Pese a los cambios en la normativa electoral y a los esfuerzos por renovar la dinámica de las organizaciones partidarias, el resultado preliminar de la primera elección revela que al balotaje llegará “más de lo mismo”. La puntera Sandra Torres representa lo más tradicional de una izquierda atomizada, tal como el segundo lugar, Alejandro Giammatei, aunque ubicado en la derecha.

Roxana Orantes Córdova

Anoche, en una conferencia de prensa, el presidente del Tribunal Supremo Electoral (TSE), Julio Solórzano, afirmó que debido a la complejidad del escrutinio es posible que pasen varios días antes de que se conozcan los resultados oficiales de la primera vuelta electoral.

Entre las novedades del proceso, está que la candidata del Movimiento Para la Liberación de los Pueblos (MLP), Telma Cabrera, rechazó la validez de las votaciones, aunque en su primer intento obtuvo 445 mil votos y su partido logró colocar por lo menos un legislador y varios alcaldes, según datos de Congreso Visible.  El comunicado del MLP anuncia acciones de lo que consideran un fraude electoral en los próximos días.

En cuanto a los resultados preliminares, la puntera Sandra Torres, de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), logró un 25.27% de los votos válidos, seguido por Alejandro Giammattei, de VAMOS, con 14.08%, cuando se habían contabilizado cerca del 95% de los votos.

Congreso Visible atribuye una bancada de 53 curules a la UNE y 16 a VAMOS. Es revelador que la tercera bancada más numerosa sea la de la Unión del Cambio Nacionalista (UCN), cuyo líder y ex candidato Mario Estrada está preso en EE.UU. acusado de narcotráfico.

Pese a los cambios en la LEPP, nada nuevo bajo el Sol

Desde meses antes de la elección, diversos analistas aseguraban que los cambios en la LEPP y la llamada “judicialización de la política” fueron parte de una estrategia que favoreció a Sandra Torres, con aliados en la Corte de Constitucionalidad (CC) y otras instancias.

El hecho es que Torres logró inscribirse, pese a que estaba señalada por la CICIG desde 2015, por financiamiento ilícito y vínculos criminales de su organización. Oportunamente, la solicitud de antejuicio llegó un día después de su inscripción.  Otra sombra que pesa sobre Torres son las irregularidades en el manejo de fondos para los programas sociales y el Transurbano, caso que tiene en la picota al ex esposo de la candidata, Álvaro Colom, y a algunos de sus funcionarios.

A Torres se le conoce por su incansable labor de corte asistencialista y un carácter explosivo. En ocasiones, la prepotencia asoma y la ex primera dama de la nación muestra rasgos de prepotencia, como se muestra en un video cuando un periodista departamental le hizo una pregunta y ella dudó de que fuera periodista, le dio la espalda, se rió del individuo y lo llamó “papaíto”, argumentando que no tiene por qué responder cuestionamientos de ciudadanos, debido a que el reportero no le enseñó su credencial.

Originaria de Melchor de Mencos, proviene de una familia donde abundan los políticos. En  Benque Viejo del Carmen, la primera población que se encuentra al pasar a Belice, se cuenta que ella y su hermana atravesaban la frontera cada día para estudiar en Belice. De esa experiencia viene su dominio del inglés.

Aunque es licenciada en comunicación, su relación con los medios no ha sido fácil, exceptuando a algunos obsecuentes colaboradores que fueron parte de su círculo de confianza durante el gobierno de Álvaro Colom, donde estuvo a cargo del Consejo de Cohesión Social, además de ser autora de programas sociales que le valieron adhesiones y críticas por igual.

Su relación con la política data del conflicto armado.  Uno de sus hermanos, Rolando Torres Casanova, fue fundador del izquierdista partido DIA, que compitió con la alianza izquierdista que postuló a Colom.

Se dice que Sandra Torres tuvo una larga relación con un ex militante guerrillero. Lo cierto es que su medio hermano, el abogado Enrique Torres, fue prominente miembro de las FAR desde los años sesenta. Torres, fallecido hace algunos años, fue el artífice del cuestionado pacto colectivo del sindicato de Educación, cuyo líder, Joviel Acevedo, era correligionario del abogado en la guerrilla.

