Ya sea que tu negocio esté naciendo o que te encuentres en una empresa de gran tamaño, la importancia de la comunicación en tu organización es fundamental. Recuerda que, en palabras de Carlos Llano, lo que importa no son las cosas que hacen las personas, sino las personas que hacen las cosas.

En otras palabras, no basta tener una gran idea o producto para convertirse en un buen emprendedor. Es necesario vocalizar, transmitir y mantener tu visión entre tu equipo; aprovechar lo mejor de cada uno y ayudarlos a crecer contigo. No es solo una estrategia Druckeriana de management, sino que la forma en que te comunicas con tu equipo (y ellos entre sí) conforman la cultura de tu empresa; y esta cultura es el alma misma del negocio, y su mejor apuesta para crecer y trascender.

La forma en que comunica es uno de los síntomas más evidentes que muestran la diferencia entre un jefe y un líder.Un buen jefe puede operar un área con buenos resultados por algún tiempo, pero solamente un líder puede armar un equipo unido, inspirado y duradero que empuje la empresa a nuevas alturas.

Como hemos visto antes, existen cinco tipos básicos de autoridad. Los jefes fundamentan su relación en una autoridad formal y, ojalá, técnica. Los líderes fundamentan su relación, sobre todo, en la autoridad moral: mucho más potente y duradera. Esta autoridad no es solo parte de tu carácter; mucho menos de tu genética. Es una habilidad que puede aprenderse, practicarse y fortalecerse. ¿Quieres ser un líder para tus colaboradores? Empieza por aprender a comunicarte. Pon atención a estos puntos.

El jefe, controla. El líder, confía

No existe organización alguna que sobreviva sin controles. Desde luego, cualquier negocio tiene horarios de trabajo, metas, sistemas contables y clientes. Es absurdo pensar que una empresa pueda sobrevivir en el caos, o que un negocio crezca si cada empleado hace lo que le pega la gana. A fin de cuentas, hay que rendir resultados, y para lograrlos, todos deben de trabajar con sus obligaciones y el mismo fin en mente.

Sin embargo, no todos los controles son iguales. Cuando dialogues con tus colaboradores, no preguntes a qué hora llegaron, a qué hora se fueron y en dónde comieron. Los controles de micro-management son emocionalmente agotadores y se perciben, sencillamente, como falta de confianza. En cambio, pregunta y revisa metas, objetivos y proyectos.

Contrata a personas capaces; comunícales con claridad lo que se espera de ellos. Explica tu visión. Después dales espacio y confianza. Has abierto un puente de comunicación. Y hablando de eso…

El jefe pone metas. El líder, transmite visión

Todos los negocios tienen su ritmo y sus rutinas. Una de las rutinas más utilizadas a lo largo y ancho del globo es la infaltable “junta de la semana”. Tiene muchos nombres, pero el concepto es el mismo: el jefe se reúne con sus colaboradores para repasar los pendientes y las metas de la semana.

No es difícil que esta reunión periódica se convierta en eso: en una aburrida y mecánica junta de pendientes, y nada más. El líder sabe escapar de este ciclo operativo para recordar e insistir constantemente en la visión de la empresa: en aquella que inspira y mueve al negocio mismo. No el “qué”, ni el “cómo”, sino el “por qué”.

La mayoría de los negocios tienen en alguna pared, enmarcado primorosamente, un párrafo que dice “visión”. Esta visión se transforma pronto en un cuadro de museo que la gente no conoce, ni mucho menos, vive. En su libro “The Infinite Game”, Simon Sinek afirma que la principal tarea de un CEO no es el control, sino el sentido; es decir, transmitir y mantener una visión para toda la empresa. La misión no solo ordena, como un faro lejano, sino que inspira, motiva y enciende la creatividad y la innovación.

Así que habla a tus colaboradores constantemente sobre la razón por la que todos están allí. Compárteles tu sueño; confíales tu cima más alta e invítalos a caminar contigo y a aportar sus propias ideas y talentos.

El jefe, absorbe. El líder, expande

¿Cómo hacer que la gente rinda más, trabaje mejor? ¿Por qué mis empleados no están motivados? ¿Por qué a los millennials les falta “ponerse la camiseta” y cambian de trabajo cada tercer día?

Son muchas las variables que hacen que el mercado laboral de hoy sea complejo. Una de ellas es la conciencia moderna de la propia libertad y el éxito. Es verdad: los empleados actuales no estamos dispuestos a dar “todo” a cambio de unos pesos. Requerimos algo más.

El jefe a secas simplemente trata de explotar a un empleado mientras lo tiene en nómina; mientras que el líder reconoce que cada persona puede tener sus propios sueños, su propia vida y sus propias motivaciones personales. El líder está atento al crecimiento y el desarrollo de cada uno de sus empleados, y permite con flexibilidad (porque confía) que todos persigan sus propias metas personales. Las personas –sí, aún los millennials– se quedan en una empresa que les permite tener un plan integral y un futuro propio, no solamente un cheque a fin de mes.

