Después de iniciar un negocio, lo segundo más difícil es mantenerlo en marcha y lo tercero es diagnosticar adecuadamente los problemas que enfrenta para poderlos solucionar y garantizar su sostenibilidad a largo plazo.


No todo es tan extremo ni tan dramático: las empresas saben y pueden sobrevivir a un pobre ambiente laboral, un mal trimestre económico, entrada de nuevos jugadores, caída de tendencias y hasta cambio en los hábitos de los consumidores.


Los negocios (y los emprendedores) son profundamente resilentes: Disney sobrevivió a etapas elegantemente llamadas: “la era oscura” y “época de experimentación”; Marvel casi desaparece en los años 90, por problemas logísticos y Lego estuvo a punto de sucumbir a los problemas financieros.

Todos los casos parten de una base común: los negocios saben que enfrentan problemas; eso no es sinónimo de identificarlos correctamente –y menos aún- resolverlos.

Para hacer un diagnóstico, necesitas plantearte:

¿Ya sabes qué vas a encontrar?

Cuando emprendemos, estamos seguros de saber todo de nuestro negocio y que nadie va a decirnos nada que no hayamos visto. Por eso, en las juntas empezamos con: “tenemos un problema de dinero”, “tenemos un problema de alta rotación”, “tenemos un problema con la falta de clientes”. ¿Sabes cuál es el punto en común de todo lo anterior?: ninguno es un problema, todos son consecuencia de algo más. Por eso, si antes de empezar crees saber qué vas a encontrar, prepárate para sorprenderte con los resultados.

¿Hechos o percepciones?

Como diría El Tri, “parece fácil, se ve muy fácil, pero es difícil en realidad”.  Una encuesta de salida desfavorable, clientes que se van o números rojos son datos, los cuales deben ser ordenados e interpretados para poder establecer patrones que nos permitan determinar las brechas existentes que requieren soluciones, ya sea entre el negocio y sus consumidores; la dirección y los colaboradores o la dirección y el Consejo de administración.

¿Estamos atendiendo a los detalles?

En su libro Creativity Inc., Ed Catmull comenta sobre la primera vez que fueron a Disney y la atmósfera opresiva que percibía en un trabajo íntimamente ligado a la creatividad, lo que constituía un llamado de atención sobre cómo se estaban gestionando los espacios de trabajo y –más grave la sensación de barreras para poder exponer ideas. Es muy fácil pasar por alto todo aquello que consideramos no nos está aportando información, aunque sea tan importante como qué se dice, en qué tono, en qué entorno.

Claro que es muy fácil obtener un “me encanta estar aquí”, “por supuesto que sé trabajar en equipo”, “claro que doy atención a los clientes”; por lo que escucha activa y la empatía deben estar presentes.

Empezar un plan de acción con un diagnóstico insuficiente es la mejor forma de no avanzar. Necesita compromiso, tiempo y objetividad para tener un punto de partida sólido que permita resolver aspectos estructurales y no consecuencias. Ahí es donde radica la diferencia entre que el negocio sobreviva o sea sostenible.

Fuente: Entrepreneur 

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