Teresa Bernal es una mujer ixil que ejerció como traductora alterna de la defensa en el juicio por genocidio. Al preguntarle por qué asumió ese papel, explica que en primera instancia, “muchas de las cosas que ahí se dijeron no eran verdad”.  En entrevista con Perspectiva, Teresa recuerda cómo era su aldea, antes y después de la llegada de la guerrilla y narra el calvario que vivió cuando su padre y hermano fueron asesinados y su casa incendiada.

Roxana Orantes Córdova

Para esta ixil, hija de un reconocido líder comunitario en la década del setenta, la acusación de genocidio contra el estado guatemalteco es absurda, puesto que el grueso de las filas militares estaba compuesto por indígenas de diferentes regiones.

“Somos guatemaltecos, el enfrentamiento no fue por motivos de razas sino porque la guerrilla quería llegar al gobierno. Mi pueblo era muy tranquilo hasta que ellos llegaron y acabaron con todo”, dice.

Su infancia transcurrió en una aldea de Nebaj, Quiché, en el llamado Triángulo Ixil donde el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP), estableció uno de sus frentes. Al preguntarle cómo era Nebaj antes de que el conflicto armado convirtiera la región en un campo de batalla, narra:

“Era una aldea llamada Los Alisos Xecuaj, donde vivíamos 25 familias, que se convirtió en aldea cuando logramos sumar diez familias más con apoyo del alcalde. Todos nos conocíamos muy bien. Mi padre fue fundador de la escuela, en 1974. Con ayuda de dos abogados se contrataron dos maestros. También se comenzaron los talleres de carpintería, albañilería, corte y confección”.

“Vivíamos bien, puedo decir que había cero violencia. Cultivábamos maíz, frijol, flores y hortalizas. No había luz eléctrica y esta es una de las primeras mentiras que escuché en el juicio. Algunos testigos dijeron que el Ejército les había robado sus licuadoras y eso es una falsedad, porque en la aldea no había luz eléctrica, menos licuadoras”, dice.

Para Teresa Bernal, uno de los responsables en que su aldea resultara involucrada en el enfrentamiento armado fue un sacerdote jesuita llamado Javier Gurriarán. “¿Cómo pudo ayudar a que la gente se armara? ¿Qué sacerdote es ese? No tiene perdón de Dios lo que hizo con sus catequistas”, afirma.

Sobre las primeras incursiones de la guerrilla en su aldea, expresa: “Iban vestidos de verde, pero muchos no llevaban uniforme completo sino camisa de color y pantalón verde olivo. Algunos llevaban botas de hule. Otros usaban pañuelos rojos en el cuello. Llegaban a pedir comida y amenazaban a los que no les querían dar”.

Aunque su padre era líder comunitario, se negó rotundamente a colaborar con la guerrilla y este fue el inicio de un calvario para toda su familia, que siendo una de las más acomodadas del lugar, terminó en extrema pobreza. “Pero Dios nos levantó de nuevo”, dice.

El martirio de una niña ixil

El 3 de abril de 1982, alrededor de las diez de la noche, un grupo de guerrilleros entró a la casa de su familia y se la llevó secuestrada, porque no encontraron a su papá, afirma. “Era una niña que no había cumplido doce años pero fui abusada por esos hombres. Mis propios conocidos, ixiles como yo. Vecinos de aldeas cercanas. No eran extranjeros, no eran de otro país”.

“Me llevaban caminando en la noche, delante de ellos. Cuando finalmente se durmieron logré escapar y regresé a mi casa. No le conté a mi familia sobre los abusos porque me dio vergüenza y temor de las represalias”.

El 23 de marzo de ese año se había producido el golpe de Estado que llevó a la jefatura de gobierno a Efraín Ríos Montt. Según recuerda Teresa, poco después, el ejército les avisó a todos los habitantes de las aldeas cercanas a Nebaj que iban a bombardear la zona y les pidió que evacuaran.

“Fue orden del presidente bajar al pueblo. Algunos le creyeron al gobierno y bajaron, otros tomaron las armas y se unieron a la guerrilla. Mi padre fue asesinado por la guerrilla el 23 de abril, junto con mi hermano de 9 años y dos trabajadores. Los secuestraron y aparecieron torturados. Se lo llevaron Diego Toma, que ya no vive, Juan Toma Cruz y Jacinto de León Cruz”, señala.

Una familia destruida

En Nebaj, la familia de Teresa se instaló en la casa de una tía. “Pero nos siguieron persiguiendo. La casa de la aldea fue incendiada por la guerrilla, según dice, y fue así como su familia perdió todas sus posesiones materiales y quedaron en extrema pobreza.

“Debido a todo lo que nos pasó no pude estudiar y comencé a tortear para la base militar. Poco a poco logramos salir adelante y migramos a la capital, donde vivimos con bastante tranquilidad”, comenta.

Sin embargo, no puede olvidar lo sucedido y hace varios años acudió al Ministerio Público a denunciar las violaciones que la guerrilla cometió contra su familia. El caso no ha prosperado y según dice, algunos ex guerrilleros intentaron comprar su silencio con dinero.

“Hay vecinos que declararon ser víctimas del ejército y cobraron resarcimiento. Pero sé que esas personas estaban involucradas con la guerrilla. Por decir la verdad he recibido amenazas. Si me pasa algo, esa gente es la responsable. Entre otros, el alcalde indígena, Diego Santiago Ceto. Después de la firma de la paz, regresaron como si no hubieran hecho nada y haciéndose las víctimas, cuando ellos iniciaron la confrontación. Pero no temo, porque el que nada debe, nada teme. Y ellos saben que mi padre era un trabajador honrado, jamás robó ni hizo nada indebido. Ellos lo conocieron”, afirma.

Para Teresa, el perdón y la reconciliación son posibles, pero los intentos de juzgar al Estado por genocidio la llevaron a querer decir su verdad sin pensar en las consecuencias. “Jamás le pediríamos dinero al gobierno. Al contrario, ya sufrimos demasiado y eso no tiene precio. Lo único que le exigiría al gobierno es que traiga más empresas y desarrolle todos los rincones del país. Cero corrupciones, finalización de la violencia, la delincuencia y las extorsiones. Sueño con una Guatemala feliz, donde todos podamos trabajar en paz”, concluye.

Total
518
Shares

¡Suscríbete a nuestro newsletter!

Información importante para ti

Al marcar esta casilla, confirma que ha leído y está de acuerdo con nuestros términos de uso con respecto al almacenamiento de los datos enviados a través de este formulario.