo. Discernir la forma en la que esta decisión te hará sentir a la larga influirá en si tu camino es ameno o doloroso. Así que pregúntate: ¿A dónde voy? ¿Por qué quiero ir ahí? ¿Quién o qué me está llevando en esta dirección? ¿Cómo quiero ir por este camino?

Correr de es diferente a correr hacia. La primera es un enfoque negativo, la segunda tiene un enfoque positivo y hacia delante. Saber lo que estás creando te ayuda a dar un paso seguro, incluso cuando te sientes más vulnerable. Saber en dónde quieres realmente estar (hacia dónde quieres correr), también puede ayudarte a generar más de eso en tu presente. Si quieres llegar al lanzamiento de un producto millonario porque crees que demostrará tu éxito y tu familia dejará de creer que estás loco, entonces pregúntate: ¿Cómo puedo sentirme más valioso en este momento? ¿Cómo puedo honrar mis decisiones anteriores antes de tomar esta nueva decisión?

2. ¿Estoy tomando la decisión desde un lugar de miedo o de fe?

Muchos emprendedores pasan mucho tiempo asustados de su ingenio. Es algo que viene con el puesto y con la inevitable montaña rusa a la que te subes cuando decides hacer las cosas solo. Pero cuando tomas decisiones desde un lugar de miedo, puedes estar limitando las oportunidades y posibilidades, y truncando los resultados. Cuando operamos desde el miedo, intentamos controlar y forzar los resultados. Irónicamente, forzar las soluciones sólo crea más tensión y resistencia, mientras que ir con la corriente genera espacio para más posibilidades. Para dejar de lado tus miedos, pregúntate: Si reemplazara mi miedo por fe y mi preocupación por calma y certeza, ¿que haría o diría? ¿Qué podría cambiar antes de comprometerme con algo? Si reemplaza mi miedo con fe y mi preocupación con calma y certeza, ¿hacia qué decisión me inclinaría?

La fe requiere rendirse, dejar ir y soltarle la cuerda a la creencia de que debes controlarlo todo. Paradójicamente, la fe en ti mismo significa que si tomas una decisión que te lleve a consecuencias involuntarias, te puedes dar el respiro de saber que tomaste la mejor decisión en el momento y que aún crees en ti mi mismo para corregir el rumbo.

Los emprendedores suelen atorarse a la hora de tomar grandes decisiones porque temen a lo que sucederá después de la decisión. Algunos temen perder seguridad y comodidad, mientras que otros temen el nivel de éxito que esta situación puede exigirles. Pregúntate si será la fe o el miedo lo que motivarán tu próxima decisión.

3. ¿En quién me tengo que convertir para tomar esta decisión?

Concentrarte en la persona en la que tienes que evolucionar para lograr y superar tus objetivos es una de las mejores preguntas que puedes hacerte. Durante más de 20 años he usado esta pregunta para cambiar la conversación y cambiar la mentalidad de los líderes alrededor del mundo. “¿En quién me tengo que convertir para tomar esta decisión y crear la vida que quiero?” Es el centro de todo. Observándote, viendo tus fortalezas y valores, lo que te motiva e impulsa, tus habilidades, tu personalidad y tus defectos (tú sabes que eres perfectamente imperfecto) es lo mejor que puedes hacer para tomar una decisión bien informada.

Preguntarte en quién tendrías que convertirte si eliges un camino u otro, antes de tomar la decisión, es algo brillante y necesario. Antes de comprometerte, pregúntate: ¿En quién me tengo que convertir para hacer que esta decisión se manifieste en los mejores resultados posibles? Tu respuesta te ayudará a crear un plan para tu propia evolución mientras respaldas la manifestación de tus elecciones.

Las grandes decisiones empresariales tienen menos que ver con la opción A y la B y más con descubrir quién eres y el tipo de vida que quieres crear para ti mismo. La vida es complicada. Cometerás errores. Incluso puede que tomes una decisión que hará que los demás te observen o que te llevará por un camino que sientas equivocado, pero entre más tiempo te tomes para hacerte estas preguntas, más tiempo pasarás seguro detrás del volante, yendo hacia la dirección que deseas.

Fuente: Entrepreneur

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