El área de Pediatría del hospital público más grande de Guatemala carece de dermatólogo, endocrinólogo, hematólogo y muchos otros especialistas. Quienes ejercen la medicina en ese sitio, lo hacen por vocación de servicio y compromiso con su profesión, narra la doctora Astrid Tello, pediatra y miembro de la Junta Directiva del Hospital Roosevelt.

Actualmente, el gremio de profesionales de la salud: médicos, psicólogos, nutricionistas y otros, se encuentra en una crítica situación, debido a que sus salarios son totalmente inadecuados.

Plantearon una ley para la dignificación, proyecto que ya tiene número en el Congreso, donde fue modificada. Sin embargo, este sería un proceso largo. Actualmente, piden que el Presupuesto General de la Nación asigne Q601 millones a la dignificación salarial de los profesionales, puesto que consideran que con sueldos dignos, el Estado podría disponer de profesionales en los centros de salud y hospitales regionales, lo cual evitaría el hacinamiento que se vive actualmente en los hospitales capitalinos.

En entrevista con Perspectiva, Astrid Tello narra cómo es la vida de un médico especialista en el sistema de salud y qué expectativas tienen para resolver esta situación.

¿Cómo es su día a día en el Hospital Roosevelt?

Mi día laboral comienza a las siete de la mañana y debe terminar a las once, pero generalmente salgo una hora más tarde. Primero clasifico expedientes. Tengo dos responsabilidades: la administrativa y la clínica. Llegué a la plaza por oposición.

Además de clasificar expedientes me toca resolver diferentes aspectos, entre los que está el apoyar la mejora en el servicio y verificar que no falten los insumos necesarios para la atención.

Aparte de esto, atiendo a pequeños con síntomas de enfermedades que deben ser derivados a pediatras especialistas y otros casos especiales, como niños con pocos días de vida que no deberían estar en un sitio donde pueden contagiarse de diversas enfermedades. A estos pequeños trato de que no esperen el turno y los atiendo rápidamente, para que pasen el menor tiempo  posible en el hospital.

Además, hay una parte del trabajo que consiste en enseñar a los estudiantes de medicina, quienes desempeñan diversas labores, desde camilleros hasta llevar las órdenes de laboratorio.

El salario que percibo es aproximadamente un tercio de lo que percibía anteriormente, en otra plaza donde no tenía responsabilidades administrativas. No es acorde con la calidad del trabajo que debo desarrollar.

Esto es así para todos los médicos de mi área pero también para todos los profesionales de la salud en el país: nutricionistas, psicólogos, anestesiólogos, químicos biólogos y muchos más. Son jornadas de trabajo muy intensas y mal remuneradas.

¿Cuántos años estudió?

Los seis para graduarme como Médico y Cirujano, más cuatro años para especializarme en Pediatría y un diplomado en VIH, que suman 12 años de estudios universitarios.

¿Qué necesidades tienen los médicos en su área?

En primer lugar que no existen equipos adecuados. Cuando entré no había ni siquiera tallímetros (para medir a los pequeños) o pesas. Esto es fundamental, porque es imposible diagnosticar o recetar si no se tienen los índices antropométricos del paciente, como peso y medida.

No se puede hacer pediatría sin esos instrumentos. Hace tres años cuando llegué al puesto que tengo actualmente, rebusqué en el hospital y encontré unos tallímetros antiguos, de madera. Pero es peor no tener nada. En Emergencias no hay ni siquiera ese equipo.

¿Y los pacientes?

La mayor parte carece de lo básico para recibir una atención adecuada. En Pediatría, por los bajos salarios, no hay especialistas. Por ejemplo, no hay un pediatra endocrinólogo. Y ese vacío existe en todo el país. No hay otorrinos ni muchos otros especialistas.

Ningún profesional está dispuesto a trabajar en condiciones salariales poco dignas. Quienes permanecemos, estamos por el deseo de servir y por vocación, pero con sueldos que no nos alcanzan para subsistir dignamente.

Otra de las graves carencias para los pacientes es la sobrepoblación. En consulta externa, cada día se atienden entre 80 y 150 pacientes, todos acompañados de uno o dos adultos, a veces más personas llegan acompañando a los pequeños. Esto motiva, además del hacinamiento, que sea muy complicado mantener la asepsia, para los trabajadores de servicio, porque ellos tampoco se dan abasto.

