Un obstáculo recurrente que las personas citan para no abrir un negocio propio es que no pueden dejar su empleo, pero —en realidad— esto sólo las ubica en una zona de confort en donde alguien más se preocupará porque cobren su sueldo completo cada quince días.


¿Qué tal si pudiéramos abrir un negocio sin dejar nuestro empleo de tiempo completo? Las ventajas son muy obvias, pues el día que, por cualquier razón, nos quedemos desempleados tendremos el negocio y algo de ingresos. Las únicas “desventajas” son que habrá que arriesgar capital, trabajar más y a deshoras, por las noches, en las vacaciones y los fines de semana.


Dicho todo lo anterior, si nuestra meta es juntar recursos para pagar en unos años los estudios universitarios de los hijos, complementar recursos para un retiro digno, terminar de pagar la hipoteca u otra deuda, esta puede ser una opción muy interesante.

Algunas ideas al vuelo de qué puede hacerse para lograrlo son:

1. Busca un negocio que no consuma todo tu tiempo libre.

Un empleo serio requiere mucho esfuerzo y dirigir una empresa mucho más. Sin embargo, hay negocios que te permitirán manejar tu tiempo. Por ejemplo, las ventas online pueden ser la opción que requieres, ya que  te —desde donde estés— te permitirá responder rápidamente cualquier pregunta y hacer el back office a horas diferentes de las de tu empleo.

2. Convierte a tu familia cercana en los socios del negocio.

Es posible que tu pareja o tus hijos puedan ayudarte sin que tú tengas que dejar tu empleo. Las leyes laborales en cada país permiten ciertos trabajos para los hijos jóvenes. ¡Claro, bajo ciertas condiciones!

Ten cuidado de que la responsabilidad que le des a cada miembro de la familia sea acorde a su edad y experiencia, que ellos estén contentos de trabajar contigo y, muy importante, que reciban un salario justo y similar al que pague el mercado por su nivel de experiencia. El chantaje sentimental no sirve para los parientes que trabajen contigo. Si alguien del grupo familiar preferire estar haciendo otra cosa de su vida, es importante apoyarlo para que logre sus objetivos, haga lo que quiere y no se sienta frustrado.

La sociedad familiar debe tener algún tipo de estatuto: para qué se hace el negocio, cómo se hace y qué gana cada miembro de la familia con participar. Esto se puede poner en un papel y no necesariamente hay que ir ante un notario. En el mundo de los negocios no es buena idea incumplir promesas a nuestros socios, ¡y es peor idea si los socios son nuestros familiares!

3. Antes de empezar, reúne el capital mínimo para hacerlo.

Lo malo de arrancar un negocio sólo con recursos prestados por terceros es que acabamos trabajando para ellos. Es preferible comenzar con capital propio, al menos dos terceras partes de lo necesario para echarlo a andar. Si no te alcanza, espera, ahorra durante más tiempo y lánzate cuando estés listo.  Si la oportunidad de negocio desaparece mientras reúnes suficiente capital, no te preocupes, ya habrá otras. Es preferible empezar con uno pequeño que tratar de iniciar con uno a gran escala.

4. ¡No te desanimes ante el fracaso!

Roma no se construyó en un día. Reagrupa a tus tropas, evalúa qué hiciste mal y vuelve a intentarlo. El sol vuelve a salir mañana.

Fuente: Entrepreneur

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