En términos de la generación más reciente, las empresas han invertido grandes sumas de tiempo y dinero al desarrollo personal, sin embargo, sigue existiendo el mismo comportamiento disruptivo en la cultura laboral. Ya sea por el crecimiento del mundo digital, el aumento de los equipos virtuales y remotos o por las exhibiciones que se hacen en las plataformas sociales, la gente está optando por saltar del barco en lugar de enfrentarse a los desafíos que se les presentan.


El miedo a las represalias o al rechazo suele evitar que la gente diga lo que piensa en el trabajo, y según Vital Smarts, cada conversación fallida le cuesta, en promedio, $7,500 dólares la empresa. Aunque muchos líderes se sienten cómodos manejando responsabilidades multimillonarias, el simple hecho de pensar en manejar la reacción emocional incómoda de un empleado puede producirles ansiedad y evitar que abran canales de diálogo. Después de todo, los sentimientos son complicados y pueden complicarse aún más.


Pero el hecho de no tener estas conversaciones genera una brecha en el liderazgo que tiene un impacto negativo en la moral de la gente, la retención de los empleados y los resultados que éstos pueden llegar a obtener. Cuando evitas las conversaciones difíciles creas un efecto dominó que frena el crecimiento. En otras palabras: el hecho de invitar a la gente a tener este tipo de conversaciones puede causar turbulencias, pero esto es inevitable, así que aquí te dejamos siete maneras de hacerlo de manera segura para todos.

Dale la vuelta al ego

La gente suele esperar a que una situación interpersonal requiera de una extracción tipo militar antes de enfrentarse a ella, pero entre más evites los conflictos, más emocionales se vuelven. Interceptar un patrón de comportamiento a las primeras señales es un enfoque más proactivo que llegar al punto de no retorno. Una conversación abierta, honesta y transparente poco después de haberse presentado la situación es un hábito que quieres fomentar entre tu gente. La práctica hace que estas conversaciones se vuelvan más cómodas en el futuro.

La preparación es clave

Invertir tiempo planeando las respuestas ante situaciones potencialmente retadoras es básico. Si tienes una conversación acartonada o que parezca sacada de manual no se sentirá auténtica ni sincera. Mejor pasa algo de tiempo creando preguntas de calidad que te ayuden a entender el progreso de la situación y los roles de todos los involucrados. Invierte en la prevención y en las posibilidades a futuro.

Ve más allá del comportamiento

Entender las intenciones del otro es mucho más productivo que secuestrar la conversación repartiendo culpas y avergonzando gente. Un artículo del Harvard Business Review resaltó el valor de establecer la energía correcta antes de entrar a una conversación difícil preguntándote: “¿Cuál es la forma en la que esta persona puede escuchar mejor el mensaje?” Iniciar una conversación preguntando cómo están las cosas crea una oportunidad para la auto-reflexión. No puedes estar enojado y reflexivo al mismo tiempo.

 Abre la puerta a los momentos de aprendizaje

Muchos líderes suelen postergar las conversaciones difíciles ignorando el comportamiento que resulta incongruente con los valores de su empresa, lo cual hace que las emociones se aglutinen con el tiempo. Discutir las cosas por mail es impersonal y se presta a malas interpretaciones. Sé proactivo y organiza charlas uno a uno.

Sé compasivo

Date el tiempo de ponerte en los zapatos del otro y de identificar los factores que puedan estar contribuyendo a la situación actual. Tu empatía disminuye la posibilidad de que el otro se ponga a la defensiva. También piensa bien en el momento ideal y la ubicación perfecta para tener esta conversación. Los lugares neutrales evitan las interrupciones y a los curiosos. Elige tus palabras con cuidado y sé consciente de tu tono de voz y tu lenguaje corporal. Entiende qué desencadena tus emociones y los límites de tu rol, así como tu responsabilidad en las cosas, y si sientes que te acaban de prender la chispa, pausa todo y tómate un descanso.

Lidera con tus emociones

Revisa tus emociones antes, durante y después de la conversación para asegurarte de estar respondiendo y no reaccionando. Otra estrategia para evitar que las tensiones se disparen es desacelerar el ritmo de la conversación. Moderar el ritmo te permite pensar y elegir bien las palabras que vayan a ser congruentes con tus acciones.

Cuando ambas partes colaboran aumenta la posibilidad de un cambio en el comportamiento de ambos. Antes de salir de una reunión de estas deben estar todos de acuerdo con los resultados. Una confirmación por escrito poco después ayuda a evitar las confusiones y previene malos entendidos, además de convertirse en un ejemplo de una conversación difícil que se volvió una interacción constructiva con beneficios para todos.

Fuente: Entrepreneur

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