Descendiente de dos periodistas que sufrieron las consecuencias de decir lo que pensaban durante la dictadura de Manuel Estrada Cabrera (1898-1920), el doctor Héctor Rosada compartió con Perspectiva algunos de sus recuerdos y anécdotas, todos vinculados con la historia de Guatemala.

Roxana Orantes Córdova

Conversar con Héctor Rosada es emprender una excursión por la historia reciente, con muchas referencias de quien fue testigo presencial de los sucesos nacionales más relevantes de las últimas décadas.

Su apartamento es una exposición de su vida. Rosada tiene una colección con más de 300 caballos, provenientes de casi todo el mundo. Algunos fueron comprados en sus viajes y otros son obsequio de amigos y familiares.

Cada uno tiene su historia y el sociólogo disfruta narrando esas historias. Por ejemplo, de dos miniaturas de bronce que compró en Suecia, cuenta que pueden ser piezas empeñadas por aristócratas rusos exiliados en ese país durante los años veinte.

En las fotografías que cuelgan de las paredes están los expresidentes Shell Eugenio Lauguerud, cuando atendía la emergencia del terremoto del 76; a Ramiro de León Carpio cuando nombró a la Comisión de Paz Gubernamental (COPAZ), de la cual Rosada fue primer titular, en 1993,  y a los ex comandantes guerrilleros con expertos de la Organización de Naciones Unidas (ONU), luego de firmar uno de los acuerdos de paz.

En 1973 se convirtió en Profesor en Enseñanza Media especializado en Estudios Sociales. Luego se graduó de  antropólogo con maestría en Docencia Universitaria por la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), y fue el primer politólogo graduado en Guatemala, por la Universidad Rafael Landívar.

En la Universidad de Utrecht, Países Bajos, Rosada obtuvo el doctorado en Ciencias Sociales, especializado en Sociología Militar, con la tesis Soldados en el Poder. Proyecto militar en Guatemala (1944-90), libro que se considera como referente para la comprensión del conflicto armado en Guatemala.

Antepasados notables

Entre las fotografías familiares hay dos que llaman la atención. Ambas son antiguas y muestran a dos personajes de principios del siglo XX. Son sus abuelos. “Ella nació en Cuzco y vino a Guatemala, donde mi abuelo, Francisco Granados, era periodista”, narra.

Juana Haydee González Castro Márquez nació en una familia donde abundaron las mujeres escritoras, compositoras y periodistas. Su abuela, madre y hermana son conocidas en Perú por sus aportes a las letras y la música de ese país. Hija de un diplomático, permaneció en Guatemala, donde formó su familia en una época muy difícil para quien pretendía expresar su pensamiento sin censuras.

Su esposo, Francisco Granados, había fundado el diario El grito del pueblo, donde entre otros, colaboró Alejandro Córdova, antes de convertirse en fundador de El Imparcial. Juana Haydee González fue una mujer que trascendió los cánones de su época y en su propia publicación, llamada El grito, publicó una serie de columnas de opinión con un fuerte contenido crítico contra la tiranía de Estrada Cabrera.

“Esto provocó que mi abuelo fuera encerrado en la Penitenciaría, donde estuvo a punto de morir como consecuencia de las torturas. A mi abuela se la llevaron y la dejaron en un hospital, donde falleció. Mi madre tenía seis años”, cuenta. Y señala la fotografía de Estrada Cabrera que ilustra la portada de un libro: “este…fue”.

Amigos de izquierda, de derecha, militares y civiles

Según cuenta, durante el proceso conocido como “juicio por genocidio”, el general Efraín Ríos Montt estaba hojeando el texto cuando el juez le dijo que se abstuviera de llevar documentos, a lo que Ríos Montt dijo: “es un libro de mi dilecto amigo, Héctor Rosada”.

En su adolescencia, y gracias a la rivalidad con un cadete que enamoraba a la joven más bonita de su vecindario,  Rosada conoció al comandante de las FAR, Luis Augusto Turcios Lima, a Luis Trejo y otros involucrados en el Movimiento Revolucionario 13 de Noviembre, donde fue colaborador.

Como profesor, impartió clases a personajes como Dionisio Gutiérrez y sus primos Bosch Gutiérrez. El actual candidato de Winaq, Manuel Villacorta, también fue su alumno. A sus 77 años, Rosada permanece fiel a su primera vocación y es docente en un doctorado en la USAC.

Una de sus capacidades es la de entablar amistad duradera con personajes muy diferentes entre sí e incluso, enemigos durante el conflicto. Entre ellos: el general Héctor Alejandro Gramajo, ex ministro de la Defensa; el ex comandante guerrillero Gaspar Ilom (Rodrigo Asturias), la activista de derechos humanos Helen Mack; el ex mandatario Ramiro de León Carpio, quien lo nombró su secretario y el coronel Mario Mérida.

Durante el gobierno de Alfonso Portillo, Rosada fue contratado por un programa de la Organización de Naciones Unidas para implementar la transición del Estado Mayor Presidencial (EMP), a una entidad civil llamada SAAS.

“El EMP tenía dos funciones: la protección del presidente, el vicepresidente y sus familias por un lado, y el procesamiento de información estratégica por otro. Al final este ente se dividió en SAAS y Secretaría de Análisis Estratégico (SAE; hoy SIE)”, comenta.

Actualmente ha sido perito en 28 procesos judiciales que “implican violaciones a los derechos humanos cometidas durante el conflicto armado interno”. Entre los casos en los que aportó elementos del contexto y antecedentes históricos, están los de Myrna Mack y Molina Theissen.

La base para muchas de las condenas en los juicios donde fueron procesados militares fue el establecimiento de las cadenas de mando. Sin embargo, esto no se llevó a cabo en el caso de los crímenes atribuidos a la ex guerrilla, como la masacre del Aguacate, donde resultó condenado un militante guerrillero de bajo rango, reconoce Rosada.

Consultado sobre el término genocidio, señala que además de las muchas definiciones existentes, los actos contrainsurgentes que implicaron muerte violenta y diversas violaciones contra la población civil en Guatemala pueden considerarse actos genocidas, si bien “no se llegó a determinar la intención estatal de destruir a un grupo étnico. Puede decirse que hay genocidio cuando el Estado la emprende contra sus propios ciudadanos. Sin embargo, también se puede considerar que el peor genocidio en Guatemala no fue contra el pueblo ixil, sino el sucedido en Rabinal, donde indígenas que eran comisionados militares y patrulleros civiles atacaron y ejecutaron a otros indígenas”.

En relación al intento de algunos diputados por modificar la Ley de Reconciliación Nacional, considera que no debe realizarse, puesto que “no puede hablarse de perdón y olvido si no hay garantías de que los sucesos no se repetirán”, concluye.

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