Durante una entrevista concedida a Perspectiva en Mariscal Zavala, el abogado y militar retirado Moisés Galindo expresa su visión sobre la historia reciente, la captura de la justicia por grupos de presión y la importancia de terminar con prácticas como la justicia selectiva. Con trece meses en prisión preventiva, Galindo sonríe al decir: “la cárcel no es suficiente para doblegarme. Eso es lo que buscan, pero se necesita mucho más para quebrantar mi espíritu”.

Roxana Orantes Córdova

Rodeado de libros y documentos, Moisés Galindo recibe a Perspectiva con una sonrisa. Su apariencia jovial y la franqueza que emana de su narrativa, contrastan con la imagen oscura que se suele presentar de este ex oficial del Ejército quien según dice, decidió estudiar derecho poco antes de concluir la confrontación armada interna, cuando vislumbró que “los que estaban perdiendo tratarían de imponer su ley a través del sistema de justicia. Vi que nuestro sistema judicial era débil y como de adorno, por eso me interesó estudiar leyes”; afirma.

Pronto se vio involucrado en la defensa del capitán Byron Lima Oliva y su padre, acusados por el caso Gerardi. Según Galindo, este fue el primero en una serie de procesos judiciales marcados por la ideologización y la tergiversación de la justicia.

En 2002, el abogado publicó un libro titulado Ovejas negras en el altar de los sacrificios, donde analiza exhaustivamente la sentencia en primera instancia y afirma que “el proceso judicial por el crimen del obispo es un ejemplo de la politización de un caso”.

Según comenta, en ese libro se devela una metodología para tergiversar la justicia que actualmente se ha desarrollado, la cual incluye el uso de testigos protegidos o colaboradores eficaces, jueces de consigna, show mediático y financiamiento internacional.

Entrevistado por Perspectiva, Galindo afirma que su captura y actual prisión son una revancha en la que estaría involucrado el ex fiscal del caso Gerardi, Leopoldo Zeissig, actual trabajador de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG).

“Se me acusa de lavar dinero por aceptar un vehículo como pago de mi cliente, Byron Lima. Esto no tiene sentido común. Un abogado no lava dinero, recibe honorarios y presume que su cliente es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Pero actualmente, la presunción de inocencia se descarta”, dice.

Al preguntarle por qué considera que su prisión preventiva extendida durante más de un año puede ser consecuencia de una revancha, responde:

“Además del libro que publiqué, donde se devela el actuar de los investigadores que condujeron el caso Gerardi, el fiscal Juan Francisco Sandoval tiene especial interés en quebrantarme. Soy abogado de la Fundación Contra el Terrorismo y tenemos querellas contra Thelma Aldana y Mayra Véliz. Vea quiénes trabajan en la CICIG y tendrá la respuesta de por qué se me capturó sin otro señalamiento que haberle entregado un vehículo a la viuda del capitán Byron Lima Oliva”.

“Ella era mi cliente, y atemorizada por su futuro, se convirtió en colaboradora  eficaz de la Fiscalía Especial Contra la Impunidad (FECI) y la CICIG, y accedió a grabar una plática intrascendente que sostuvo conmigo. Lo único que le dije fue “Ahí está el carro. Llévatelo”. Lo que aducen los acusadores es que el carro tenía origen ilícito, pero me limité a aceptarlo como pago por la asesoría a Lima”, recuerda y continúa:

Aunque esta acción violó el secreto profesional entre cliente y abogado, esto no pareció importar a quienes buscaban meterme en la cárcel. “Eso bastó para que me encarcelaran y hasta la fecha, sigo en prisión preventiva. En mi caso se cometieron varias ilegalidades. Para empezar, entraron en mi domicilio sin orden de allanamiento emitida por un juez, de la misma manera, sin orden judicial, grabaron la conversación con mi ex cliente”.

Pese a que la prisión preventiva a la cual ha sido sometido excede en diez meses el plazo estipulado por la ley, Galindo afirma que esto no basta para doblegarlo. “Se necesita mucho más que encerrarme para quebrantarme”, insiste.

¿Por qué nos matamos en un enfrentamiento fratricida?

Moisés Galindo, más que “abogado de los militares” es un oficial retirado que fue combatiente en el momento más álgido del conflicto armado. Recuerda una ocasión en la que, durante un combate, escuchó una voz que provenía del grupo guerrillero, que gritaba: “Ejército de los ricos”.

“Respondí: ¿por qué? Y no obtuve respuesta. Al anochecer terminaron los balazos y en medio de la oscuridad del campo, reflexioné en por qué estaba peleando. Inmediatamente me respondí: porque creo en la libertad. También me pregunté: ¿en qué momento empezamos a matarnos?”.

Porque la confrontación interna, que nunca fue una guerra, fue parte del contexto de la llamada Guerra Fría. En Guatemala, se dio un enfrentamiento fratricida que no nos condujo a nada, más que a un gran deterioro de la sociedad, afirma.

“Lo que se vive en el campo de batalla es muy doloroso. Ahí se encuentra desde lo más grande hasta lo más bajo del ser humano. Solo quien lo ha vivido puede saber que el olor de la batalla es a sangre seca, pólvora y tierra”.

Sobre el tema del genocidio, como un intento de exterminar a la población indígena basado en el racismo del Ejército, Galindo recuerda que entre los oficiales, los mandos medios y los soldados, hubo tanto indígenas como ladinos que lucharon mano a mano. “En la academia, lavábamos los baños, todos por igual. Y en el combate nos apoyábamos. Los soldados indígenas que estuvieron bajo mi mando confiaban totalmente en mí y estaban dispuestos hasta a inmolarse por protegerme. Nuestros soldados eran indígenas. No comprendo cómo ellos pudieron ser partícipes de un intento por exterminar a sus hermanos”, concluye.

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