Torres ha sido empresaria y gerente de empresas maquiladoras. Como primera dama se ganó la adhesión y el rechazo de dos grandes sectores. Su carácter dominante y la prepotencia que trasciende en muchos de sus actos se combinan con la actitud de benefactora social y los encendidos discursos políticos.

El candidato que sigue cercanamente a Torres y podría derrotarla, si la derecha lograra reagruparse, es Alejandro Giammattei Falla, de una familia tradicional y conocida. Médico y cirujano, en su biografía se dice que desde joven “ha tenido inquietud por cambiar positivamente el país en que creció”.

¿La esperanza para la derecha?

Su motivación desde joven es cambiar positivamente el país en el que creció, transformándolo de tal manera que se incrementen las oportunidades y se mejore sustantivamente la calidad de vida de cada uno de los guatemaltecos.

Según la biografía de Giammattei, su compromiso con el país inició en el hogar y se fortaleció “durante la época en que atendía los campamentos de desplazados y refugiados en el triángulo Ixil, a principios de los años 80 durante el conflicto armado interno”.

En el gobierno, trabajó en la Dirección General de Servicios de Salud del Ministerio de Salud Pública, desde donde atendió la emergencia provocada por la depresión tropical Paul en 1982. Con la llegada de la democracia, Giammattei comenzó a ser una figura pública, como Coordinador General de Elecciones en el Tribunal Supremo Electoral a los 29 años, donde tuvo a su cargo exitosamente los procesos electorales de 1985, 1988 1990 y 1991.

En 1985 dirigió el Departamento de Transportes Públicos Urbanos en la Municipalidad de Guatemala y también fue comandante del Cuerpo de Bomberos Municipales. Como segundo comandante de ese cuerpo, “jugó un papel vital para dar por finalizado el amotinamiento en la cárcel de Pavón (1989)”. En 1991 fue gerente de la Empresa Municipal de Agua y posteriormente, llegó a ser Secretario Privado de la Vicepresidencia. Giammattei tiene décadas de ser candidato a la alcaldía metropolitana y esta es la segunda vez que compite por la presidencia.

En 2005 fue nombrado director del Sistema Penitenciario y logró que el Congreso aprobara la primera ley del Régimen del Sistema Penitenciario. Uno de los momentos más polémicos de Giammattei fue la llamada “operación Pavo Real”, que inicialmente fue aplaudida por analistas y funcionarios para luego convertirse en una acusación de ejecución extrajudicial que llevó al médico y político a la prisión.

Absuelto de esos cargos, en 2018 fue proclamado presidenciable de VAMOS. Actualmente es la figura que podría aglutinar a las fuerzas de la derecha (tan dispersas como las de izquierda), en un antivoto contra Sandra Torres. Existe la probabilidad de que Giammattei le de la sorpresa a los guatemaltecos en la segunda vuelta.

Entre las sombras que penden sobre la imagen del candidato, está la nominación de Luis Enrique Ortega Arana como uno de los principales candidatos al Congreso. Ortega Arana es hijo del general Francisco Ortega Menaldo, a quien diferentes investigaciones vinculan con estructuras de defraudación aduanera y con diferentes partidos, entre estos el extinto Frente Republicano Guatemalteco (FRG).

Otros vínculos cuestionables que los medios le han atribuido a Giammattei son el ex presidenciable Edwin Escobar e Ingmar Itten “el Chatarras”. Pero el personaje cercano al candidato de quien puede decirse que es el más interesante, es Carlos René Soto, relacionado con varios edificios y de quien publicaciones aseguran que también fue cercano a la UNE.

Medios de comunicación que han publicado estos datos, señalan que cuando se le cuestiona sobre sus vínculos comprometedores, Giammattei evidencia un temperamento irascible y poca tolerancia a la labor de la prensa.

De Torres, como de Giammatei, se han dicho y escrito muchas cosas, que van de la denuncia a la leyenda urbana y una mistificación que contribuye a convertirlos en figuras lo más parecidas a los caudillos tradicionales. Precisamente, lo que las reformas a la LEPP intentaba erradicar.

Sin embargo, estos dos representantes de la política tradicional supieron capitalizar sus votos. Lograron posicionar su marca, dar a conocer una imagen y conseguir los clientes (votos) necesarios como para constituirse en la disyuntiva que llegará al balotaje.

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