Para saber qué quiere un empleado. No hay otra opción:

El jefe, informa. El líder, pregunta

En muchos –tristes- casos, la primera y última vez que el jefe pregunta algo al empleado es en la entrevista de trabajo. “¿En dónde te vez en diez años? ¿Por qué quieres este trabajo?”, preguntan para cumplir un requisito, e inmediatamente después ignoran la respuesta.

Todo el mundo tiene planes y sueños propios. La cosa es muy sencilla: o tus colaboradores siguen sus sueños dentro de tu empresa, o los seguirán fuera de ella. ¿Qué tanto eres capaz de escucharles para proveerles con un entorno en donde puedan alcanzar sus metas personales? Si no, vete despidiendo de ellos, de su trabajo y de su talento.

No basta ponerles metas y preguntar sobre las mismas una vez a la semana. Hay que pedirles a ellos, también, su opinión y sus ideas; otras soluciones y su input para actuales y futuros proyectos. Recuerda que los empleados no solo pueden compartir su tiempo; también su experiencia, sus conocimientos, sus talentos y sus expectativas. Si no les estás preguntando a tus empleados, probablemente te estés perdiendo de su mayor riqueza como activos en tu negocio.

Por último, recuerda que cada persona tiene problemas; días buenos y malos, y preocupaciones personales. Si un colaborador parece distraído, no grites o amenaces. Antes, pregunta. ¿Todo bien en casa? ¿Cómo te sientes? ¿Cómo puedo ayudarte? La gente responde el interés genuino con lealtad genuina. Es la mejor inversión.

El jefe trabaja para su jefe. El líder trabaja para sus empleados

¿Reconoces públicamente a tus empleados cuando hacen un gran trabajo, o solo te cuelgas la medalla como jefe de tu área? El mal jefe es una barrera entre sus superiores y sus colaboradores, en tanto que un líder es un puente que, también avanza las carreras de los suyos sin exigir el monopolio.

Un líder permite movilidad lateral y vertical de sus empleados, y se alegra sinceramente cuando consiguen un mejor trabajo o se mueven a un área más acorde a sus propias metas. El jefe vulgar cree que sus empleados, de alguna forma “le pertenecen”, mientras que el líder sabe que él es solo un facilitador para su desarrollo personal. El líder está atento a sus empleados y, por tanto, les permite crecer dentro de la misma empresa antes que empujarlos a buscar otras opciones.

Solo un jefe tóxico teme capacitar a sus empleados por el miedo de que se puedan ir a un lugar mejor. Un líder, en cambio, les sirve constantemente, y tiene como misión personal el bienestar y la felicidad de todos y cada uno de ellos, a quienes habitualmente conoce por nombre y apellido.

Empleados capacitados y motivados harán un gran trabajo; lo que repercutirá también en los resultados de la empresa. El éxito del negocio es el resultado de una cultura positiva y una hábil administración. En cambio, incluso si el negocio crece bogante, los empleados huirán en masa si no se sienten reconocidos como parte esencial del proceso.

Escucha esto y no te confundas: la motivación económica, aunque necesaria, no suele ser la principal. De nada sirven bonos y premios sin empatía, reconocimiento y crecimiento real.

El jefe comunica miedo. El líder inspira

El arma favorita del jefe mediocre es el castigo y la amenaza. Esto sucede porque, a corto plazo, parecen resultar efectivas: “si llegas tarde, te descuento el día”. La gente llegará más puntual al día siguiente… y ese mismo día empezarán a buscar otro trabajo. Nadie puede sostenerse en un ambiente en que impera el miedo por demasiado tiempo. Es agotador.

Hay gente que llega antes y se va después; que da el extra, que se pone la camiseta. Eso es algo a lo que puedes aspirar, pero no es algo que puedes exigir. Se exige lo mínimo: se aspira a lo máximo.

Las personas que dan más, lo hacen porque tienen una motivación profunda que les mueve con pasión a perseguir la visión del negocio. Esto solo sucede cuando sienten la visión como propia. Piensa en las fundaciones que trabajan con voluntarios ¿cómo logran que la gente trabaje sin recibir un pago a cambio? Lo hacen conectando a personas con una visión común, un sueño y un sentido de trascendencia.

Un líder deja el miedo de lado y, en cambio, inspira. Esto no se logra con gran oratoria o con grandes conferencistas invitados. Se logra hablando, conectando y compartiendo un sueño imposible.

Porque ¿sabes? Los sueños imposibles son los únicos que merecen ser perseguidos.

Fuente: Entrepreneur

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