Este año, el ENADE tiene el tema “De un Estado líquido a un Estado sólido”. El presidente de FUNDESA, Juan Carlos Paiz, explicó a Perspectiva por qué se considera que Guatemala es un estado líquido, concepto que alude a la debilidad de las instituciones, permeadas por diferentes grupos expoliadores que aprovechan los recursos estatales de diferentes maneras.

Roxana Orantes Córdova

El Estado de Guatemala no funciona. Esta es la premisa que origina el llamado del Encuentro Nacional de Empresarios (ENADE 2019) a una conversación nacional tendiente a buscar soluciones a la situación en la que se encuentra el país, denominada “Estado líquido”, que parece inspirarse en el concepto de “modernidad líquida” fundado por el filósofo polaco Zygmunt Bauman (1925-2017).

Entre los expositores de ENADE estará Moisés Naim, director ejecutivo del Banco Mundial (BM) y autor de un texto fundamental para comprender la sociedad actual, llamado El fin del poder, en el cual desarrolla la idea de cómo el poder político se ha modificado radicalmente a partir de las nuevas tecnologías y el boom de las redes sociales.

Actualmente, en Guatemala operan sistemas de ilegalidad a partir de “convenios no escritos” que motivan incertidumbre en la aplicación de las leyes, lo que redunda en discrecionalidad e impunidad, señala la presentación que la Fundación para el Desarrollo (FUNDESA), hizo sobre el ENADE 2019.

Es necesario un sistema con capacidad para “restringir el ejercicio arbitrario del poder”, que logre subordinar las autoridades a las leyes y genere certidumbre. Esto, unido a un Estado con servidores públicos y dignatarios competentes, éticos e imparciales, es vital para el desarrollo.

Las reformas deberían iniciar en temas donde existan acuerdos, continúa la presentación mencionada, donde se explica que estos temas pueden ser el punto de partida para la generación de confianza.

¿Qué es un Estado líquido y por qué Guatemala es calificada así?

El presidente de FUNDESA, Juan Carlos Paiz, explicó: “un Estado líquido tiene instituciones extractivas. Grupos de personas e intereses particulares que sofocan y toman decisiones institucionales. Proveedores, sindicalistas y diputados que logran favorecer sus propósitos utilizando los mecanismos estatales”.

Entre otros elementos de debilidad estatal, Paiz menciona que “existe un ministerio de Salud que no vela por la salud, sino por controlar la enfermedad; instituciones de seguridad que no atienden la prevención del delito, sino el combate al crimen y una cartera de Educación que no busca la calidad de los servicios educativos sino la atención a las demandas de los sindicalistas. El ministerio de Comunicaciones no construye carreteras. 20 kilómetros en siete años. Las instituciones son influenciadas por determinados grupos que extraen privilegios y dividendos del Estado. El primer pilar para evitar esto es una institucionalidad fuerte. Un Estado sólido”, comentó.

A pesar de todo, hay buenas expectativas

Paiz considera que luego de “un proceso electoral que dejó muchas dudas, Guatemala debe definir una hoja de ruta para el fortalecimiento del Estado. Es el momento de que se promueva más representatividad de la población”.

Hoy por la mañana, “hubo una reunión en la que estuvieron presentes diputados electos, donde participó un grupo considerable de personas. Esto deja muy buenas expectativas de diálogo con los nuevos legisladores, aunque falta ver si los diputados que concluyen su mandato en enero de 2020 quieren dejar un buen legado al país o sencillamente, se conformarán con un legado de mediocridad”.

En cuanto a la función del Ejecutivo, señaló que “la Ley del Servicio Civil debe ser el norte. Es necesario que el Estado cuente con los mejores talentos y funcionarios de carrera para elaborar planes institucionales, que generalmente son hechos por la iniciativa privada u organismos internacionales. Las instituciones debieran tener la capacidad y el liderazgo para planificar y ejecutar, pero además medir los resultados”.

Los mecanismos para lograr que el Estado pase de líquido a sólido son: “fiscalización, cuentadancia, fortalecimiento de la participación ciudadana, profesionalización del servicio civil. No se trata de privatizar, como algunos afirman, sino de convertir las instituciones en eficientes”, concluyó.

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