Son demasiadas las deficiencias y las necesidades de los pacientes.  Entre otras, los medicamentos de mala calidad cuando los hay y el que la mayor parte de las veces, no hay existencias.

La infraestructura es otro grave problema. Es conocido que hay goteras y que los aparatos de refrigeración se han dañado más de una vez, así como los baños. Además ha habido epidemias de parásitos como pulgas y otros. Los profesionales de la salud no hemos visto ningún esfuerzo gubernamental para cambiar estas situaciones.

El espacio más adecuado que tenemos es la clínica del Niño Sano, un esfuerzo de la iniciativa privada (Ingenio Pantaleón). La Procuraduría de Derechos Humanos verificó el catastrófico estado de las instalaciones en el recorrido anual que debe hacer como parte de sus funciones.

¿Cree que el sistema de gratuidad implementado por el gobierno de la UNE incidió en la crisis hospitalaria actual?

Es uno de los factores. Por ejemplo, hay personas que podrían pagar Q800 por una tomografía que en una clínica particular cuesta Q4 mil y otras a quienes debemos dar Q10 para sus pasajes. Hay niños que llegan enfermos, se les receta y poco después vuelven empeorados porque no les pudieron comprar la medicina.

Con un sistema de estudio socioeconómico previo podrían resolverse muchas cosas. Quienes tengan alguna posibilidad, pagarían según sus ingresos y evidentemente, muchos no podrán pagar o bien cancelarían cuotas mínimas.

¿Cómo ha sido el proceso de negociar un incremento salarial para dignificar a los profesionales con los ministros de Salud

Desgastante y sin resultados. Primero hablamos con la ex ministra Lucrecia Hernández, quien nos atendió de forma prepotente y pretendía abordar nuestro caso junto con el del resto de trabajadores agrupados en el sindicato mayoritario.

Esto parece increíble, puesto que en el Código de Trabajo se establece que, a profesiones y capacidades diferentes, se atienden de diferente forma. Existe una tabla donde se establecen los salarios para cada profesión, pero los de salud pública, somos los profesionales peor pagados, no de Guatemala, sino de la región centroamericana y posiblemente, a nivel internacional.

Lo que pretendemos es que en el Presupuesto General de la Nación que se discute se nos asignen Q601 millones, a todos los profesionales de la salud del país. Esto incidiría en que haya más profesionales en los centros de salud del interior. No pedimos que se construyan grandes hospitales, consideramos que centros de salud y hospitales departamentales bien atendidos, con los especialistas necesarios, ayudarían a evitar el hacinamiento y también ayudarían a que muchas personas que no tienen recursos y deben gastar en trasladarse a la capital. Algunos vienen a la consulta externa para enterarse de que el especialista no atiende ese día. A algunos los enviamos al albergue que existe para eso, pero idealmente debieran ser atendidos en el lugar donde viven. Y eso no se da.

Volviendo a la negociación para incrementar nuestros salarios, la ex ministra Hernández se negó a atendernos, aunque es conocido de toda la ciudadanía que contrató a cerca de mil personas, incluyendo a diseñadores gráficos y digitadores. Sabemos que algunos de ellos ganaban Q18 mil mensuales, es decir seis veces más que un médico especialista.

Luego de la entrevista con la ex ministra se produjo el atentado, y aquí mencionamos la necesidad de que los privados de libertad sean atendidos en los centros donde cumplen condenas. Todos los profesionales sabemos que muchos de estos privados de libertad obtienen permisos para salir, no porque necesiten una cama ni atención especializada.

Cuando asumió el ministro Carlos Soto, nos reunimos con el y nos recibió amablemente, pero un año después, consideramos que implementó varias tácticas dilatorias. Nos ha ofrecido incrementos que pueden llamarse simbólicos y en nada resuelven nuestra situación. Finalmente, nos mandó a hablar con el Presidente, quien también fue amable, pero tampoco ha resuelto nada.

Actualmente, algunos médicos están proponiendo que todos los profesionales de la salud debiéramos renunciar, pero esto puede llevar a lo que se rumorea: el objetivo de todo esto es privatizar el sistema nacional de salud.

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